Isla Riesco: medio ambiente en peligro

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en el blog de la Tercera el 07 de junio de 2010, con ocasión del Día Mundial del Medio Ambiente. Vea Blog La Tercera AQUÍ.


Hoy se celebra en todo el planeta el Día del Medio Ambiente, momento oportuno para reflexionar acerca de la relación de los seres humanos con su medio natural, así como de la dependencia e importancia del medio ambiente y los recursos naturales en nuestra vida cotidiana. Un aspecto fundamental para el funcionamiento de la sociedad moderna es el aseguramiento del suministro energético, el que, sin embargo, en demasiadas ocasiones genera graves daños y pérdidas en diversos tipos de ecosistemas. El caso de la generación eléctrica a partir de termoeléctricas, especialmente aquellas que utilizan carbón como insumo, es emblemático en este sentido pues, tanto en el ámbito mundial como nacional, generan severos impactos ambientales. Precisamente, una de las fuentes de energía más contaminante y que históricamente ha generado más conflictos es el carbón; tanto su extracción como su aplicación en distintos procesos productivos tienen el potencial de generar severos efectos nocivos para el medio ambiente.

Ahora, un nuevo proyecto que representa un alto riesgo se encuentra en tramitación ambiental en la COREMA de la Región de Magallanes. Se trata de la explotación de la Mina Invierno, en la Isla Riesco, comuna de Río Verde, una propuesta por 180 millones de dólares que pertenece a los grupos Copec y Ultramar. La faena pretende extraer enormes reservas de carbón sub-bituminoso en una explotación a través de un tajo abierto de 500 hectáreas, que en la zona más profunda tendría 180 metros. La superficie total a intervenir sería de 1.500 hectáreas, incluyendo 400 de bosque de coigue y lenga que deberán ser talados. Todo ello, para extraer un estimado de 73 millones de toneladas de carbón en una faena realizada por unas 800 personas que pretende funcionar día y noche durante doce años.

El proceso extractivo, con el movimiento constante de maquinaria pesada, generaría un severo impacto en la flora y fauna local –que incluye huemules, cóndores y carpinteros de cabeza negra-, contaminando las abundantes aguas tanto superficiales como subterráneas, los suelos y el aire. Se planifica establecer al menos tres enormes acopios de material, separando el carbón extraído comercializable del material de desecho, todo lo cual se almacenaría al aire libre, con lo cual quedaría a merced de la lluvia y de los fuertes vientos de la zona.

El proceso de calificación ambiental se ha tramitado con celeridad aunque, una vez finalizada la etapa de participación ciudadana, los titulares del proyecto solicitaron la ampliación del plazo de entrega de respuesta a las indicaciones formuladas por los servicios públicos, cuestión que fue concedida, con lo que la Corema fijó como nuevo plazo el 30 de junio.

Sin embargo, es importante señalar que en esta materia Mina Invierno tiene una parte importante avanzada, pues ya en diciembre de 2009 completó el proceso que le permitió obtener la autorización ambiental para la construcción de un puerto en el Seno Otway, distante a siete kilómetros del lugar en que pretende instalarse la mina, con la finalidad de dar salida a la producción de carbón. Con ello, la empresa aprovecha una debilidad largamente denunciada de nuestro sistema de calificación ambiental, pues fuerza una evaluación separada de dos partes de un mismo proyecto, inconcebible la una sin la otra, e impide realizar una evaluación integral del impacto ambiental de la obra en su integridad.

Como consecuencia, los vecinos de Río Verde temen con razón que Mina Invierno cambie drásticamente y de manera irreversible el ecosistema de la zona y con ello las actividades económicas locales. Aún más si se considera que este proyecto es el primero de tres que fueron recientemente adjudicados vía licitación por Corfo, todos de explotación carbonífera a tajo abierto en la misma zona. De concretarse, éstos cambiarían definitivamente la fisionomía natural, económica y social de Isla Riesco, generando la destrucción directa de unas 7.000 hectáreas de un ecosistema que incluye bosque nativo, glaciares, ventisqueros, humedales y turberas. La instalación de una actividad contaminante como ésta no sólo generaría enorme daño a la actividad ganadera, la principal de la región, sino que además afectaría el gran potencial turístico de la zona, una actividad sustentable y con altos niveles de retorno, especialmente el turismo de intereses especiales, que incluye incluso una propuesta para convertir la zona en parque ornitológico.

Y todo para generar un combustible altamente contaminante, generador de Gases de Efecto Invernadero, y que en este caso específico irá destinado a alimentar las numerosas plantas termoeléctricas construidas y en proceso de construcción en el norte del país. Así, en lugar de mejorar el sistema de generación eléctrica del país y elevar los estándares ambientales, las autoridades están facilitando la instalación de una actividad económica que de materializarse provocaría serios impactos sociales y ambientales.

Lamentablemente, el centralismo de nuestro país hace muchas veces difícil visibilizar problemáticas tan graves como la que enfrenta hoy Isla Riesco, a más de 3.000 kilómetros al sur de Santiago. Este Día Mundial del Medio Ambiente entrega el marco ideal para destacar este tipo de situaciones, y advertir sobre los graves peligros de permitir explotaciones mineras en ecosistemas naturales de alto valor y con escasa intervención humana.


 

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