El verdadero “Blackout” del Sistema Interconectado Central

Columna de opinión de Rodrigo Bórquez, Economista de Fundación Terram, publicada en portal sustenble.cl el 23 de marzo de 2010.;;


A más de dos semanas del terremoto de 8,8º grados en la escala de Ritcher que azotó a cerca de un tercio de nuestro territorio nacional, el abastecimiento eléctrico en las zonas afectadas ha vuelto a ser objeto de inestabilidad en el suministro.

Si bien, el apagón ocurrido el 14 de marzo pasado, no obedeció a los embates propios de otro movimiento telúrico, el desperfecto en el transformador de 500 kv de la subestación Charrúa – responsable del suministro de 4.400 MW de potencia – podrían tener directa relación con lo ocurrido en nuestro país el pasado 27 de febrero, básicamente debido a la fragilidad estructural que el terremoto dejo en los distintos segmentos del sistema.

De esta manera, a la excesiva dependencia externa de nuestra matriz energética (más del 60% de las fuentes primarias se exportan), se ha sumado un nuevo punto crítico, capaz de poner en jaque la disponibilidad del servicio eléctrico, esto es la vulnerabilidad en la transmisión de nuestro principal sistema eléctrico (SIC), el cual posee una extensión aproximada de 2.500 Km. y es responsable del abastecimiento eléctrico del 90% de la población nacional, comprendida desde la tercera a la décima región.

El nuevo talón de Aquiles del sector recae directamente sobre el segmento intermedio del sistema, el de transmisión. ¿Y cómo no? Si la prolongada extensión de éste, por si solam ya representa una serie de potenciales inconvenientes que pueden afectar, prácticamente, la conectividad eléctrica de casi todo el país. Estas amenazas potenciales podrían ir desde ataques bélicos a puntos estratégicos dentro del sistema (como la subestación Charrúa) hasta desperfectos fortuitos que desencadenen un colapso total del sistema,  tal cual ocurrió el 14 de marzo pasado.

La experiencia empírica recogida a través de los últimos acontecimientos, ha planteado y/o demostrado la evidente necesidad de rediseñar el funcionamiento logístico de nuestro principal sistema interconectado. Para esto, la principal preocupación del aparato público debiese apuntar a la reducción de la dependencia del suministro, entre localidades extremadamente distantes entre si, sustentada por la producción eléctrica centralizada de grandes empresas generadoras, situación que por ende, ha obligado el establecimiento de miles de kilómetros de cableado y torres de alta tensión.

Por lo pronto, opciones dirigidas al desarrollo y promoción de incentivos – económicos y financieros – que fomenten el establecimiento de centros de generación locales, así como una modificación en la política energética nacional que permita la integración al sistema eléctrico de minigeneradores domésticos basados en la utilización de recursos renovables (como el viento y la energía solar), se vislumbran como prácticos modelos de solución, pudiendo constituir parte importante de las alternativas destinadas a la obtención de mayores grados de autonomía energética que tiendan a entregar seguridad en el suministro eléctrico a sectores, como el urbano y productivo, tan importantes para el país. 

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