“La gente tiene que pagar por el daño de sus emisiones”

La lucha contra el cambio climático pasa por un mal momento. El fracaso de la Cumbre de Copenhague y, sobre todo, la dificultad de acceder a financiación, retrasa las inversiones. Sin embargo, Sir Nicholas Stern, ex economista jefe del Banco Mundial, insiste en que la única opción es impulsar una nueva revolución industrial. El Pais, 09 de junio 2010.


Stern (británico de 54 años) acudió hace días a un acto de la Fundación Iberdrola en Madrid. El autor del principal informe sobre lo caro que sería no actuar contra el calentamiento global suelta con naturalidad frases del tipo "Wen Jiabao [el primer ministro chino] me dijo que…".

Pregunta. Pide grandes inversiones en renovables. Con los planes de estímulo podía tener sentido, pero ahora la prioridad es la lucha contra el déficit.

Respuesta. Hay que pensar en 10 años, que es lo que nos va a costar para controlar el déficit y recuperar el empleo. Visto así, la política tiene que ver esa revolución industrial como un motor de crecimiento. Me preocupa que una contracción del gasto público coordinado en Europa nos lleve a una recesión. Esa revolución industrial es una oportunidad para crecer. Controlar el déficit y prender la chispa de esta revolución es posible si se hace con cuidado.

P. España es un ejempo en renovables pero el Gobierno dice que no se pueden pagar 6.000 millones de euros al año en primas.

R. Con el tiempo esas primas deberían decrecer, pero ahora deben dar confianza a los inversores. La regulación de las formas sucias de generación también deben ser parte de la gestión. Los incentivos no son solo subvenciones a las cosas buenas sino penalizaciones a las contaminantes.

P. Quizá no es el momento de emprender esa revolución.

R. Mitigar el cambio climático es solo parte del argumento. El otro es embarcarse en la nueva revolución industrial y España está bien colocada. La revolución no es solo sobre tecnologías de bajas emisiones, sino sobre ahorro y eficiencia. Si el precio de la electricidad sube, la inversión en eficiencia energética ahorra dinero. La mitad debe ser eficiencia, que dará retornos pronto.

P. ¿Se necesitan precios más altos de la energía?

R. Sí, claro. La gente tiene que pagar por el daño de sus emisiones. Si vas a un restaurante pagas. Si dañas el entorno de los demás tienes que pagar. La ausencia de esos impuestos es una distorsión del mercado. Quienes admiramos el dinamismo del mercado nos preocupamos de hacer que funcione bien. Eso solo ocurre si atajas sus distorsiones. Si lo haces con impuestos consigues retornos para invertir.

P. ¿Cuánto más altos?

R. Entre 20 y 30 dólares por barril del petróleo y entre un 10% y un 15% más en la electricidad. Podemos soportarlo.

P. Un discurso político difícil.

R. No creo que sea una buena política asumir que la gente es estúpida. No hemos explicado bien lo excitante que será esta revolución. Será mayor que la de la electricidad, los trenes, los coches y probablemente mayor que la de la información. Afectará a todos los sectores y creará una ola de innovación. Las revoluciones de los últimos 200 años necesitaron inversiones durante 30 o 40 años y esta será una de esas. Esta vez no podemos permitirnos retrasarlo. La economía baja en carbono será más silenciosa, limpia, verde, segura, menos dependiente energéticamente y con más biodiversidad. Estará más orientada a las comunidades ciudadanas, porque sin ellas no puedes tener reciclaje, ni transporte público o calefacción comunitaria.

P. Hay expertos que dicen que tendrá un coste excesivo.

R. A menudo es gente que niega la ciencia del cambio climático producido por el hombre. Aun así los avances han sido enormes. Hace cinco años en el G-8 los políticos, salvo Blair y Chirac, se aburrían con esto. Ahora está en todas partes.

P. Merkel no lo niega y está preocupada porque esto produzca una fuga de su industria.

R. Ella fue de las personas clave en Kioto y está convencida. La evidencia empírica demuestra que la fuga de empresas por regulaciones ambientales es realmente pequeña. Hay republicanos en EEUU que hace dos años se preocupaban por los bajos costes de los productos chinos contaminantes y ahora les preocupa la llegada de tecnología limpia china.

P. China bloqueó el acuerdo en Copenhague.

R. No fue exactamente así. Le pregunté a Wen Jiabao en marzo y me dijo: ‘Nuestro objetivo era incondicional. Están en una ley y creo que podemos superarlos’. Si China se compromete, cumple.

 

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