Copenhague 2009: de la discusión energética a la discusión del agua

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa de Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en blog de La Tercera el 26 de octubre de 2009.


El pasado 24 de octubre se celebró a nivel mundial el Día Internacional de Acción Climática. Con motivo de ello, se realizaron unas 5000 acciones/actividades en cerca de 180 países, con el objetivo común de inspirar, comprometer y presionar a los distintos líderes políticos mundiales a tomar, este diciembre 2009 durante la  Conferencia de las Partes número 15 en Copenhague, un nuevo tratado climático que responda a la evidencia científica actual y que se haga cargo del futuro de nuestro planeta.

Hasta ahora, por lo que se conoce de las negociaciones internacionales que se han llevado a cabo desde Bali 2007, el panorama no es muy alentador y las discusiones más bien, han estado centradas en el ámbito energético y en la reducción de los gases de efecto invernadero. Sin duda, temas relevantes y necesarios de discutir, pero que no dan cuenta de toda la problemática que involucra el calentamiento global y el cambio climático y los graves efectos que padecerán parte importante de la población de nuestro planeta.

En este sentido, el tema del agua surge como una de las más fuertes banderas de luchas que las organizaciones sociales, ambientales, las comunidades locales, religiosas, los pueblos originarios del mundo entero, pudiendo enarbolar con vistas a modificar la agenda internacional, de manera que este elemento vital e insustituible para la vida sea parte central de las discusiones y parte integrante del acuerdo final que se tome en Copenhague.

Y es que la visita a Chile del economista y politólogo italiano Ricardo Petrella, uno de los fundadores y defensores del concepto del Bien Común, me ha inspirado y me ha hecho reflexionar sobre la importancia del agua, que junto al aire, el sol y la tierra son la principal fuente de vida para todos los seres vivos de nuestro planeta, incluyendo el hombre. De hecho, si uno mira el planeta Tierra tres cuartas partes de éste están formadas por agua, si uno mira al ser humano, el 60% de su peso es agua y así con el resto de los seres vivos. Pero, el agua no es sólo un elemento vital para la vida en si misma, también es parte importante de nuestra cultura, de nuestra economía, de nuestras sociedades, de nuestras religiones, etc.

En este sentido es inaceptable que el acceso al agua todavía sea negado a cerca de 1.500 millones de personas en el mundo, y que más de 2.600 millones no tengan acceso a servicios sanitarios básicos y alcantarillado. Cómo es posible que aceptemos como algo natural e inevitable que cerca de 5 mil niños menores de 5 años mueran todos los días por enfermedades a causa de la ausencia de agua potable o de su contaminación. Si el mundo entero es capaz de ponerse de acuerdo para aplicar millonarias medidas de salvataje para la banca y el sector financiero mundial, cómo es posible que no se pueda sentar a discutir un tema tan trascendental para la vida humana, de los seres vivos y del planeta.

Por ello, no se entiende cómo las discusiones internacionales en torno al nuevo tratado climático mundial, en cuanto al futuro del planeta, sean incapaces de discutir y abordar el tema del agua como un elemento central. Si queremos que esto cambie los ciudadanos, organizaciones, pueblos originarios, religiosos tenemos que demandar a nuestras autoridades políticas para que cada una de nuestras naciones y/u organizaciones ponga el agua como eje central de la Agenda de Copenhague.

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