La imagen verde de Piñera y su lamentable política energética

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en portal el Quinto Poder el 28 de febrero de 2011. Vea portal AQUÍ.


Desde la primera vez que Piñera fue candidato a la Presidencia de la República, el año 2005,  intentó marcar la diferencia con los otros postulantes a la Moneda haciendo gala de un mayor conocimiento y preocupación por las temáticas ambientales, así como por los temas energéticos y se manifestó a favor de las energías renovables no convencionales. Pero, pese a sus declaraciones y argumentos, siempre quedaron dudas sobre hasta qué punto estaba dispuesto a materializar de todo lo dicho. Sin duda su primer programa de gobierno, presentado en la campaña del 2005, era mucho mejor en materia ambiental que el del año 2009, que es mucho más débil y con pocos compromisos de fondo. En todo caso, este análisis ya forma parte de la historia, porque hoy lo que importa es que el Presidente Piñera simplemente ha dejado de vestirse de verde. En menos de dos semanas hemos sido testigos de cuánta importancia le atribuye este gobierno a la ciudadanía y a los temas energéticos y ambientales. Finalmente, esto no es una sorpresa,  se veía venir, pero no por eso deja de ser escandaloso.

La más reciente muestra de ello es la aprobación por parte de de la Comisión de Evaluación Ambiental de Atacama del proyecto Castilla, que pretende construir la central  termoeléctrica más grande de Sudamérica, con una capacidad de generación de más de 2.100 MW y con una inversión del orden de los USD 4.000 millones. Este hecho ha dejado en evidencia el sello de este gobierno: las personas y el medio ambiente no importan. Piñera perdió su oportunidad de hacer un cambio en este país, incorporando nuevas formas de gestionar la demanda energética y las débiles regulaciones ambientales. Al igual que en los gobiernos de la Concertación, se ha preferido privilegiar las grandes inversiones y a los grandes consorcios empresariales que buscan el lucro en desmedro de la ciudadanía y de los ecosistemas.

Con la reciente aprobación de dos proyectos emblemáticos para la ciudadanía, como son la central termoeléctrica Castilla y la explotación minera en Isla Riesco, ya no hay nada que esperar de la política ambiental y energética de Piñera. Hemos pasado de un escenario de promesas de buenas intenciones a la realidad de tener un Presidente-empresario que alinea a sus subordinados para aprobar proyectos que no son necesarios para el país y que, por el contrario, generan enormes daños a las economías locales y a los ecosistemas naturales.

Pero la historia es larga y no se inicia con este gobierno. La forma de actuar del actual gobierno no es distinta de las actuaciones de los ex presidentes Frei, Lagos y Bachelet. Lo que hoy ocurre con Castilla e Isla Riesco, así como con tantos otros proyectos que tiene implicancias ambientales y energéticas, es posible porque el país cuenta con una débil regulación ambiental, desarrollada e implementada en los gobierno tanto de la Concertación como de Piñera. Lo mismo ocurre en el plano energético, en el que la política de generación eléctrica está en manos de los privados y el gobierno no tiene facultades para ordenar a las empresas, pues son éstas las que deciden cómo, cuándo y dónde realizar sus proyectos. Si desde el año 1990 a la fecha ningún gobierno ha sido capaz de desarrollar un marco regulatorio adecuado y una política energética eléctrica discutida con todos los actores, no es precisamente por falta de tiempo o posibilidades, es  debido a que ha existido y existe una complicidad entre autoridades y empresarios. En esto sentido, Piñera es un continuador de una pseudo política ambiental y energética que no busca el beneficio del país, sino sólo el beneficio de las grandes empresas.

Esperemos que las reacciones ciudadanas y la más que probable baja en la popularidad, esa que le gusta tanto al Presidente, lo hagan reflexionar sobre las decisiones tomadas.

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