Cochabamba, una lección por aprender

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publlicada en blogs de diario La Tercera, el 30 de abril de 2010. Vea blog AQUÍ.


La semana pasada se celebró en Tiquipaya, a escasos kilómetros de Cochabamba, en Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que en muchos sentidos fue un evento sin precedentes.

La cita fue organizada por el gobierno de Bolivia tras el fracaso de la cumbre del clima de Naciones Unidas celebrada en diciembre último en Copenhague, que convocó a los gobiernos de todo el orbe en la búsqueda de un consenso que permita fijar metas concretas y medibles de reducción de emisión de contaminantes y otras acciones tendientes a combatir el calentamiento del planeta. Sin embargo, la resistencia de los países desarrollados a comprometerse con medidas concretas, y las de los países emergentes a compartir algo de la carga que implica la reducción de emisiones, significó que el encuentro en la capital danesa terminara con la firma de un documento de consenso pero sin ningún peso político ni aplicación práctica.

Ante ello, el gobierno boliviano, encabezado por Evo Morales, convocó a los pueblos del mundo a reunirse para dialogar y proponer soluciones frente a un problema que tiene consecuencias para todo el planeta. Más de 30 mil personas de 120 países de todo el orbe respondieron al llamado. Hubo poca representación a nivel de gobiernos, pues la mayor parte de los participantes pertenecían a movimientos sociales, organizaciones sindicales o de la sociedad civil en general, ya sean ambientales, ONGs o simplemente organizaciones comunitarias y redes de ciudadanos.

La alta convocatoria habla, sin duda, de la preocupación que siente el ciudadano común frente al problema del cambio climático, y especialmente de cómo esta preocupación se instala en la sociedad. Quienes llegaron a Cochabamba no eran científicos, técnicos o políticos preocupados del tema; eran ciudadanas y ciudadanos comunes y corrientes que están preocupados, dispuestos a aprender y con mucha voluntad para coordinar campañas. Esto no significa que la gente estuviera desinformada o fuera inculta, son personas informadas y líderes dentro de sus países o comunidades.

Y si bien entre los asistentes existía la plena conciencia de que las causas estructurales del cambio climático están asociadas a la industrialización y, por ende, el origen del problema se puede circunscribir a los países desarrollados, mayoritariamente responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como de la deforestación, contaminación de las aguas, etc., predominaba también la total claridad que es un problema que nos compete a todos, y que mas allá de las responsabilidades globales, cada ciudadano del planeta tiene una cuota de responsabilidad en el sentido de aportar a la solución y/o mitigación de sus efectos.

Esa clara conciencia cruzó cada uno de los encuentros, debates, discusiones y grupos de trabajo que se desarrollaron durante la Cumbre, y quedó además plasmada en el Acuerdo Final (http://www.terram.cl/images/DOCotros/cochabambaacuerdopueblos.pdf) y en las Conclusiones de cada uno de los 17 Grupos de Trabajo (http://www.terram.cl/images/DOCotros/conclusiones_grupostrabajo.pdf).

Lamentablemente, en nuestro país esa conciencia, punto de partida para impulsar cambios significativos, es escasa. Si bien la delegación chilena, formada por unas 300 personas, participó activamente en el encuentro, lo cierto es que se trata organizaciones de la sociedad civil, cuyas acciones son esfuerzos aislados y que no tienen ninguna repercusión en la política del gobierno. Respirar el clima generado por el trabajo mancomunado de cientos y miles de personas, venidas de todo el mundo, con una clara visión de la relevancia y la urgencia de enfrentar estos temas, conduce inevitablemente a la comparación con la conciencia del ciudadano chileno medio, que está muy distante de esta realidad. Si bien muchos, especialmente jóvenes, tienen un cierto conocimiento de este tipo de temáticas, la actitud predominante es, todavía, el individualismo y una tendencia a delegar la responsabilidad en otros o considerarlo como un problema ajeno a nosotros mismos.

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