Las rondas de cambio climático vuelven a calentar el ambiente

Las negociaciones sobre lucha contra el cambio climático, tema de discusión que tanto marcó la agenda internacional el año pasado, tuvieron esta semana un nuevo round, y con ello volvieron a marcarse las diferencias entre países desarrollados y emergentes. El Diario Financiero, 11 de junio 2010.


La calmada y refinada Bonn, en Alemania, una de las capitales de Naciones Unidas, fue sede de estas discusiones sostenidas bajo la dirección de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC en inglés).

Nuevamente se sucedieron losjuegos de presión y las ONG hicieron sus llamados de atención. Pero comparado con la crítica y extenuante cumbre de Copenhague en diciembre pasado, este round estuvo tranquilo. Después de la última sesión hoy, tras dos semansa de reuniones, sólo queda hacer las maletas, reportarse a los respectivos gobiernos, y volver a encontrarse en Bonn en la próxima sesión de trabajo en agosto, y así seguir preparando el camino para la cumbre donde oficialmente se seguirá negociando un protocolo mundial de programas contra el cambio climático, en Cancún en diciembre.

Pero si bien los intereses luchan por sobreponerse,y la presión de la caducación del Protocolo de Kioto en 2012 es cada vez mayor, ya nadie quiere un nuevo Copenhague. Tanto así que durante las sesiones de trabajo se buscó evitar el nivel de tensión que adquirieron las negociaciones en la cumbre pasada. La delegación mexicana le dejó muy en claro a sus pares que no buscará darle tal protagonismo a su conferencia, para evitar la desilusión que hoy genera recordar las discusiones en la capital danesa.

Los bandos volvieron a sentarse en el ring de negociación, con los emergentes en un rincón y los desarrollados en el otro, y la sociedad civil representada por centros de estudio, empresas y organizaciones no gubernamentales animando desde el otro lado de las cuerdas.

Dimes y diretes

¿A qué se debe tanto escándalo? Los 194 países de la ONU participan hace casi 16 años en una serie de reuniones sobre políticas de protección del medio ambiente que culminan todos los años con una gran cumbre oficial de negociación en diciembre.

El asunto tomó mayor urgencia con la conferencia de Bali en 2007, cuando se informó que al ritmo de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) que llevaba el planeta, la temperatura mundial superaría el alza anual de 2 grados Celsius hacia 2100, lo que llevaría a pérdidas irremediables de biodiversidad, cambiaría totalmente el clima del planeta y con ello arrasaría con una buena parte de la población global. Al momento EE.UU. y China concentran 40% del total de emisión de estos siete gases, medidos en CO2.

Fue entonces que las conversaciones adquirieron mayor glamour también y se terminaron por separar las aguas.

El Grupo de los 77 + China es el principal eje negociador emergente, para hacer frente al Grupo Paraguas, compuesto por EE.UU., la Unión Europea, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón. Pero tener una causa común no lo hace necesariamente el más unido. La diversidad de sus miembros, desde las pequeñas islas estado del Pacífico, hasta los gigantes como China e India, es eficiente cuando se negocian temas como comercio internacional, pero a veces inestable al tratar asuntos medioambientales, que necesariamente pasan por políticas internas y de soberanía nacional.

El mensaje como bloque es claro: las medidas que se deban tomar para combatir el cambio climático, con la ayuda financiera del mundo industrializado, incluyendo las unilaterales, no debieran constituir oportunidades para una discriminación arbitraria o injustificada por parte de éste, y menos aún si esto implica restricciones en el comercio internacional.

Pero las diferencias surgen en temas como cuál debe ser la fuente de esos recursos -si sólo mediante gasto público o si se utilizará también al mercado de capitales- y cómo deben ser aplicados estos dineros -si a libre disposicion de las naciones subdesarrolladas o condicionadas a una supervisión por parte de las industrializadas-. Este último punto provoca especial repudio entre los africanos y la Alianza Bolivariana (ALBA), liderada por Venezuela y Bolivia. Chile, a su vez, apoya la revisión del estado de avance de los proyectos que sean financiados por fuentes externas.

La seguridad nacional y energética son aspectos que trascienden la agenda de los emergentes en las discusiones. Porque ninguno de estos países quiere que se comprometa la disponibilidad de alimentos -la agricultura es la industria más perjudicada por el calentamiento global- si ocurre la transferencia de tecnologías de reducción de emisiones que abogan los industrializados. Las tecnologías más lógicas para la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI), sindicadas como la principal razón detrás de la exacerbación del cambio climático (un proceso cíclico natural de la naturaleza), apuntan a "enverdecer" la producción de electricidad mediante energías renovables.

Los emergentes, por lo mismo, quieren que se arme un foro que se encargue de evitar las distorsiones que la conversión en una economía verde pueda conllevar, entre ellos una adopción desordenada de estas tecnologías.

Los países desarrollados aseguran que tal instancia no es necesaria porque ya existen los canales de comunicación necesarios con los países emergentes, y este organismo sólo volvería más lento el traspaso de recursos. El bloque más rico ya comprometió US$ 30 mil millones para que las naciones más pobres inicien programas de reducción y mitigación de emisiones GEI este año y está el compromiso de alcanzar los US$ 100 mil millones en 2020. El problema es que las discusiones sobre cómo generar estos recursos no han avanzado -si apoyar sólo un mercado de bonos de carbono mundial o generar otras instancias de financiamiento- y la sombra de la reciente recesión mundial preocupa.

Esta pelea se escuchó esta semana en Bonn, aunque quizás no con toda la pasión con que marcó los desencuentros de Copenhague o las reuniones que le antecedieron. Incluso, según destacaron delegados europeos y latinoamericanos, el cansancio y la pérdida de momentum en las conversaciones están generando quiebres mayores en las alianzas que a diciembre del año pasado parecían invencibles, como es el caso de ALBA.

Ejemplo de ello fue cuando la delegación venezolana propuso que el grupo de naciones latinoamericanas hiciera una declaración al cierre de las reuniones destacando la elección de Cancún como nueva sede de la conferencia de las partes 16 (COP 16) y que fuera costarricense la nueva secretaria de la UNFCCC, Christiana Figueres, quien reemplace al holandés Yvo de Boer el 1 de julio. El resquemor a la propuesta provino de su antes inseparable socio, Bolivia. Después de una discusión catalogada por algunos presentes como de sobra, se decidió finalmente hacer la declaración hoy al cierre de las reuniones.


 

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