Transgénicos, la necesidad de un debate realmente informado

Columna de opinión de Flavia Liberona, directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en el blog de la Revista del Campo de El Mercurio, el 31 de mayo de 2010.; Vea blogs de la Revista del Campo AQUÍ.


Los cultivos genéticamente modificados o transgénicos generan una creciente discusión a nivel mundial, tanto en el ámbito académico como político y comercial, pues su implementación y propagación genera una serie de consecuencias sociales, económicas, etc., las que hasta ahora no han sido adecuadamente documentadas.

Lo cierto es que unas pocas industrias a nivel mundial, encabezadas por la transnacional Monsanto, han impulsado la investigación y proliferación de cultivos de este tipo, movidos más por razones comerciales que científicas o humanitarias. En Chile, el debate frente a este tema ha sido hasta ahora muy discreto, pese a que la misma Monsanto ha impulsado el cultivo transgénico a una escala cada vez mayor, alcanzando hasta el momento más de 20 mil hectáreas en distintas regiones del país (la distribución y ubicación exacta de estos cultivos es una información que la empresa y las autoridades han mantenido en secreto).

Por ello, coincidimos en lo que señaló el señor Miguel Ángel Sánchez en este mismo espacio, en el sentido de que es indispensable poner sobre la mesa toda la información disponible, así como profundizar la investigación independiente frente a este tema, de manera de promover un debate realmente informado, que nos permita como país tomar decisiones con plena conciencia y visión de largo plazo.

Contrario a esto, en Chile ha imperado una política del secretismo frente al tema. Mientras los intereses comerciales detrás de los transgénicos han intentado por toda vía –hasta ahora con éxito- impedir la formulación de cualquier regulación en este ámbito, desde la sociedad civil hemos impulsado, desde hace al menos diez años, abrir un debate lo más amplio posible respecto a los OGM. Durante los gobiernos de la Concertación se formularon varios proyectos de ley frente al tema, pero el debate legislativo fue mínimo. Hasta ahora, una de las pocas regulaciones vigentes es el reglamento que dictó Michelle Bachelet como Ministra de Salud, relativa a la rotulación de alimentos transgénicos. En el ámbito legislativo, ninguna ley ha sido aprobada.

A nivel mundial, el debate ha sido amplio y con una amplia evidencia empírica, que ha permitido señalar, por ejemplo, que en zonas en que se ha expandido el cultivo de maíz o soya transgénica, a la larga se ha incrementado el uso de plaguicidas y otras sustancias químicas, y con ello la dependencia de miles de pequeños agricultores frente a las grandes empresas proveedoras de semillas y pesticidas (generalmente, una misma firma distribuye ambos productos).

En Chile, la falta de este debate público ha impedido avanzar en el necesario marco regulatorio, con lo que este tipo de cultivos se ha propagado gracias a la acción del lobby directo ante la autoridad administrativa, en al menos tres ámbitos: cultivo de semillas transgénicas para exportación, importación de alimentos procesados con componentes transgénicos y cultivo de árboles transgénicos. Sin embargo, hasta ahora ninguna de estas actividades, que implican cultivo o manipulación de OGM, debe siquiera pasar por el sistema de evaluación ambiental de proyectos, lo que ampliaría el debate y abriría la posibilidad para la participación de la comunidad afectada.

Por ello, es indispensable en primer término transparentar toda la información disponible respecto al cultivo, importación, exportación y todo uso de cultivos, semillas u otros productos transgénicos en el país, y junto con ello intensificar pruebas de campo rigurosas y lo más amplias posibles respecto a sus efectos y su interacción con el medio natural. Mientras esto no ocurra, debiera imponerse el principio precautorio frente a esta tecnología, tal como lo ha hecho la Unión Europea, no con la finalidad de frenar el desarrollo, sino que para velar por el interés y la salud de todos los chilenos, frente a una tecnología sobre la que, hoy por hoy, existen más interrogantes que certezas.

 

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