Océanos asentados sobre bacterias gigantes

Biólogos marinos descubrieron colchones de megabacterias en la costa americana del océano Pacífico que podrían tener funciones vitales. Tierramérica, 19 de abril 2010.


Un manto de bacterias de un tamaño similar al territorio de Uruguay fue descubierto en aguas cercanas a las costas de Chile y Perú, afirman científicos que participaron en una serie de investigaciones sobre las formas más pequeñas de vida oceánica.

Esta suerte de colchones de espaguetis, conformados por megabacterias (Thioploca spp.), pueden jugar un papel clave en las reservas pesqueras de la zona, especuló el biólogo marino Víctor Ariel Gallardo, vicepresidente del Comité Directivo Internacional del Censo de la Vida Marina, que divulgó un adelanto de sus descubrimientos el pasado fin de semana.

Unos 2.000 investigadores de más de 80 naciones participan en el Censo, una de las mayores colaboraciones científicas mundiales.

Los resultados de más de 10 años de exploraciones, investigaciones y registros sobre el pasado y presente de la vida marina serán presentados oficialmente en octubre.

“Alrededor de 50 por ciento de la pesca mundial procede de reservas en aguas de la costa oeste de América del Sur, donde se encuentran los más grandes de estos mantos bacterianos”, dijo Gallardo a Tierramérica desde Santiago, adonde se trasladó luego de que su casa y laboratorio en Concepción fueron destruidos por el tsunami provocado por el terremoto del 27 de febrero.

Aunque la cobertura más grande, superior a 130.000 kilómetros cuadrados (Uruguay ocupa 178.000, por ejemplo), se halla en aguas de Chile y Perú, mantos más pequeños se encuentran en la costa oeste atlántica de Namibia, en África austral, otra región conocida por sus abundantes existencias pesqueras.

Las megabacterias fueron descubiertas en los años 60 en las frías aguas chilenas, pero pocos científicos podían creer hasta ahora que cada uno de esos organismos mida entre dos y siete centímetros, precisó Gallardo, profesor del Departamento de Oceanografía en la Universidad de Concepción.

El descubrimiento de que estas bacterias gigantes viven en vastas colonias es más reciente, y apenas en los últimos dos años hubo financiamiento disponible para estudiar esta sorprendente abundancia, a través del Censo de la Vida Marina.

El origen de estas bacterias se remonta a 2.500 millones de años, cuando los océanos no contenían oxígeno. Es posible que en esa época los mantos megabacteriales hayan cubierto todo el océano, según Gallardo.

“Hay fósiles de bacterias de esa época que son muy similares a los que hallamos ahora”, explicó el científico chileno.

Estos mantos bacterianos pueden ser vestigios de la era Proterozoica, y han sobrevivido en profundidades medias, escasas de oxígeno.

Esas capas poco oxigenadas existen en algunos lugares de los océanos a los que el gas llega o bien desde la superficie o desde el agua fría y rica en oxígeno que se hunde en los polos y luego fluye como crema batida en el lecho marino hacia otras regiones.

En las zonas de esas capas poco oxigenadas donde la falta de oxígeno se hace más extrema se desarrollan las megabacterias, que subsisten a base de sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico que se produce al descomponerse la materia orgánica.

Allí sólo sobreviven los microbios. Cuando esa capa se junta con la plataforma continental, éstos forman los enormes mantos de filamentos multicelulares, a una profundidad de entre 50 y 200 metros de la superficie.

Las bacterias gigantes también fueron detectadas en fugas de sulfuro en las ecuatorianas islas Galápagos y en aguas de Panamá y Costa Rica sobre el Pacífico. Los investigadores especulan que estos mantos microbianos pueden extenderse desde el sur de Chile hasta Colombia y estar presentes en todas las capas de poco oxígeno del mundo.

Los ecosistemas microbianos abarcan entre 50 y 90 por ciento de toda la biomasa oceánica y son responsables de más de 95 por ciento de la respiración de esos mares.

De hecho, los microbios permiten que el planeta sea habitable. Regulan la composición de la atmósfera terrestre, influyen en el clima, reciclan los nutrientes y descomponen los contaminantes al reconvertir el dióxido de carbono que absorbe el océano en carbono que se hunde en las profundidades. Lo mismo hacen con el nitrógeno, el azufre, el hierro, el manganeso y otros elementos.

El aumento de la acidez oceánica originado en la mayor cantidad de emisiones de dióxido de carbono por la quema de combustibles fósiles puede afectar a los microbios marinos. Actualmente los científicos analizan su sensibilidad.

Hace 50 años se estimaba que un litro de agua de mar contenía unas 100.000 células microbianas. Ahora se cree que más de 1.000 millones de microorganismos están presentes en la misma cantidad de esa agua o en un gramo de lodo del lecho marino.

“Hemos subestimado mucho la diversidad microbiana”, dijo Paul Snelgrove, biólogo marino de la Memorial University en Newfoundland, Canadá.

Lo mismo ocurre con otros organismos marinos difíciles de ver, como el zooplancton, las larvas y los crustáceos y gusanos que hurgan en el fondo del mar y que en su conjunto sostienen casi todas las otras formas de vida en la Tierra.

Un estudio que se centró en un área de las profundidades oceánicas no mayor al tamaño de un baño pequeño halló 700 nuevas especies de crustáceos, dijo Snelgrove a Tierramérica.

“Ese descubrimiento no es sorprendente para quienes investigamos las profundidades del mar, porque allí hay gran diversidad. Pero tenemos mucho trabajo por delante para comprender qué (organismos) hay allí y cuáles son sus funciones”, agregó.

 

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