Altos de Cantillana pasa a ser el séptimo santuario de la naturaleza metropolitano

Está a 40 kilómetros de Santiago. En sus casi 3 mil hectáreas hay presencia de robles milenarios y especies de fauna muy escasa, como el lagarto gruñidor, la vizcacha y el gato colocolo.;El Mercurio, 13 de abril 2010.


Tras más de dos años de gestiones, la belleza escénica y el gran valor ambiental de los Altos de Cantillana lograron que el Consejo de Monumentos Nacionales declarara 2.743 de sus hectáreas como Santuario de la Naturaleza.

El paso es decisivo para la protección de una zona natural clave de la Región Metropolitana. Las características únicas de la flora y fauna del sector favorecieron la decisión, destaca Alejandro Donoso, director de Conama Metropolitana.

El decreto correspondiente apareció publicado el sábado pasado en el Diario Oficial, y establece esa categoría para las zonas situadas al suroeste de la Laguna de Aculeo conocidas como Alto de Cantillana Horcón de Piedra y Roblería Cajón de Lisboa, predios particulares ubicados en las comunas de Melipilla y Alhué.

El área, una superficie montañosa comprendida por mesetas y cordones, destaca por su rica biodiversidad. En el caso de la vegetación, el 40% es propia del sector, destacando la avellanita, un arbusto de la zona central que se creía extinto. Además, existen bosques de robles que permanecen allí desde la última glaciación.

Zorros y cóndores

En el caso de la fauna hay gran diversidad de especies, destacando un reptil endémico conocido como lagarto gruñidor de Valeria, en serio peligro de extinción. También están presentes el sapito de cuatro ojos, el sapo arriero, la torcaza, el choroy y el loro tricahue. En ocasiones pueden divisarse cóndores, zorros y pumas, al igual que escurridizos gatos salvajes como el colocolo y la güiña. Entre los roedores destacan la vizcacha y el coipo, y también se ha visto a la llaca, un marsupial muy raro.

El predio forma parte del sitio más importante de la Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad para la Región Metropolitana y también del área comprendida por el proyecto GEF-Conama de Conservación de la Biodiversidad de Altos de Cantillana. Para evitar su deterioro, en tal zona existe una prohibición absoluta de caza. "Pero esa declaración sólo protegía a las especies. La declaración de Santuario protege a un área específica de cualquier intervención humana", destaca el zóologo Agustín Iriarte, presidente de la empresa ambiental Flora y Fauna Chile Limitada. Iriarte resalta que esta categoría es la única herramienta que da la ley para la protección de áreas privadas, ya que la declaratoria de parque o reserva nacional está limitada a espacios públicos.

Uno de los responsables clave tras la declaratoria es Joaquín Solo de Zaldívar, quien con otros familiares creó la Reserva Natural Alto de Cantillana. Su objetivo era proteger lo que denomina "la cereza de la torta" de toda el área, preocupado por el deterioro que estaba sufriendo el lugar debido a la gente que llega allí sin preparación ni el cuidado correspondiente. "Nadie entiende que si hay cierros y letreros es un lugar privado. Cuando se trata de cumbres o zonas de más interés, esto es aún peor", dice.

"Nuestro grupo decidió nombrar Santuario de la Naturaleza al área alta de nuestro proyecto, donde están las roblerías, la zona de mayor valor exclusivo y uso científico", cuenta. Su solicitud de declaratoria al Consejo de Monumentos Nacionales fue aprobada el 30 de diciembre.

Solo de Zaldívar aclara que debido a la fragilidad de ese ecosistema la idea no es cargarlo con turistas, sino limitar el acceso sólo a investigadores.
 Los otros seis

Óscar Acuña, director ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, destaca que la ley del sector no sólo protege al patrimonio cultural, sino también al natural. "No altera el dominio del propietario, pero cualquier intervención debe ser autorizada por el Consejo", precisa.

Los otros seis santuarios en la región son Yerba Loca, Los Nogales, Cascada de las Ánimas, San Francisco de Lagunillas, Torcazas de Pirque y Cerro el Roble.

 

 

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