Bosque nativo, servicios ambientales y agricultura

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en blogs de la Revista de El Campo, 05 de julio 2010.;

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en blogs de la Revista de El Campo, 05 de julio 2010.;


Los chilenos y chilenas debemos aprender mucho sobre ecología y ecosistemas; uno de los temas que es imprescindible conocer, cuando existe una enorme variabilidad climática, es que el bosque nativo juega un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y marinos.

A la larga, también afecta la posibilidad de desarrollar actividades económicas productivas. Este hecho ha sido avalado de manera cada vez más contundente con evidencia científica, hasta llegar a un punto en que ya casi nadie discute la importancia del mantenimiento del bosque nativo y de los ecosistemas vegetales para proteger los suelos y cursos de agua. La falta de bosque nativo en lugares donde antes existió, ya sea en valles, cerca de cursos de agua o cabeceras de cuencas, repercute no sólo en el mantenimiento de los ecosistemas nativos (flora y fauna local), sino también en la protección de los suelos, en el de los cursos de agua y, por ende, en el tipo y calidad de actividad económica que se puede desarrollar en una zona determinada. Es lo que la nomenclatura actual denomina servicios ambientales del bosque nativo, y que debiera constituir una preocupación principal para el sector agrícola nacional.

Tras la aprobación de la Ley sobre Recuperación de Bosque Nativo y Fomento Forestal Nº 20.283, durante la administración anterior, se constituyó el Consejo de Bosque Nativo, instancia multidisciplinaria cuya función es asesorar al Ministerio de Agricultura en materia forestal, y que actualmente se encuentra en proceso de discusión del reglamento sobre protección de aguas y suelos, vinculado con las normas de protección ambiental que se establecen en el Título III de la Ley. Sobre esto, el agro y otros sectores productivos debieran prestar especial atención, ya que es en ellos donde deben establecerse las medidas que permitan asegurar el mantenimiento del flujo hídrico y la calidad de las aguas , así como también la protección de los suelos.

En efecto, pese a que muchas veces la actividad agrícola se presenta como antagónica con el bosque nativo, debido a la competencia por la ocupación del suelo, lo cierto es que cuando se habla de protección de cursos de aguas y suelos, no sólo pueden ser complementarias sino que, además, el agro depende y puede beneficiarse ampliamente de la presencia del bosque nativo. De la misma manera, también la actividad salmonera necesita que las cuencas estén protegidas con especies forestales nativas para obtener aguas aptas para la cría de salmones. La cobertura vegetal y en particular forestal de especies nativas juega un rol esencial en la mantención del ciclo del agua, elemento indispensable para el desarrollo de la agricultura y otras actividades.

De acuerdo a las distintas estructuras y densidades de los diversos tipos forestales que existen en Chile, las especies vegetales se han estructurado de acuerdo a los climas y geografías en que habitan, conformando ecosistemas forestales y vegetacionales diversos. En cada caso, una de sus funciones es retener o mantener el suelo, mantener el ciclo hidrológico, purificar el agua y alimentar los cursos hídricos. Por otra parte, la permanencia de una cubierta vegetal estratificada en altura y compuesta por especies nativas es un factor determinante en la protección de los suelos, además de proporcionar un hábitat para numerosas especies de los reinos animal, plantas y fungi, así como para detener el avance de la desertificación, manteniendo los nutrientes del suelo, cuestión que también beneficia ampliamente y de manera directa al agro. Esto cobra especial relevancia si se considera que Chile es un país que está tipificado como vulnerable frente al cambio climático, y cuya variabilidad, disposición y acceso a los recursos hídricos en el futuro va a depender directamente de las acciones que tomemos hoy.

Tomando en cuenta estas consideraciones, cobra una relevancia fundamental proteger el suelo y los cursos de agua con bosque nativo, particularmente en las cabeceras de cuencas, en las zonas de pendientes pronunciadas y en las zonas de mayor avance de la desertificación, así como su mantenimiento en la proximidad de los cursos de agua, áreas en las que debiera establecerse una prohibición estricta de corta de bosque. La normativa relativa al bosque nativo contemplada en la ley 20.283 debe recoger estas preocupaciones y establecer limitaciones claras y precisas al respecto, que favorezcan la protección de los ecosistemas forestales no sólo por su valor en sí mismo, sino también por su contribución en el desarrollo de otras actividades productivas, así como por su papel en el combate de los efectos del cambio climático, temática poco abordada hasta ahora en relación a los bosques en el país.

En este contexto, todos los chilenos, y en especial los sectores productivos del país que de una u otra forma dependen de la existencia de los recursos hídricos y de la calidad de las aguas, deben tomar conciencia de la relevancia de proteger nuestros bosques y en general la vegetación nativa, incluso xerofítica. Su protección no debe considerarse únicamente como un afán conservacionista, sino que debe constituir una preocupación fundamental para el desarrollo del sector rural del país, generando una coexistencia armoniosa entre distintas actividades.

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