Emergencia en Japón: reabre el debate nuclear en Chile y el mundo

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa de Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en edición especial de blog La Tercera sobre energía nuclear, publicada el 16 de marzo de 2011. Vea blog AQUÍ


Japón vive hoy un preocupante y complejo panorama nuclear, luego que el pasado 11 de marzo se registrara en ese país el segundo terremoto más fuerte (9.1) del que se tiene registro a nivel mundial -el primer lugar lo ocupa el de Valdivia, Chile (9.5) en 1960- y un devastador tsunami que afectaron gravemente algunas de las centrales nucleares que ese país utiliza para la generación de energía eléctrica. Esta situación llevó a las autoridades japonesas a declarar una emergencia nuclear de la cual todavía se desconoce la magnitud de sus proporciones, así como los efectos que provocará en la zona y en la salud de sus habitantes.

Pero esta situación no sólo preocupa a las autoridades y ciudadanos nipones sino que ha despertado alarma mundial. Esto pues, la fuga de radiaciones desde la central Fukishima -dependiendo de su magnitud, de variables meteorológicas entre otros- podría tener consecuencias en diversos puntos del planeta, por lo que desde los cincos continentes se sigue en detalle los sucesos registrados en Japón.

La alarma encendida en el mundo a partir de la emergencia en Japón, además, ha permitido reabrir el cuestionamiento y el debate a nivel mundial sobre la opción nuclear como el futuro energético de varios países y como una de las opciones de respuesta al calentamiento global, llevando incluso a que países europeos como Alemania congelen temporalmente sus planes de prolongar la vida útil de sus reactores nucleares, otros como Suiza suspendan el otorgamiento de licencias para nuevas centrales de este tipo. Hemos escuchado, además, que importantes representantes de las principales agencias internacionales atómicas señalen la necesidad de estudiar acuciosamente lo ocurrido en Japón, con la finalidad de sacar lecciones y muy probablemente concretar una nueva serie de exigencias para el desarrollo de esta industria.

La situación de Japón no es para nada indiferente a nuestro país. Esto porque desde hace algunos años, producto del fuerte lobby de las empresas del rubro, el gobierno viene sentando las bases para dar cabida a la energía nuclear dentro de nuestra matriz energética. De hecho, este viernes 18 de marzo se apronta a firmar un convenio de colaboración con Estados Unidos para la creación de capacidades en el país sobre la materia.

Sin embargo, la emergencia nuclear de Japón supondría que las autoridades chilenas debieran darse un tiempo para la reflexión antes de avanzar en cualquier dirección. Hay que considerar que Chile se asemeja a Japón en sus características sísmicas; se trata de dos países que han sufrido los mayores terremotos registrados, pero tenemos tremendas diferencias en cuanto a capacidades instaladas. Antes del 11 de marzo, cada vez que se hablaba de energía nucleoeléctrica en Chile, la referencia obligada de buen ejemplo era Japón; hoy la  experiencia japonesa muestra que ni la mejor tecnología, ni la mayor inversión en profesionales, infraestructura, medidas de seguridad, educación cívica, etc., son suficientes ante desastres naturales impredecibles. 

En consecuencia, antes de tomar cualquier decisión, el llamado a nuestras autoridades es a estudiar con seriedad los riesgos que representa el desarrollo de la energía nuclear en Chile, ya que si trasladamos lo ocurrido en Japón a nuestro país, las consecuencias registradas serían mucho peores, porque no existe ni la preparación profesional para contener una emergencia nuclear de esas características, ni las condiciones de seguridad mínimas para brindar un óptimo resguardo a la comunidad ante posibles emisiones radiactivas, que pueden afectar no sólo la salud de la población sino también al entorno, ya que este tipo de emisión contaminante permanece por largo tiempo en el ambiente. Hay que considerar, además, que nuestro país cuenta con un potencial de energías renovables limpias que el Gobierno sí debería impulsar como el futuro energético de Chile.

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