El científico que quiere enseñarnos a pescar

Es uno de los 50 investigadores más influyentes del mundo y defiende el medio ambiente con evidencia fáctica: advierte que los peces se están acabando y que si los gobiernos no reformulan la pesca industrial ahora, en diez años será tarde. La ONG Oceana lo trajo a Chile y LND lo entrevistó en su paso por Santiago. La Nación, 27 de septiembre 2009.


“Salió a buscar pescado y encontró un desastre”. Con este titular de portada, The New York Times se refirió en 2003 al trabajo del biólogo marino francés Daniel Pauly, mundialmente conocido por sus investigaciones sobre la rápida disminución de recursos pesqueros globales. Ganador de varios premios internacionales por su contribución a la ciencia y por llamar la atención sobre la urgencia de cuidar los recursos marinos, Pauly viajó a Chile esta semana a participar en un encuentro internacional de la ONG Oceana.

Dueño de una historia personal sui géneris, este especialista en conservación -creador de FishBase, base de datos planetaria sobre recursos marinos- dictó una conferencia para especialistas y visitó un proyecto en Punta de Choros, Región de Coquimbo.

Hijo de una muchacha francesa y un soldado afroamericano, Daniel Pauly nació hace 66 años en París. Terminada la Segunda Guerra Mundial, su padre regresó a Estados Unidos y la madre, sin recursos, entregó a Daniel, con dos años de vida, a una pareja de suizos. Éstos habían prometido cuidarlo, pero prácticamente lo esclavizaron. Así comenzó la “infancia dickensiana” de quien llegaría a ser, gracias a su propio esfuerzo, un especialista mundial en pesquería y oceanografía. El chico negro que creció en una ciudad de blancos, tardó 20 años en vencer las circunstancias que lo condenaban a la marginalidad. Trabajó desde los 12 y escapó a Alemania a los 16. Se reencontró con su madre en Francia y estudió hasta convertirse en uno de los doctores en biología más citados por sus colegas. Una trayectoria académica impresionante que lo transformó -según la revista Scientific American- en uno de los 50 científicos más influyentes del mundo.

No tiene vocación de activista. Defiende el medio ambiente por razones prácticas: de no actuar para proteger los recursos marinos, éstos se agotarán.

“El consumo de pescado se ha quintuplicado en el mundo en los últimos 60 años. Sin embargo, una ínfima parte de los océanos -sólo un 0,7%- está protegido, frente al 10% de los bosques. Un 88% de las reservas pesqueras están sobreexplotadas” afirma a LND.

Pauly denuncia la permisividad de los gobiernos ante la pesca ilegal, que asciende a un 30% del total global. Asegura que, si las autoridades no crean nuevas áreas marinas protegidas a la brevedad, pronto no habrá qué pescar “salvo medusas”. Además, llama la atención sobre la aceleración del cambio climático provocada por la sobreexplotación en los ecosistemas marinos.

Sobre la dramática caída de las reservas pesqueras mundiales, el científico plantea que “la pesca industrial es una guerra contra los peces y ganar esta guerra significa que los peces van a desaparecer. No se puede utilizar toda la tecnología que tenemos para pescar. Es lo mismo que cazar conejos con tanques”.

Contradice a quienes sostienen que con la pesca hay ciclos naturales y que las especies se recuperan. “Ellos llaman tremendistas a los biólogos, a los ecologistas o las ONG, pese a que los cambios que vemos son científicamente razonables. Si nos negamos ahora a adoptar soluciones, luego habrá que tomar medidas mucho más duras. Es igual con la salud. Si una enfermedad la atiendes al principio, es más fácil tratarla que cuando está avanzada”, grafica a LND.

Consultado sobre si el fin de las subvenciones a la pesca de arrastre y la creación de nuevas reservas marinas sería suficiente para frenar el deterioro de las especies marinas, Pauly plantea que “no podemos crear nuevas reservas y, un poco más allá, en el mar libre, pescar indiscriminadamente. Hay que zonificar los océanos y en cada zona tener una gestión adecuada”, concluye.

Pauly advierte que el calentamiento global nos está pasando la cuenta y que los próximos diez años decidirán lo que pasará con nuestra civilización. “No son las pesquerías. Es el clima. Y tenemos que decidirnos a desarrollar reglas como parte del ajuste para nuestra supervivencia en el planeta”, observa.

El científico sostiene que la pesca contribuye a los gases de efecto invernadero, pero insiste en que lo más grave es que modifica los ecosistemas al estimular el crecimiento de algas, algunas muy dañinas, así como también alienta el aumento de zonas marinas donde no hay oxígeno. Se trata de zonas muertas vinculadas a las actividades pesqueras.

“La gente puede pensar que se debe a sustancias fertilizantes que vienen de la tierra. Es así, pero también es producto de la actividad pesquera”, señala. Convencido de que el calentamiento global representa una oportunidad para rehabilitar el planeta, subraya que “lo que hemos hecho hasta hoy con las zonas pesqueras es destruir los recursos. Ahora tenemos que aprender a coexistir con la naturaleza”.

A su juicio, la industria pesquera debe adaptarse y producir para mercados locales. Por ejemplo, en Perú se pescan cinco millones de toneladas de anchovetas, casi todas para harina de pescado, cuando se podrían utilizar para consumo humano.

“Afortunadamente, ha habido un cambio de actitud y ahora la anchoveta también se utiliza en el Perú para consumo humano. Han aprendido a hacer buenos platos con este pez. Pienso que, en el futuro, el consumo no será sólo de acuicultura, sino también de peces pequeños. Las sardinas, anchoas y similares son los peces del futuro”, asevera.

Contrariamente a lo que dicen sus detractores, Pauly está a favor del consumo de pescado. Sin embargo, admite que se opone a ciertos mitos o modas que existen en torno a esta alimentación. Entre ellos menciona la tesis de que algunos pescados son buenos para la salud a partir de su omega 3. En Toronto, con otros científicos, Pauly realizó un estudio, publicado en Medical Journal of Canadian Asociation, en que la evidencia de consumir determinados pescados para una buena salud no quedó tan clara.

“Es sólo moda. Una persona con una alimentación equilibrada no va a aumentar su calidad de vida por comer más pescado. Cada cinco o diez años hay una moda alimentaria. En adelante, el cambio de nuestra alimentación estará dictado por las circunstancias: el pescado no va a estar disponible y eso cambiará las cosas”, advierte.

Pauly ha notado un cambio de actitud en Japón, donde asegura que existe pánico por la posibilidad latente de que no sea posible mantener su enorme consumo de pescado.

“Las pesquerías locales están arruinadas y el acceso de los japoneses a otros países está disminuyendo. No saben qué hacer. Están en una fase de búsqueda de soluciones” acota. El experto agrega que un problema de la magnitud del que ha generado la sobreexplotación de los recursos marinos no se resuelve sin modificar la gestión integral. “La solución no puede venir sólo de una medida, sino de todas juntas. Hay que reducir la presión humana en el ecosistema”, concluye.

Por ello, urge a las autoridades a respetar los consejos de los científicos y denuncia que hay una falta de comunicación entre la ciencia y quienes toman decisiones.

“En principio, los científicos deben estimar los recursos pesqueros y cómo conservarlos, para que los gobiernos usen la información. Pero los políticos toman decisiones independientes de la ciencia y sólo consideran las peticiones que vienen de la industria pesquera”, lamenta. //LND

La naturaleza muerde

Doctor en Biología y Oceanografía de la Universidad de Kiel (Alemania) y profesor del Centro de Pesquerías de la Universidad British Columbia de Vancouver (Canadá), Pauly desarrolló el modelo Ecopath, que consiste en una base de datos online consultada por científicos de todo el mundo y considerada por la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) como uno de los logros más destacados de los últimos 200 años. En 1993, optó por trabajar para las ONG.

-¿Los gobiernos escuchan a los científicos y activistas en cuanto a la necesidad de reducir la pesca industrial global? ¿No siente que predica en el desierto?

-La evidencia científica a menudo es ignorada a la hora de tomar decisiones políticas. Pero luego la naturaleza da un giro y “nos muerde”. No se puede ignorar a la naturaleza, por demasiado tiempo que pase sin que nos muerda.

-¿Cómo reaccionan las autoridades ante su llamado a crear zonas libres de pesca?

-Los ministerios de Medio Ambiente están más proclives a estas zonas que los ministerios de Pesca. Muchos países se comprometen a crear zonas libres, pero pocas llevan a cabo lo que prometen. Es importante tener en cuenta que la creación de zonas sólo nos devuelve a la situación de los ’70, cuando no se pescaba como ahora en todas partes.
 

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