Ordenamiento territorial

Carta al director de Joseline Canio, Asistente de Investigación de Fundación Terram, publicada en diario La Nación el 22 de marzo de 2010.;


Después de la destrucción causada por el terremoto y tsunami del 27 de febrero en sectores urbanos, rurales y costeros de la zona centrosur, es importante tener algunas ideas de base para la reconstrucción. Muchas viviendas desaparecieron debido a la fuerza de la tierra y el mar. Tristes imágenes nos invaden, pero es hora de visualizar el significado social y ambiental que acarrea la catástrofe. Se abre la posibilidad de “reconstruir” espacios urbanos y rurales, y realizar un ordenamiento del territorio ligado a las características ambientales, ecológicas y geográficas de cada zona.

Muchos de los lugares hoy devastados por la catástrofe nacieron de lentos procesos de asentamiento. Primero eran los cazadores-recolectores los que transitaban entre costas e interiores, aprovechando los recursos que el medio les entregaba, pero su vida nómade cambió debido a que encontraron condiciones geográficas aptas para la sedentarización. En el siglo XVI y con los españoles ya en tierra chilena, los territorios comenzaron a institucionalizarse, creando corregimientos y otros entes administradores del territorio. Mientras esto sucedía, la población aumentaba, las ciudades, pueblos y localidades crecían desordenadamente. Se construyó en sectores aledaños a las playas, sobre dunas en movimiento, sobre humedales y otros ecosistemas frágiles, no se respetaron ecosistemas relevantes, no se consideró la continuidad del paisaje, menos la armonía natural, y en este crecimiento descontrolado tampoco se consideraron los riesgos naturales que estos ecosistemas acarrean.

Hoy tenemos la posibilidad y obligación de rehabilitar sistemas urbanos, rurales y naturales que han sido dañados, de reorganizarlos considerando en cada plan de reconstrucción las características físicas, biológicas y sociales del territorio. El gobierno y las municipalidades deben actuar con altura de miras, adecuando el concepto de “ordenamiento territorial” a cada una de las diversas geografías de la zona centrosur de Chile. Tenemos que “reconstruir”, pero esa reconstrucción debe ser planificada, pensando en las necesidades actuales y en las futuras. Éstos u otros eventos ocurrirán, cada diez, veinte o más años, no lo sabemos, y debemos estar preparados, tanto en la infraestructura como en lo social y cultural, con asentamientos humanos capaces de enfrentar estos hechos.

Es momento de repensar las identidades locales perdidas, actuar y valorar los paisajes dañados anteriormente por la intervención humana, de “valorar” los fenómenos naturales, de considerarlos e incluirlos dentro de la planificación territorial y de pensar en una “reconstrucción” armónica con nuestro medio ambiente y las personas que habitan en él.

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