Bolivia quiere detener Declaración de Cancún en La Haya

Bolivia se opone a los resultados de la conferencia climática de Cancún porque considera que los países desarrollados no asumen suficientes obligaciones. El Gobierno boliviano presentará un recurso ante La Haya. Deutsche Welle World.de, 13 de diciembre 2010.
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Bolivia se opone a los resultados de la conferencia climática de Cancún porque considera que los países desarrollados no asumen suficientes obligaciones. El Gobierno boliviano presentará un recurso ante La Haya.

Ecologistas saludaron con reservas los resultados obtenidos en Cancún. Estos significan un empujón al proceso de negociaciones multilaterales, pero aportan poco, dicen, a la hora de combatir de forma efectiva el cambio climático. Bolivia bloqueó un consenso entre los 194 Estados participantes en la cumbre mexicana y, aunque inicialmente contó con el apoyo de un centenar de países en desarrollo, la mayoría optó al final por dar prioridad a un acuerdo de mínimos y retomar la discusión en el próximo encuentro de Sudáfrica.

“Bolivia dejó en claro que los resultados de Cancún se encuentran aún muy lejos de las demandas de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático”, afirma el director de la política climática internacional de Greenpeace, Martin Kaiser, en conversación telefónica desde México. De lado quedó, indica el experto, una reducción clara de la industria del carbón y de los hidrocarburos por parte de los países industrializados. “Por ello, Bolivia se opuso a respaldar los acuerdos y pidió que se hicieran correcciones”, explica.

Bolivia se queja de arbitrariedad

Un globo de Greenpeace al lado de la pirámide de Chichen Itzá. Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift:  Un globo de Greenpeace al lado de la pirámide de Chichen Itzá. El embajador boliviano ante las Naciones Unidas, Pablo Solón, calificó de arbitrariedad la aprobación de la Declaración de Cancún, que no respetó el derecho del país latinoamericano ni el principio del consenso. “Se ha cometido un atropello muy grande, se han violando las reglas del multilateralismo”, dijo el diplomático, y advirtió que su país presentará un recurso legal ante el Tribunal Internacional de La Haya en contra del documento. Solón señaló que el precio del concierto en Cancún ha sido abrir la puerta a que se sustituya el Protocolo de Kioto (1997) por otro instrumento con menores obligaciones para los Estados ricos.

Solón, un ex activista antiglobalización, insistió hasta el último de los doce días de negociaciones en que los países desarrollados debían reducir a la mitad sus gases efecto invernadero hasta el 2017 con respecto a los niveles de 1990. Durante las conversaciones, el embajador insistió en que el acuerdo alcanzado supondría no un calentamiento de dos grados sino de cuatro, lo que consideró un “genocidio” y un “ecocidio”.

Uno de los objetivos de la delegación boliviana era llegar en Cancún a un pacto para estabilizar el calentamiento del planeta en un grado centígrado como máximo, mientras que las grandes potencias se inclinaban por el tope de dos grados. Ecuador compartió algunas de las objeciones de Bolivia y consideró que las metas de reducción de CO2 que los poderosos ponían sobre la mesa eran ampliamente insuficientes. Pero poco a poco Bolivia se fue quedando sola. Hasta sus tradicionales aliados, como Cuba, Venezuela y Nicaragua acabaron respaldando el texto final.

Volver a Sudáfrica

La imagen que Barak Obama dio en Cancún fue “débil”, opina Kaiser, y el inmovilismo de países como Estados Unidos complica enormemente las cosas. “Las negociaciones continuarán siendo difíciles, pero no podemos seguir esperando. El calentamiento global avanza a una velocidad vertiginosa”, advierte el experto de Greenpeace.

No es momento para lamentos, dice Kaiser. Ahora lo importante es ponerse a trabajar: “Europa jugó esta vez un mal papel. Los europeos tienen que hacer la tarea y volver a Sudáfrica con un objetivo más alto en cuanto a las reducciones y con una mayor capacidad de negociación. En Estados Unidos es importante que la lucha no ceda a nivel nacional para que haya más posibilidades de maniobra en encuentros internacionales”, concluye.

Ecologistas coinciden en que es necesaria una mayor coordinación entre los participantes en este tipo de eventos para que un solo país no pueda bloquear el documento final. Pero más urge aún que los principales contaminantes- unos 22 países causan el 80 por ciento de las emisiones de gases nocivos- se pongan de acuerdo, asuman responsabilidades y estén dispuestos a colaborar.

 

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