Pruebas de ADN revelan que Japón vende carne de ballena

Científicos de la Universidad de Oregon determinaron, a través de pruebas de ADN, que la carne de ballena que se comercializa ilegalmente en EE.UU. y Corea del Sur proviene de la caza de cetáceos que realiza Japón "con fines científicos". Un hecho grave, ya que su carne no puede venderse por tratados internacionales desde 1986. La Tercera, 14 de abril 2010.


"The Hump", hasta hace un par de semanas, era uno de los locales más respetados y caros de comida japonesa en la ciudad de Los Angeles, en Estados Unidos.

Sin embargo, hoy está cerrado y con su prestigio por el suelo. ¿Su pecado? Ofrecer carne de ballena que está prohibida para el comercio desde 1986.

Así lo comprobó el documentalista Charles Hambleton, al grabar platos de sashimi de ballena (cortes de carne cruda) ofrecidos a clientes "aventureros", de la confianza del chef y que se ofertaban en una simple boleta del restaurante que tenía escrito a mano "ballena o caballo". Los que caían en la tentación de probar ese exclusivo manjar, pagaban 60 dólares (unos 30 mil pesos) por dos pequeñas piezas de cetáceo.

Tras la denuncia, el restaurante prefirió cerrar hasta nuevo aviso por el escándalo que generó la noticia. Pero no todo terminó ahí. Un estudio, realizado por la Universidad de Oregón, en Estados Unidos, y publicado hoy en la revista Biology Letters, analizó el ADN de las muestras de sashimi vendidas en el restaurante y determinó que el origen de la carne de ballena proviene de la caza de cetáceos que Japón realiza en todo el mundo bajo el resquicio legal de "fines científicos".

Y aunque una vez estudiados los cetáceos, Japón puede hacer lo que guste con su carne, tiene prohibido venderla fuera de sus fronteras.

"The Hump" no fue el único restaurante involucrado. También un local en Corea del Sur ofrecía 13 tipos de carnes de ballena distintas, que también provendrían de Japón.

Cortes y genética

El científico Scott Baker, autor principal de la investigación, explica a La Tercera que llegó a esta conclusión luego de comparar el ADN mitocondrial del sashimi de ballenas tipo Fin, Sei y Minke antártica con muestras que él mismo recolectó por años en mercados de pescado en Japón. ¿El resultado? Las muestras de carne coinciden genéticamente con el tipo de ballenas que cazan los nipones y los lugares donde se encuentran. "Las secuencias eran idénticas a los productos de ballena que previamente adquirimos en Japón en 2007 y 2008, lo que significa que no sólo provenían de la misma zona del océano, posiblemente también de la misma población", dice Baker. Además, concluye que esto no sólo viola la actual moratoria de la Comisión Internacional Ballenera, que prohíbe la caza de cetáceos (excepto con fines científicos, pero con cuotas restringidas), sino también la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (Cites) que castiga todo tipo de comercio de animales en peligro de extinción, entre ellos las ballenas.

Japón caza, aproximadamente, 1.000 ballenas con fines científicos. Estas salidas "científicas" el año 2008 significaron 680 ballenas Minke capturadas y asesinadas en las cercanías de la Antártica. Sin embargo, diferentes expertos concluyen que estas salidas tienen poca base científica.

Mauricio Gálvez, miembro de la ONG World Wildlife Foundation, y Rodrigo Hucke, científico experto en el tema de la U. Austral, dicen que esto se traduce en que la carne de ballena igualmente llega a los hogares y restaurantes nipones y de otros lugares del mundo para su consumo. Un kilo de ballena se puede encontrar en el mercado negro desde los 113 mil pesos chilenos.

¿La única forma de estudiarlas?

Para Japón la única manera de analizar a las ballenas es matándolas. Sin embargo, una investigación conjunta entre Australia y Nueva Zelandia y financiada por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) demostró lo contrario.

Científicos de ambos países estudiaron a más de 60 cetáceos con rastreos satelitales, análisis de fotos y videos, para comprender la vida de estos animales en un plazo de cinco años. En vez de usar los grandes arpones de japoneses, los australianos y neozelandeses utilizaron pequeños botes para aproximarse a los cetáceos. Además, tomaron muestras de tejidos e insertaron chips de rastreo, estableciendo las rutas más usadas por las ballenas.


 

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