Conservación de ecosistemas marinos, una tarea pendiente

Columna de opinión de Joseline Canio, investigadora de Fundación Terram, 19 de julio 2010.


El día 20 de abril sucedió una tragedia que marcó la historia ambiental de nuestro planeta: la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, ubicada en el Golfo de México, cercana a las costas de Luisiana en Estados Unidos, sufrió una explosión seguida de un hundimiento, lo que provocó el vertido de miles o millones  de litros de petróleo en las aguas oceánicas.

Innumerables son las consecuencias ambientales y sociales que trae consigo este accidente, se han dañado los ecosistemas marinos y costeros, afectando múltiples especies de flora y fauna típica de la zona, las cuales tienen un importante valor ecológico, además de ser el sustento de la economía local, tanto para las actividades turísticas, como para las actividades de pesca que allí se  desarrollan.

La mancha de petróleo se ha expandido más de 9.000 km2, alcanzando las costas de Luisiana, amenazando con extenderse hacia las costas de Alabama, Mississippi y Florida. Aumentando las consecuencias ambientales y sociales de este hecho. Las autoridades de Estados Unidos ya han reaccionado frente a este hecho, incluso, el Presidente de los Estados Unidos, Barrack Obama, lo ha declarado de “importancia nacional”, asumiendo lo que significa esta tragedia,  tanto en materias ambientales como sociales.

Este accidente que tiene como responsable a la empresa británica British Petroleum, marca un hito en la historia ambiental del planeta debido a que la destrucción ecológica causada es incalculable en términos económicos,  y representa una real amenaza para la salud y las actividades económicas de la población afectada.

La pregunta que debemos hacernos en estos momentos: ¿Es necesario que lleguemos a extremos catastróficos como éstos, para darnos cuenta de lo importante que es para los seres humanos, preocuparnos de resguardar la naturaleza o de vivir en un ambiente libre de contaminantes?

Por contraposición a lo ocurrido en el Golfo de México, en Chile tenemos más de 4.000 km de costa, donde es posible encontrar una rica biodiversidad,  que mantiene las economías locales a través de la pesca, la extracción de algas y del turismo, actividades que recientemente han sido afectadas por el tsunami. Pese a la importancia que representan los ecosistemas marinos para nuestra vida, la cantidad de caletas y centros urbanos costeros, y lo que representa el mar y el borde costero para nuestra economía, ¿quién se ocupa realmente de evaluar y analizar cuáles son las consecuencias e impactos que tienen nuestras actividades sobre las costas chilenas?

Muchos problemas específicos se han dado a conocer durante los últimos años, uno de ellos podría ocurrir en Mehuín, en la XIV región de Los Ríos, en donde se quiere construir un ducto para la descarga de riles de una empresa celulosa. ¿Cómo afectaría esta descarga a la población y a la biodiversidad?, ¿estos temas son considerados realmente dentro de la actualidad chilena?  o ¿cómo afectan las descargas de otras plantas de celulosa al borde costero u otras actividades económicas que descargan residuos líquidos?

Probablemente en Chile no existe ninguna actividad económica en el borde costero que tenga el impacto ambiental de una plataforma petrolera y menos de un accidente de las características del ocurrido en el Golfo de México. Sin embargo, este ejemplo sirve para que tomemos conciencia de que la contaminación es un problema real, y que va mucho más allá, de si esta es la sumatoria de contaminaciones pequeñas o se produce por un accidente.  Se deben tomar los mayores resguardos, usar las mejores tecnologías, sistemas de monitoreo eficaces  y las regulaciones deben ser más exigentes.

En estos momentos se encuentra en consulta pública el anteproyecto de revisión de la norma de emisión para regulación de contaminantes asociados a las descargas de residuos líquidos a aguas marinas y continentales (ver página internet www.conama.cl). Sin duda, una instancia que sirve para aportar de manera positiva a la normativa sobre descarga de contaminantes de nuestras aguas.

La moraleja que nos deja toda esta triste historia, es que no debemos esperar que sucedan hechos catastróficos en nuestro país para actuar en pro de la conservación de nuestros “bien desconsiderados” ecosistemas marinos. Debemos actuar ahora, sobretodo en momentos en que las puertas se “entreabren” para que la sociedad civil pueda ser parte del proceso de consulta.

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