Cuánto metal resiste Chile

A diferencia de Canadá o algunos países europeos, en el país no existe un reglamento que limite la cantidad de metales pesados que pueden soportar los suelos nacionales. Por ahora sólo se toman referencias internacionales, por lo que el rector medioambiental prepara su propia normativa atendiendo las características geológicas locales. La Nación, 25 de mayo 2010.


El caso de la contaminación por plomo en Arica debe ser uno de los más emblemáticos del país, pero no es el único. La industrialización y el desarrollo de la minería dejan una huella ambiental en los sitios donde se instalan, que no siempre se ocupan de borrar.

En Chile no existe un reglamento que señale los niveles de metales pesados que pueden encontrarse en suelos y aguas sin que causen riesgo a las personas que están alrededor, pero la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama), hasta el momento, se ha regido por valores referenciales internacionales. Aunque es una medida efectiva, explica Juan Ramón Candia, director del programa de Medio Ambiente de la Fundación Chile, pues muchas veces la referencia internacional es mucho más estricta de lo que a nivel nacional podría aplicarse, es necesario que el país cuente con una tabla propia.

¿Por qué? Las condiciones de los sitios chilenos pueden ser muy distintas a las que, por ejemplo, existen en Canadá o Francia, pues Chile es un país rico en minerales. “El cobre y el arsénico están en todas partes, incluso sin la presencia de actividad (minera), sobre todo en el norte”, explica Candia. “Hay países en que el cobre y el arsénico casi no existen, entonces ellos ponen valores bastante restrictivos, probablemente el desierto tenga más de eso en forma natural. Es necesario adaptar la normativa, los valores de referencia del suelo al entorno natural y no imponerlas directamente”, sostiene el experto en remediación de sitios contaminados.

Por eso la Conama ya ha comenzado a preparar a evaluar las condiciones de los sitios chilenos para identificar los lugares que necesitan remediación (recuperación de ecosistemas contaminados) y finalmente crear tablas con valores referenciales propios del nivel de contaminantes que no signifiquen riesgo para la población.

“Para avanzar en una norma tenemos que tener muy claro las condiciones de base que existen y en eso estamos trabajando. En otros países hay normas que se exigen, nosotros tenemos que ir hacia ellos, pero antes de tener una norma, hay que estudiar bien los aspectos de impacto y las condiciones propias nuestras, no podemos copiar un valor per se, se trata de aplicar una norma u otro instrumento de gestión, acorde a la realidad territorial chilena”, explica Hans Willumsen, jefe del departamento de Control de la Contaminación de Conama.

La institución tiene una Política Nacional de Sitios Contaminados, aprobada el año pasado, cuyo plan de acción incluye el levantamiento de antecedentes sobre presencia de contaminantes, dioxinas y furanos, asociados al uso de pentaclorofenol en aserraderos, además de estudiar la presencia de cadmio, plomo y mercurio en diferentes sitios del país.

Candia cuenta que además “estamos trabajando en la primera propuesta de valores referenciales para suelos, pero enfocado a hidrocarburos”. El siguiente paso debería ser lo mismo, pero para metales.

Antes de la norma, sostiene Willumsen, es necesario identificar el tipo y cantidad de contaminantes, pero además es necesario definir si eso es un riesgo para la población o los recursos naturales, para proceder con la remediación. “Uno puede tener valores de referencia, y es lo que en algunos casos se ha hecho, pero también hay que tener presente las condiciones naturales. Donde hay ciertos compuestos, como el arsénico que está de manera natural presente en suelos y ríos del país, sería un contrasentido tratar de bajarlo cuando ya está ahí por razones geológicas no antropogénicas”, asegura.

Remediación

En Chile, la mayoría de las empresas sólo se preocupan del impacto medioambiental que provocan si existe una ley u organismo que las obligue, pocas son las que lo realizan voluntariamente para tener buenas relaciones con la comunidad, prevenir riesgos o porque quieren otorgar valor a su negocio, ya que muchas veces, al solicitar un seguro o crédito, deben demostrar que sus pasivos ambientales (situaciones generadas en el pasado, que causan un deterioro progresivo en el ambiente o las personas) no les causarán problemas en el futuro.

Aun cuando existen varias fórmulas para la remediación de ambientes contaminados, la evaluación es clave, ya que la solución depende del contaminante, el terreno y su tamaño, el clima y el riesgo para la población. “No basta que haya presencia de metales pesados para que el sitio esté contaminado”, dice Candia. Y aunque las técnicas de remediación son eficaces, nunca es posible lograr la descontaminación al 100%, porque además es muy caro.

ImagenTrabajar con elementos naturales, como plantas (fitorremediación) o bacterias (biorremediación) es relativamente más económico, pero no es efectivo en todos los casos. “En general es más barato con lo natural, pero depende del problema. A veces no es efectiva, para ello hay que evaluar y conocer bien el problema en particular. Puede que la contaminación en ocasiones llegue a las aguas subterráneas, eso es mucho más complicado, si hay contaminación y se corre el riesgo de que la lluvia arrastre esos metales y contamine la napa subterránea, es más cara de tratar”, explica Candia, que ha dirigido varias estrategias de remediación en el país. Siempre existe una solución, el problema es el precio.

“Mientras más industrializada la región, más posibilidades hay de que exista contaminación por metales pesados”, sostiene Candia. Las regiones Metropolitana, del BioBío y de Antofagasta son potenciales sitios donde es posible encontrar residuos metálicos. El principal contaminante es el cobre y arsénico, aunque mucho se encuentra de manera natural.

Se sospecha que también debería haber rastros de mercurio, aunque aún no se determina los sectores específicos. La minería del oro (no industrial) solía utilizarlos.

COBRE PELIGROSO

– El cobre es esencial para humanos y animales, pero puede llegar a ser tóxico en animales en concentraciones entre 25 y 100 mg k (elevado -1).

– Se acumula en hígado, pelo y cerebro. Es tóxico en el hombre aunque no venenoso. Es uno de los metales más recurrentes en Chile.

– Estos valores referenciales no son ley, sólo advierten un potencial peligro que hay que evaluar.

REMEDIACIÓN CON BACTERIAS

Investigadores de la Universidad Técnica Federico Santa María desarrollaron experimentos con una bacteria genéticamente modificada, para lograr eliminar metales pesados de suelos y aguas, la que está actualmente en proceso de patentación.

“En particular ha sido bien eficiente en la remoción de mercurio, metilmercurio, compuestos organomercuriales y mercurio inorgánico y aparte de eso tiene una buena capacidad de remoción de cobre y cadmio”, cuenta Michael Seeger (en la foto), investigador y académico del Departamento de Química de la Universidad Santa María.

Los investigadores realizaron ensayos con la bacteria en agua, lodos y suelos contaminados, en todos la bacteria fue eficiente reduciendo el mercurio. “Lo que hemos hecho es un estudio a pequeña escala en laboratorio y microcosmos, para aplicar esta bacteria a gran escala tenemos que hacer estudio de escalamiento, en un planta piloto y después una aplicación como tal”, explica Seeger. Para ello necesita apoyo de una empresa.

El especialista afirma que si bien hay varias bacterias que se utilizan en biorremediación, el microorganismo creado por ellos es equivalente o superior a las descritas con anterioridad. “Tiene la capacidad de remover más rápido metales pesados y en concentraciones más grandes. Es más rápida que la mayoría”, dice.

El mercurio (Hg) es un elemento altamente tóxico, por lo que los límites permitidos son muy bajos (0,2ppm en Canadá, por ejemplo). El metil mercurio (MeHgOh) es neutóxico, la forma más peligrosa, que ha causado envenenamiento en humanos por el consumo de semillas y peces contaminados. Llega al suelo por deposición de partículas atmosféricas o por su uso en agricultura y minería. Tiene la capacidad de acumularse en los organismos.


 

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