“Si tuviese las herramientas y el poder, el proyecto Isla Riesco no se haría”

Nicolo Gligo, Premio Nacional de Medio Ambiente. Este magallánico es uno de los principales detractores de que en la región se instale una mina a rajo abierto. Según afirmó, los costos que tiene la explotación de carbón son muy superiores a los beneficios económicos y sociales que se anuncian.;La Prensa Austral de Punta Arenas, 05 de julio 2010.


La polémica sobre si es conveniente que en la región se ejecuten megaproyectos mineros, con un nivel invasivo al territorio enorme, pero con un gran desarrollo energético y económico para el país, sumó nueva leña.

A los detractores magallánicos del proyecto carbonífero que se busca desarrollar en isla Riesco por la empresa del mismo nombre, propiedad de Ultramar y Copec, se sumaron distintas organizaciones ambientalista, tanto nacionales como del extranjero.

La propuesta es postergar, a lo menos cuatro años, la puesta en marcha de las faenas extractivas, con el fin de analizar de mejor forma el impacto ambiental que significará a la zona y gestionar leyes y políticas públicas más rígidas al respecto.

Uno de los principales gestores de ello, es el magallánico Nicolo Gligo, profesor de la Universidad de Chile y director del Centro de Análisis de Políticas Públicas. Premio Nacional de Medio Ambiente 2001 y conocedor de la zona, analizó los pro y los contra de un proyecto, que aún no tiene consenso sobre el “costo de oportunidad” para la región.

– Se ha hablado mucho del gran aporte económico y energético que será, tanto para la región como para el país, este megaproyecto carbonífero. Pero por otro lado, hay muchas aprensiones por el tema medioambiental, básicamente por experiencias anteriores. Hay entonces un “costo de oportunidad” que debe ser discutido.

– “Los proyectos de desarrollo podrían ser clasificados según el efecto de sus beneficios y costos, como de interés nacional o como de interés regional. El proyecto de explotación de carbón de isla Riesco no tiene impacto nacional, porque su producción es de mínimo impacto y el empleo es sencillamente insignificante. Por lo demás, no es parte de una estrategia nacional de producción de combustible para la generación energética. Al contrario, la estrategia de desarrollo energético, al menos en las declaraciones, ha sido categórica en el sentido de disminuir paulatinamente este tipo de combustible contaminante, en función de los compromisos que voluntariamente asumió el país para disminuir el 20% las emisiones de CO2 en la atmósfera”.

– Pero beneficios directos para la región sí debe haber…

– “Este proyecto debe analizarse exclusivamente bajo el prisma de los beneficios y costos regionales. Hay que partir de la base que el análisis de la posible influencia del proyecto en el Producto Interno Bruto, nada dice si es que los excedentes generados son desviados fuera de Magallanes, como es el caso. Lo que debe preocupar a la región, a los gobernantes y a la comunidad, es poder constatar si un proyecto dado (en este caso la extracción de carbón) aporta significativamente al incremento del desarrollo humano, de la calidad de vida en forma permanente y sustentable”.

– ¿Y Minera Isla Riesco lo es?

– “¿La creación de 800 puestos de trabajo, de los cuales al menos 400 serán de afuera? O sea, la región se beneficiará con la mitad del trabajo, con bajo nivel de calificación. Y lo más probable es que todo el excedente económico se exporte, porque el destino de este carbón será las termoelétricas de las mismas firmas dueñas del proyecto”.

– En ese sentido, usted afirma que los beneficios no compensan los costos

– “Los costos se pueden agrupar en dos: ambientales y sociales. Los primeros son más que evidentes. Un hoyo de 500 hectáreas (cuatrocientas canchas de fútbol) de una profundidad de 180 metros (cinco veces la torre de la catedral de Punta Arenas) más 1.500 hectáreas que serán cubierta de los residuos del material que se extraiga, obviamente tienen un impacto brutal. He visitado muchas explotaciones de carbón a rajo abierto en América Latina y en otras partes, y en todas se aprecia el tremendo impacto, la afectación de la flora y fauna, la contaminación de cursos de aguas superficiales y subterráneas, la contaminación de polvo en suspensión -imagínense con el viento de Magallanes- y la destrucción del paisaje. Por algo se están prohibiendo en muchos países, por ejemplo, Costa Rica y ciertas provincias de Argentina”.

– Bueno, pero ahí es donde entra en juego la legislación y la misma Conama.

– “Se puede decir que el estudio de Evaluación de Impacto Ambiental contempla mitigaciones y compensaciones, pero la experiencia indica que la gran mayoría son soluciones parciales o inadecuadas, que quedan en el papel o sencillamente no se ponen el práctica dada la ausencia de sistemas de fiscalización ambiental. Es realmente imposible que el impacto ambiental sea bajo. Afirmar lo contrario, es una pirotecnia usual en estos proyectos”.

– La minera está prácticamente instalada y ad portas de comenzar, ¿qué debe tomar en cuenta la autoridad entonces con éste y futuros proyectos?

– “La discusión debe hacerse sobre el tipo de proyecto que le conviene a Magallanes: Proyectos de muy bajos beneficios y muy altos costos ambientales, de incompatibilidad de actividades productivas y sociales, o alternativamente proyectos que dejen beneficios y que retengan excedentes y que, a su vez, minimicen los impactos ambientales. A mi juicio, ese es el dilema que debería aclararse con una adecuada estrategia de desarrollo regional, con un ordenamiento del territorio con criterio ambiental y con una discriminación positiva hacia los proyectos que interesa fomentar”.

– “El análisis actual no puede distorsionarse con las premuras para mostrar inversiones, sobre todo si éstas tienen mayores costos que beneficios. El análisis debe hacerse pensando que Magallanes, no sólo debe proyectarse a 12 años plazos, sino en una perspectiva de sustentabilidad permanente”.

– Entonces su postura es categórica respecto de este proyecto…

– “Si tuviese las herramientas y el poder de decisión trataría de que este proyecto y los similares no se hagan en Magallanes. Y tengo autoridad para decirlo, pues últimamente todo el mundo me ha dado la razón por la lucha exitosa que dimos para salvar los bosques de Tierra del Fuego”.


 

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