El medio ambiente, la última preocupación

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en el blog de La Tercera el 22 de marzo 2010. Visite blog de Flavia Liberona en La Tercera aqui.


El sismo de 8,8 grados que el pasado 27 de febrero sacudió a la zona centro sur del país modificó profundamente la fisonomía del país. En muchas zonas interiores las construcciones de adobe quedaron en el suelo, mientras que el tsumani modificó en parte el borde costero y arrasó caletas y pequeñas localidades a su paso. Evidentemente, la primera urgencia fue ir en apoyo de los más afectados, de los miles, e incluso millones, que perdieron sus casas y/ fuentes laborales a causa del violento movimiento telúrico y posterior tsunami. Con el correr de los días, se ha dado inicio a la evaluación sobre las pérdidas desde los distintos sectores: la reconstrucción de la red hospitalaria costaría unos US$3.600 millones, mientras que la infraestructura vial otros US$1.200 millones, de acuerdo a los primeros cálculos. Los salmoneros lamentan la pérdida de toneladas de productos que estaban almacenados en Talcahuano, mientras que desde el sector forestal se estima que este año la producción podría disminuir un 15% debido a la paralización de faenas en varias plantas.

Sin embargo, hay una evaluación que aún no se ha realizado adecuadamente y que debiera iniciarse a la brevedad, o de lo contrario podríamos tener que lamentar otro tipo de importantes daños. Se trata de la evaluación de los impactos negativos al medio ambiente provocados por la destrucción de instalaciones o infraestructura de distinto tipo. Por ahora, sólo se ha conocido la preocupación de la Brigada de Medio Ambiente (Bridema) de la PDI, que viajó hasta Dichato a inspeccionar los restos del Departamento de Ciencias Naturales y Oceanografía de la Universidad de Concepción, que quedó completamente destruido. Entre los restos de las instalaciones, la PDI encontró frascos con cianuro y otros elementos químicos tóxicos. El equipo de Investigaciones tenía previsto trasladarse luego a Talcahuano para analizar posibles focos de contaminación en el puerto y en las bodegas de las empresas pesqueras y procesadoras de alimento que utilizan productos químicos potencialmente peligrosos, lo que representa un riesgo mayor si se considera que todavía parte de la población no cuenta con agua potable.

Por mencionar sólo algunos posibles riesgos de contaminación ambiental, precisamente en el puerto de Talcahuano se mantienen en forma permanente acopios de diversos productos, entre ellos harina de pescado, y hasta ahora se desconoce su destino tras el movimiento telúrico. De haber caído al mar en grandes volúmenes, el impacto puede ser relevante.

Tampoco se han conocido informes sobre el estado de los emisarios submarinos de las redes de alcantarillado y de los ductos autorizados que mantenían las empresas para la descarga de residuos industriales líquidos (RILES) de procesamiento. Cualquier daño, ruptura o filtración en los emisarios que descargan desechos domiciliarios puede provocar importantes efectos de contaminación biológica en la zona costera, el que puede ir quedando en evidencia en la medida que se normalice el suministro de agua potable residencial en las grandes ciudades.

Respecto a las grandes industrias de las zonas afectadas, uno de los sectores relevantes en términos de una potencial contaminación es el sector forestal, particularmente las plantas de celulosa, cuyos ejecutivos ya han entregado estimaciones de pérdidas económicas y han informado que las diversas plantas de procesamiento permanecerán cerradas por un tiempo variable. Sin embargo, nada se sabe sobre el estado específico de las instalaciones industriales, en las que se manejan enormes cantidades de productos potencialmente tóxicos; nada se sabe, por ejemplo, de la situación en que quedaron las piscinas de acopio de licor negro, cuyo derrame podría implicar consecuencias catastróficas.

El esfuerzo de la PDI es loable, pero muy aislado. Es necesario intensificar la fiscalización y reunir la mayor cantidad de información en terreno y ponerla a disposición del público, de manera que tanto las autoridades nacionales y locales, como la comunidad organizada, puedan tomar todas las medidas necesarias para evitar sumar una nueva catástrofe a todos los problemas ya existentes; es precisamente éste el momento adecuado para prevenir males mayores.

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