Biodiversidad al borde del despeñadero

El papel de las empresas será clava en la cumbre de la diversidad biológica que tiene por sede la ciudad japonesa de Nagoya. Tierramérica, 18 de octubre 2010.
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La biodiversidad divide al mundo.;


Lo que nos da la naturaleza se da por sentado, pero si sus bienes más básicos desaparecieran, la vida humana ya no sería posible en la Tierra. La cumbre de la biodiversidad tiene la misión de desandar el camino hacia ese despeñadero.

La 10 Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Biodiversidad Biológica (COP 10), que se lleva a cabo desde este lunes 18 al 29 de este mes en la sudoriental ciudad japonesa de Nagoya, busca crear una nueva serie de acuerdos internacionales para reducir a la mitad la tasa de desaparición de hábitat naturales, poner fin a la sobrepesca, lograr la deforestación cero, eliminar los subsidios perjudiciales y garantizar una agricultura sostenible para 2020, entre otros objetivos.

Si la reunión no resulta exitosa, no será posible cumplir los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio, señaló el comisario de Ambiente de la Unión Europea, Janez Potočnik, en una reunión de alto nivel del foro mundial celebrada el mes pasado en Nueva York.

“Biodiversidad” es un término que se usa para describir la variedad de seres vivos que constituyen la infraestructura biológica del planeta.

Muchas veces no se comprende bien hasta qué punto la humanidad depende de los servicios que aporta la naturaleza, sostuvo el biólogo ambiental Harold Mooney, de la estadounidense Universidad de Stanford.

“Se considera que esos servicios son ‘gratuitos’ y no se los valora en el marco de las actuales estructuras económicas”, dijo Mooney a Tierramérica.

Un bosque que absorbe carbono, limpia el aire, previene inundaciones y brinda alimentos y combustible, no tiene valor económico sino cuando se lo tala para obtener madera. Eso tiene que cambiar y será “uno de los mensajes más fuertes que surjan de Nagoya”, dijo Mooney, que acaba de ganar el Premio Ambiental Volvo, dotado de 200.000 dólares.

“Necesitamos que los ministros de Finanzas y Comercio de todo el mundo comprendan esto”, enfatizó.

No se entendió así hace ocho años, cuando los estados miembro del Convenio se comprometieron a lograr una reducción “significativa” de la pérdida de especies para 2010, Año Internacional de la Diversidad Biológica. Con excepciones ínfimas, las extinciones de especies aumentaron, en vez de decaer.

Casi la cuarta parte de las especies vegetales corren riesgo de extinguirse, las poblaciones de corales y anfibios se reducen, la cantidad de vertebrados cayó un tercio en los últimos 30 años, según la Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 3 (GBO3).

Casi todas las tendencias son negativas y la decadencia es exponencial, mientras los posibles puntos de quiebre son abrumadores, advirtió Thomas Lovejoy, consejero jefe de la presidencia del Banco Mundial sobre temas de biodiversidad, que presidió esta evaluación científica.

“Es hora de actuar con seriedad… Debemos tomar el GBO3 como un gran llamado a despertar”, dijo en una entrevista realizada por Tierramérica cuando se presentó el informe, en mayo.

Para Lovejoy, estamos experimentando la sexta mayor extinción de vida de la historia del planeta.

Las reuniones de la COP 10 implicarán negociaciones “a todo o nada” sobre asuntos complejos, pero hay un amplio consenso sobre los objetivos para 2020, dijo una fuente de la secretaría del Convenio.

Sin embargo, se está lejos de la unanimidad cuando se va a los detalles. Un obstáculo importante es el financiamiento, que necesita multiplicarse por 10 o incluso por 100 para cumplir los objetivos en 2020, destacó.

Se requiere dinero para proteger, conservar y potenciar la biodiversidad. Actualmente, alrededor de 3.000 millones de dólares anuales de la ayuda oficial al desarrollo se destinan a países ricos en fauna y flora, pero pobres en recursos financieros y técnicos.

Para lograr los nuevos objetivos, esa asistencia de las naciones industrializadas tendrá que aumentar por lo menos a 30.000 millones y hasta 300.000 millones al año, pero “para los gobiernos es un desafío significativo brindar ese grado de financiamiento”, dijo.

Una reunión del Convenio realizada en mayo en Nairobi llevó a punto muerto el debate sobre financiamiento entre el Norte rico y el Sur en desarrollo. Los delegados decidieron que los gobernantes que asistan a la COP 10 tomen la decisión final.

Muchos países esperan que el sector corporativo se convierta en un actor importante, mediante programas de pago por los servicios del ecosistema y la creación de mercados de créditos de carbono y de biodiversidad, como la propuesta iniciativa REDD+ (Reducción de Emisiones de Carbono Causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques).

“No podemos lograr la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad sin el pleno compromiso de la comunidad empresarial”, señaló el secretario ejecutivo del Convenio, Ahmed Djoghlaf, en un correo electrónico enviado a Tierramérica.

“La idea de que sólo los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales pueden tener éxito en la protección de la biodiversidad mostró sus limitaciones”, agregó.

En Nagoya habrá un diálogo entre ejecutivos del mundo corporativo y unos 150 ministros de Ambiente. Más de 500 empresas representadas ya han confirmado su participación, y se adoptará una iniciativa que compatibilice negocios con biodiversidad, según Djoghlaf.

La sociedad civil ve con profundo recelo esta participación.

La Alianza del Convenio de la Diversidad Biológica (CBD Alliance), una coalición de organizaciones no gubernamentales, sostuvo que estos enfoques “innovadores” de financiamiento desvían la atención “de las obligaciones financieras del Norte”, no está demostrado que funcionen y conllevan riesgos para las poblaciones locales y el ambiente.

La CBD Alliance destacó que los países ricos pueden multiplicar por 10 sus compromisos financieros públicos, dado que gastan unos 500.000 millones de dólares anuales en subsidiar la industria de los combustibles fósiles. Es más, en 2008 movilizaron unos siete billones de dólares para rescatar bancos y otras instituciones financieras privadas.

Sin recursos adicionales será imposible concretar los planes del Convenio o lograr sus objetivos para 2020, añadió la coalición de la sociedad civil.


 

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