Se aceleran los preparativos para la conferencia de Cancún

La elección de una costarricense como secretaria de la Convención sobre Cambio Climático pone de relieve el papel latinoamericano en las negociaciones globales. La Nación, 20 de mayo 2010.


La maquinaria diplomática del clima se ha vuelto a activar: el 17 de mayo, la ONU anunció la nominación de la costarricense Cristiana Figueres como secretaria de la Convención sobre Cambio Climático, en reemplazo de Yvo de Boer, a partir del 1 de julio. De Boer había anunciado su renuncia en febrero, luego del decepcionante resultado de la conferencia de Copenhague de diciembre de 2009. De 55 años de edad, la nueva secretaria es hija del ex Presidente de Costa Rica José Figueres Ferrer y participa desde 1995 en las negociaciones climáticas.

Su país anunció que quería presentar en 2021 un balance respecto de las emisiones de carbono neutro, es decir, donde la absorción por la vegetación compensaría las emisiones de gases invernadero. Figueres se impuso sobre el otro candidato a ese puesto, el sudafricano Marthinus van Schalwyk. Al parecer, los pequeños países insulares influyeron en contra de este último: temían que como ciudadano de un país del grupo Basic (Brasil, África del Sur, India y China), no observaría una perfecta neutralidad.

La llegada de Cristiana Figueres confirma el creciente papel de los latinoamericanos en la negociación climática, hasta ahora dominada más bien por los europeos. Brasil se encuentra ahora muy implicado y los países del ALBA (Venezuela, Bolivia, Ecuador…) hacen oír fuertemente su voz. La conferencia de 2010 se realizará en Cancún, en un México que pretende ser un anfitrión activo y eficaz.

La jornada del 17 de mayo estuvo marcada por la publicación del texto redactado por Margaret Mukahanana-Sangarwe, de Zimbabwe. El documento servirá como base a las discusiones que se reiniciarán en Bonn, Alemania, el 1 de junio, en preparación de la conferencia de Cancún.

La señora Mukahanana es presidenta del grupo de trabajo llamado AWG-LCA (Ad hoc Working Group on Long-Term Cooperative Action) que debe elaborar el texto que será adoptado. El documento de 42 páginas es tan claro como lo permite este ejercicio. Junto con retomar los elementos del Acuerdo de Copenhague, se refiere a las “declaraciones” de diferentes países, como la de Bolivia, que recoge la conclusión de la “Conferencia de los pueblos” de Cochabamba, celebrada en abril.

Pero el texto se apoya igualmente en el documento presentado por Michael Cutajar, predecesor de Mukahanana, al inicio de la Conferencia de Copenhague. Propone una decisión principal, seguida por la redacción de diversas determinaciones sobre puntos particulares, como la adaptación al cambio climático, las transferencias de tecnologías, las selvas, etcétera. Los puntos a discutir se presentaron bajo formas de elección de opciones y las formulaciones precisas quedaron en suspenso.

Los diplomáticos tendrán entonces que definir si el calentamiento planetario debe quedar limitado a un grado celsius, a 1,5 o a dos grados; si las emisiones globales deben tener un techo; si este techo debe entrar en vigor en 2015; si los países desarrollados deben reducir sus emisiones en 75% o en más de 80% en 2050, etcétera.

Margaret Mukahanana destaca también la incertidumbre del objetivo fijado en Cancún: ¿se trata de poner a punto un nuevo tratado o de adoptar una serie de decisiones? Estados Unidos entregará tal vez una respuesta en Bonn a partir del 1 de junio.


 

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