¿Cómo enfrentamos el calentamiento global?

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa de Medio Ambiente de Fundación de Terram, publicada en diario La Nación en el marco de la conmemoración del día Mundial de la Tierra, 22 de abril de 2010.;


Hoy 22 de abril, como todos los años desde 1970, se celebra el Día Mundial de la Tierra. Este año en particular la fecha cobra una relevancia especial porque durante esta semana se realiza en Cochabamba la Cumbre Mundial de los Pueblos para el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, cuyo cierre se hizo coincidir con el Día de la Tierra con la idea de entregar propuestas que ayuden a responder esta problemática de alcance mundial.

El cambio climático es uno de los problemas más complejos que ha enfrentado la humanidad. Las razones son variadas: en primer término es un problema global, quizás el más importante, porque involucra a todas las naciones del orbe. Segundo, porque afecta toda forma de vida, sin excepción. Tercero, las soluciones que hasta ahora se han planteado no resuelven el problema, sólo logran mitigar algunos de sus impactos. Estamos ante una encrucijada irreversible, la que requiere una urgente respuesta global.

Sin embargo, las negociaciones impulsadas por la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) fallaron y sentenciaron el fracaso de la XV Cumbre Climática y del mal llamado Acuerdo de Copenhague, lo que evidencia que las naciones industrializadas y los líderes políticos mundiales están lejos de tomar las medidas necesarias para enfrentar el cambio climático y proteger a la Tierra. Al contrario, entre las negaciones de la CMNUCC han primado los intereses corporativos por sobre las urgentes soluciones socioambientales.

Entendiendo esto y como respuesta y desafío a la política mundial de las naciones industrializadas, el Presidente de Bolivia, Evo Morales, convocó a esta cita en Cochabamba para “promover un diálogo amplio, constructivo e inclusivo que contribuya al desarrollo de iniciativas que permitan enfrentar los problemas del cambio climático que representan una amenaza para la existencia de la humanidad y de la Madre Tierra”. Bajo este entendido, la respuesta mundial ha sido una sola, porque a la cumbre llegaron más de 15 mil participantes de los cinco continentes provenientes de pueblos, gobiernos y organizaciones sociales, entre otros. Chile no fue la excepción y en la cumbre han participado organizaciones sociales y ambientales de todo el país que demandan una posición más enérgica y activa de nuestro gobierno tanto a nivel internacional y nacional.

Hay que considerar que Chile es un país vulnerable al cambio climático, lo que significa que en el futuro enfrentará impactos como nuevos problemas de salud y sanitarios; reducciones y/o variaciones en la producción de alimentos; alteraciones en la biodiversidad y ecosistemas; disminución en el acceso a suministro de agua; pérdidas y modificaciones en actividades económicas; desplazamiento de centros urbanos, especialmente en zonas costeras, entre otros.

Es necesario recordar que pese a que las emisiones de gases de efecto invernadero de Chile sólo alcanzan 0,23% del total mundial, según el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008, la lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido, nuestro país registra el mayor aumento en el nivel per cápita de emisiones de CO2 respecto al resto de los países latinoamericanos y del Caribe (1,2 toneladas anuales en catorce años). Nos situamos segundos en porcentaje, tras China, en el alza de las emisiones de CO2 durante 2008, según la Agencia Internacional de Energía. Los pronósticos no son alentadores, porque Chile está optando en el corto y mediano plazos por una matriz energética eléctrica mayormente a carbón o similares, opción preocupante porque no resuelve los problemas de vulnerabilidad ni de independencia de abastecimiento.

El cambio climático da a Chile la oportunidad de transformar sus procesos productivos y su modelo de desarrollo económico y energético y obliga a incorporar estos problemas como telón de fondo en el diseño de políticas públicas, reconociendo que los años venideros, y por tanto la planificación del país, se enmarcarán en un contexto variable. Temas como disponibilidad y acceso al agua, seguridad energética y generación, transmisión y distribución eléctrica, serán ineludibles. Se hace necesario una mirada de país de mediano y largo plazo y desarrollar políticas públicas en función del nuevo escenario; cada política debe tener como consideración y trasfondo los problemas de Chile como país vulnerable y los impactos que esto traerá sobre las personas y todas las formas de vida.

El país debería proponerse generar una política nacional para enfrentar el fenómeno, considerando la diversidad de ecosistemas naturales, los sistemas productivos existentes en el territorio y la extrema concentración de la población en centros urbanos. Esta política no debe ser distinta de la política ambiental nacional, más bien debe ser un motor para articular otras políticas de Estado, planes de acción en materia ambiental y energética y coordinarse con la legislación y/o normativas vigentes o en tramitación. Esperamos que la Cumbre de los Pueblos para el Cambio Climático reimpulse la discusión sobre cambio climático, dando la urgente respuesta que necesitan la humanidad y la Madre Tierra.

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