Termoelectricidad y cambio climático

Columna de opinión de Rodrigo Bórquez, economista de Fundación Terram, publicada en el portal El Chasquis.cl en el marco de la conmemoración del día Mundial de la Tierra, 22 de abril 2010.


Hoy, al conmemorase un nuevo Día de la Tierra, se cumplen además quince días desde que concluyó el plazo establecido por la Ley para que la ciudadanía hiciera sus observaciones al anteproyecto que busca normar las emisiones del sector termoeléctrico, y al parecer, las distintas visiones de la sociedad civil no difieren mayormente respecto a las falencias que éste presenta.

Una de las variables ignoradas en el planteamiento de esta norma, de alta relevancia socio-ambiental para el Planeta en términos de sus impactos globales, dice relación con las emisiones de CO2, principal causante del fenómeno del calentamiento global y el cambio climático. Cabe recordar que el sector termoeléctrico es responsable de más de un tercio de las emisiones totales de CO2 en el ámbito nacional.

Los argumentos a favor de incluir las emisiones de CO2 en la norma de emisiones propuesta para el sector termoeléctrico son muchas, incluyendo el hecho que durante el periodo 1996 – 2008 las emisiones nacionales de CO2 equivalente provenientes de este sector aumentaron en cerca del 316%, pasando de las 6,3 a las 26,2 millones de toneladas anuales. Además, se proyecta que podrían alcanzar las 85 millones de toneladas al año 2030.

Las cifras son preocupantes, más si se considera que el principal responsable de las emisiones de CO2 en este sector es el carbón, con el 62% del total de CO2 equivalente emitido durante el 2008. De acuerdo a las proyecciones, el carbón podría pasar de sustentar el 27% al 55% de la generación eléctrica al 2030, lo que inevitablemente implicaría un aumento considerable en el total de emisiones del sector.

La importancia en cuanto el pronunciamiento de la norma sobre este tema, radica en la eventual incidencia que ésta pueda tener sobre la proyección estructural del parque termoeléctrico. Hasta el momento, la carbonización de la matriz eléctrica –que se potenció con las “regulaciones” realizadas al sector a comienzos de la década de los 80– es de exclusiva decisión de los agentes del mercado de generación eléctrica, para quienes el costo total de generación de cada MWh representa la variable de decisión más importante a la hora de buscar mayores grados de diversificación energética.

Actualmente, la tendencia sigue claramente inclinada hacia la generación de energía eléctrica basada en el uso del carbón, que sigue gozando de todas las preferencias del sector privado: es barata en comparación con otros proyectos de generación, su puesta en marcha es relativamente rápida y no está normada en relación a sus impactos.

Por ello, es necesario que el establecimiento de una normativa destinada a regular los impactos asociados a la generación de termoelectricidad no sólo considere las repercusiones locales de esta industria, sino también las globales. Nuestro país no puede estar ajeno a la tendencia mundial. Los impactos del calentamiento global y sus implicancias en el cambio climático configuran un problema transversal para la comunidad mundial y requieren de acciones claras y concretas para mitigar sus efectos. Resulta, por lo tanto, contraproducente pensar en el desacople de conceptos tan ligados como localidad y globalidad a la hora establecer balances costo-benéficos de los impactos propios de este tipo de generación.

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