GÉISERES DEL TATIO, ¡Y TODO POR 40 MW!

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en diario La Nación el 01 de octubre de 2009.;


Menos de un año demoró la Empresa Nacional de Geotermia en provocar un desastre de proporciones en los géiseres del Tatio. Antes de iniciar los trabajos a fines de 2008, ENG aseguró que la exploración del potencial geotérmico en una zona cercana a los geiseres -que requería la construcción de cuatro pozos de más de dos kilómetros de profundidad- no implicaría una alteración de la zona, considerada por expertos entre los tres campos de géiseres más importantes de la Tierra.

Hoy, una columna de vapor de 60 metros de alto y 2 de ancho no sólo desmiente de manera brutal a la empresa, sino que amenaza con destruir de manera irreparable el lugar, generando un grave daño ambiental. Para los impulsores de la iniciativa –tanto ENG, consorcio formado por la estatal Enap y la italiana Enel, como la autoridad ambiental-, poco importaron la fragilidad del ecosistema, la presencia de especies protegidas por ley, como la llareta, ni su vocación turística. Lo que estaba en juego era la posibilidad de extraer algo de energía de la naturaleza… aunque fueran sólo 40 MW, es decir, apenas un 1% del SING.

Por esos 40 MW, la CNE avaló el proyecto; por esos 40 MW la autoridad ambiental cedió a las presiones de la empresa y estuvo dispuesta a poner en peligro no sólo el equilibrio ecosistémico, sino que el estilo de vida de la comunidad local –incluyendo pueblos originarios- y los usos ancestrales de esos territorios. En esta apuesta perdieron las comunidades locales, los chilenos y la Humanidad. Con horror hoy vemos como ha decaído la actividad de los pozos adyacentes al nuevo forado y observamos con temor los efectos que esto generará en los cursos de agua, como los ríos Loa y San Pedro, cuyas cuencas hidrográficas nacen en el Tatio, así como  flora y fauna locales.

Los actores involucrados -comunidades atacameñas, operadores turísticos, científicos y organizaciones ciudadanas- advirtieron a la autoridad que la exploración geotérmica es incompatible con la conservación de los géiseres del Tatio. Lamentablemente, este tipo de situaciones se han convertido en una costumbre para el gobierno, que cada año autoriza nuevos proyectos productivos, especialmente energéticos, sobre ecosistemas frágiles y áreas silvestres protegidas, incluidos parques nacionales, protegidos tanto por leyes nacionales como por tratados internacionales. El argumento es siempre el mismo: que el proyecto no afectará los ecosistemas naturales; una y otra vez, los hechos se encargan de demostrar lo contrario, desgraciadamente cuando ya es demasiado tarde para revertir los daños.

En el caso del Tatio, la presión de la gran minería y su ingente necesidad de energía pudieron más que cualquier consideración de orden ambiental o social. Por ahora, los trabajos exploratorios están suspendidos, pero ENG ha intentado por todos los medios restarle importancia a este grave accidente, por lo que resulta indispensable insistir en que se paralicen de forma definitiva todos los trabajos.

Más allá de la tragedia del Tatio, cabe preguntarse cuál es la advertencia que necesita la autoridad ambiental para asumir su rol y tomar conciencia de la urgencia de empezar a cumplir con una tarea que debiera ser prioritaria: la de resguardar el patrimonio natural de Chile y proteger y garantizar la conservación de todos los ecosistemas críticos a nivel nacional.

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