Lo que nunca se aclara sobre la biotecnología y los transgénicos

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en Revista del Campo el 03 de enero de 2011. Vea revista on line AQUÍ.;


Toda persona tiene derecho a saber y elegir, sobre esto no hay duda. Por ello cuando se habla de transgénicos, biotecnología, OGM y VGM, es necesario ser claro, preciso y consistente. Estos conceptos no son sinónimos, y, por tanto, no pueden utilizarse indistintamente, ya que con ello sólo se confunde a las personas, sean estas ciudadanos, tomadores de decisiones o consumidores.

Un organismo transgénico es aquél al que se le ha introducido uno o más genes de otra especie mediante manipulación genética, con un propósito definido, mientras que los OGM (organismos genéticamente modificados) y VGM (vegetales genéticamente modificados) corresponden a conceptos más amplios, pues son organismos manipulados en su genética, pero a los que no necesariamente se les ha insertado un gen de otra especie. Por último, la biotecnología incluye toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos en usos específicos.

Cuando se pone todo en un mismo saco, no se ayuda a la población a entender y decidir informadamente. Esta práctica es común entre las empresas que producen y comercializan transgénicos, que eluden la entrega de información clara y precisa, y también el debate informado, y más bien tienden a generar descalificaciones masivas sobre las personas o grupos de interés que les solicitan información.

Los productores de transgénicos han buscado mecanismos de "lobby" político y formas de penetración y sensibilización de la ciudadanía, parlamentarios y tomadores de decisiones, tal como ha hecho en nuestro país ChileBio, que según cita su página web "es una asociación sin fines de lucro, dedicada a informar y educar sobre Biotecnología Agrícola, promoviendo la agricultura sustentable, las buenas prácticas agrícolas, la protección de la salud de los consumidores, la preservación del medio ambiente, el respeto a la propiedad intelectual, y el establecimiento de normas con criterio científico para la regulación de la Biotecnología Agrícola". Cuesta creer tantas buenas intenciones cuando en su directorio están las principales empresas productoras de transgénicos en el mundo: Monsanto, Pionner, Syngenta, entre otras. Todas ellas son organizaciones con claros fines de lucro. Debemos tener muy claro que las empresas, por regla general, no están para garantizar el bien común sino para ganar dinero.

Lo cierto es que, a través de entidades como ChileBio, las empresas de transgénicos en los últimos años confundieron los conceptos y desinformaron a la opinión pública, además de señalar las supuestas bondades de los transgénicos, pero sin entregar datos duros. Los efectos de los productos y cultivos transgénicos, tanto en el medio ambiente como en la salud de las personas, han sido objeto de controversia desde su aparición, pero hasta ahora lo único que se ha logrado es sumar investigaciones científicas a favor o en contra de su uso, sin establecer verdades concluyentes y basadas en estudios de largo plazo, que puedan ser difundidas y fácilmente comprendidas por la opinión pública.

Este es el motivo por el que desde la sociedad civil se solicita la aplicación del principio precautorio; lo que organizaciones y ciudadanos hemos solicitado desde hace mucho tiempo, tanto a las autoridades de gobierno como a las empresas del rubro, es sostener un debate de alto nivel para discutir sobre la política pública que debe adoptar nuestro país en relación a la transgenia. No queremos seguir siendo testigos de campañas comunicacionales confusas y de decisiones tomadas por las autoridades a espaldas de los ciudadanos. Esperamos que la discusión sobre transgénicos se haga de cara al país, con datos fidedignos sobre costos y beneficios económicos, ambientales y sociales.

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