Del Santiago Azul de Valdivia al Santiago Negro del Bicentenario

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa de Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en blog Bicentenario de diario La Tercera el 21 de julio de 2010. Vea Blog Bicentenario AQUÍ. ;


Cuando en febrero de 1541 Pedro de Valdivia fundo, en la zona central de Chile junto al río Mapocho (cuenca de Santiago), la ciudad de Santiago de Nuevo Extremo, nunca imaginó que ese hermoso valle rodeado de cordones montañosos (Los Andes y de La Costa) pasaría en 1810, a ser la Capital de la República y menos que hoy, ad portas de la celebración del Bicentenario de la Independencia de nuestro país, la ciudad se convertiría en el principal centro económico, financiero, poblacional, educacional y cultural de Chile, haciendo fiel reflejo a la tan odiada pero tan real frase: "Santiago es Chile".

Menos imaginó que ese hermoso valle, donde se respiraba un aire puro y se disfrutaba del azul del cielo, llegaría a convertirse, cada invierno de fines del siglo XX y principios del XXI, en una ciudad gris y oscura debido a la contaminación de su aire. Y es que ser la capital y principal ciudad del país, no sólo ha traído ventajas para sus habitantes, que han tenido que pagar algunos costos importantes por vivir en ella, como por ejemplo el deterioro de la calidad del aire y su consecuente impacto en la salud de la población, especialmente la de sus niños y adultos mayores.

La contaminación del aire de la Región Metropolitana es estructural y esta limitada por la capacidad de carga de la cuenca de Santiago, es decir, por la expansión horizontal de la ciudad, el crecimiento poblacional, el aumento del parque automotriz y de las actividades económicas que en ella se desarrollan. Todos indicadores que en los 20 últimos años han aumentado significativamente, sin ningún control o planificación de parte de las autoridades competentes.

Sin embargo, este importante tema, que impacta directamente la calidad de vida de más de 6 millones de habitantes, sólo es tema de interés público y de los medios de prensa, cuando cada año llega abril y se inicia el período crítico de contaminación atmosférica de nuestra capital, que se extiende hasta fines de agosto. El resto del año pareciera que Santiaguinas y Santiaguinos disfrutamos de un aire respirable, pues el tema desaparece de la agenda pública y hay que esperar la llegada de un nuevo abril para retomar las discusiones, análisis y propuestas de solución.

Esto, sin considerar que desde la llegada de la democracia en Santiago se inició una estrategia para descontaminar su aire y que, desde 1997, tiene vigente un Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) y, que sus dos auditorías y los numerosos estudios de destacados académicos nacionales y de un importante número de organizaciones ciudadanas evidencian que, a pesar de los avances, el problema persiste y se mantiene durante todo el año en la capital.

Hoy, en el año de la celebración del Bicentenario, en nuestro país asume un nuevo Gobierno, con el que se pone en vigencia una nueva actualización del PPDA, proceso que demoró más de dos años y que cuando se publique en el Diario Oficial, ya estará obsoleto, pues la realidad y la base en la fue formulado claramente cambio. Pero además, como señalamos públicamente durante su reformulación y a través de las observaciones que presentamos en su momento desde Fundación Terram a las autoridades del gobierno anterior, encargadas de llevar el tema, este Plan no cumplirá sus metas establecidas para el 2011 y no permitirá a Santiago tener un aire limpio, pues no tiene una mirada integral de la problemática de la ciudad.

El nuevo Gobierno, a través de la Ministra de Medio Ambiente, ha señalado que la contaminación del aire de la capital será uno de los temas prioritarios de su gestión, que continuará adelante con el Plan y que avanzará con la norma de material particulado fino (PM2, 5) – el más dañino para la salud-. Pero también ha adelantado, en sus anuncios, la utilización de instrumentos económicos para combatir la contaminación, lo que probablemente significará la reactivación de la discusión en el Congreso de la Ley de Permisos de Emisión Transables. Una ley controvertida, que siempre puso en los lados opuestos de la mesa a las organizaciones ambientales y al sector empresarial. Habrá que esperar los pasos que siguen la Ministra de Medio Ambiente y el nuevo Gobierno, pero claramente se avizora una nueva manera de enfrentar el problema de la contaminación del aire de la capital. Ojala sea esta la que nos lleve de Santiago Negro del Bicentenario a un nuevo Santiago Azul del Futuro.

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