Mineras duplicaron emisión de gases de efecto invernadero desde 2001

Estudio de Cochilco revela que subieron 95% por cambios en la matriz energética. El gas natural fue reemplazado por diésel y carbón. La Tercera, 11 de octubre 2010.


Durante la década pasada, las mineras prácticamente duplicaron las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Entre 2001 y 2009, el alza fue de 95%, según el estudio "Consumo de energía y emisiones de gases de efecto invernadero de la minería del Cobre de Chile", que realizó Cochilco.

El fuerte aumento responde, principalmente, a las modificaciones que experimentó la generación eléctrica en el Sistema Interconectado del Norte Grande (Sing), producto del déficit de abastecimiento de gas natural. "En 2001, el 56% de la generación del Sing era con gas natural, que tiene  menor  emisión de GEI que otros combustibles, mientras que en 2009 el 55% de la energía eléctrica fue generada con carbón y sólo el 20% con gas natural", indica la analista de la Dirección de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco.     Sara Pimentel.

En el Sistema Interconectado Central (SIC), que opera entre Taltal y Chiloé, también aumentó la participación de la generación térmica, en desmedro de la hidroeléctrica. "Se sustituyó el gas natural por diésel y carbón, lo que se tradujo en un incremento en las emisiones de GEI de este sistema", indica el estudio. El aporte del carbón subió de 9,3% a 16,3%, y el del gas natural bajó de 19,3% a 2,5%.

Fuentes ligadas a  las mineras afirman que el aumento de las emisiones no es indiferente, porque producto del Co2 que generan, en los próximos años los países desarrollados podrían gravar con impuestos su producción.

La minería del cobre es una de las mayores consumidoras de energía del país y este insumo representa entre el 25% y 30% del costo unitario de la producción de cobre. Por ello, el sector minero consume el 11% del total de la energía nacional. En electricidad, su demanda representa el 32% y en combustibles, el 6%.

A su vez, el 84% de la energía eléctrica generada en el Sing la consume la minería del cobre, y demanda el 17% de la del SIC.

AUMENTO DEL CONSUMO

Entre 2001 y 2009, también se produjo un aumento de la demanda de energía por parte de las mineras." Mientras la producción total de cobre aumentó en 13,7% en esos nueve años, el consumo estimado de energía se incrementó en 54%", señala Sara Pimentel.   

El análisis muestra que entre 2001 y 2009 la energía consumida como combustibles -diésel y petróleo fuel oil- se incrementó 65%, mientras que el consumo de energía eléctrica lo hizo en 44,5%.    

Si se desglosa en términos unitarios, también se verifica un alza importante. Desde 2001, la energía consumida para producir una tonelada métrica de cobre fino se incrementó 35,3%, explica Pimentel. En ese sentido, el consumo unitario de combustibles subió 45,3%, y el de energía eléctrica se elevó en 27,1% en los nueve años.      

El aumento que exhibe el uso de energía, por parte de las mineras, en la década del 2000 se explica por varios factores. Uno de ellos, es el envejecimiento de las minas.

En Cochilco explican que en la década del 90 entraron en operación 10 faenas mineras, cuyas leyes de mineral eran bastante altas. En cambio, en los últimos nueve años sólo   tres yacimientos iniciaron operaciones. "El envejecimiento de las minas se ve reflejado en leyes de mineral decrecientes, mayores distancias de acarreo y mayor dureza del mineral, todo lo cual se traduce en un incremento de  los consumos energéticos", indica Pimentel. Y agrega: "En 2001 la explotación de la mina consumía el 30% del total de la energía requerida, pero en 2009 consumió el 40%. Eso demuestra el envejecimiento de las minas". 

A ello se suman los cambios en la cartera de productos comerciales de las mineras, hacia productos más refinados,  "lo que también contribuye a una mayor intensidad de uso de energía en esta década, porque mientras más refinado es el producto, más energía se necesita".

Según Cochilco, la minería va a seguir aumentando su consumo de energía en los próximos años, a pesar de los esfuerzos de eficiencia energética, que están orientados a reducir entre 5% y 10% la tasa de crecimiento.


 

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