La triste herencia familiar de Ventanas

María Antonia es una de las alumnas de la escuela de La Greda. Su familia ha muerto poco a poco de cáncer, como varias de las que conviven con el complejo industrial.;La Terceram 27 de marzo 2011.
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María Antonia Córdova estudia en el segundo básico en la Escuela La Greda y el año pasado ocupó el segundo lugar de su curso. Todo un logro, dicen en su familia y en el colegio. Y cómo no va a serlo, si una bronquitis crónica la dejó ir dos veces por semana a clases en 2010. Hoy, María Antonia sigue enferma.

A sus siete años, la tos, los remedios e inhaladores son tan comunes como quedarse en casa, sin poder jugar con sus compañeros. Así fue el miércoles, cuando vio por televisión cómo sus compañeros eran atendidos en el Consultorio de Ventanas al intoxicarse con los gases de Codelco Ventanas. Ella se puso a llorar.

"¡No, no, no nos moverán!", gritaba hace dos semanas en el patio de la escuela cuando los apoderados protestaban por el posible traslado de la escuela. Sin saberlo, serían sus últimos días ahí tras la resolución sanitaria que prohibió el funcionamiento.

"Ella llora, porque no quiere dejar de ver a los niños y no pudo venir los últimos días", cuenta su abuela Rosa Córdova, que hace 13 años es inspectora. "Estoy con pena por ella, con nostalgia por todos, porque la escuela de años de un día para otro se cierra. Hay preocupación. Y el aire es pesado en todas partes aquí", dice y recuerda que en los 90 los niños iban con mascarillas a clases". Eso antes no salía en TV.

El viernes, unos 70 apoderados de los 132 alumnos aprobaban enviar a sus hijos a la Escuela La Chocota, a dos kilómetros, para que ahí retomen sus clases mientras se define la nueva escuela.

"No tiene sentido. Los niños duermen, juegan y viven aquí en lo contaminado. Si le suspenden las clases para resguardar su salud, que suspendan sus vidas aquí y nos lleven a todos, que paguen por nuestras tierras que ocuparán para más industrias", decía molesta Marisol Santander.

En abril, todos los alumnos serán sometidos a exámenes físicos y de orina para ver el impacto de los metales en sus organismos, resultados que, según el ministro de Salud, Jaime Mañalich, se conocerán en junio.

"El cobre se asocia a daños hepáticos, cerebrales, psiquiátricos, sirrosis y cáncer hepático; el arsénico a cánceres gástricos, linfomas y digestivos", asegura el doctor Mauro Carvacho, director municipal de Salud. "Pero el daño que pudieran provocar se verá en 20 años. Hoy un porcentaje alto de pacientes con cáncer gástrico, hepático, linfomas, han vivido más de 20 años aquí", señala.

Poco sabe Antonia de esos metales, menos de que el nivel de arsénico supera 1,33 veces la dosis máxima de metal para niños antes de que cause efectos no deseados. Sólo sabe que su escuela -la primera de Chile con certificación ambiental desde 2002- hoy está contaminada y clausurada.

Hace casi medio siglo que La Greda, Ventanas, Maitenes y otras localidades conviven con el parque industrial de Ventanas, desconfiando de lo que respiran y del agua que hasta hace tres años era de pozos. La recomendación que hizo en terreno el Seremi de Salud, Jaime Jamett, para muchos fue histórica y la primera acción concreta en décadas de espera. "Por primera vez el gobierno reconoce que aquí se contamina", dice David Insunza, del Consejo Ecológico Puchuncaví-Quintero, que hace años lo denuncia.

El viernes, al igual que la Agrupación de Ex Trabajadores de Enami -con 135 obreros muertos por cáncer-, interpusieron en la Corte de Apelaciones de Valparaíso un nuevo recurso de protección contra Codelco. Anteriormente, los libelos contra ésta y otras empresas no han sido acogidos.

Los mismos tóxicos que desde 1985 han sido advertidos son a los que por más de 20 años estuvieron expuestos el bisabuelo de Antonia, Clodomiro Córdova y su tío Abelardo. Ambos ex trabajadores de la Enami local (Codelco desde 2004) murieron por cáncer al estómago. También su bisabuela.

Rosa Córdova se emociona al recordar la triste herencia familiar. "Me da terror ir al médico. Prefiero vivir sin saber", dice. Su amiga, la profesora Claudia Tapia (42) dos veces por año debe controlar el cáncer uterino que se le detectó en 2000. Su madre murió de cáncer al estómago y ella cree que fue el contacto al lavar a mano la ropa de trabajo de su papá lo que la afectó. "Mi papá en el 80 llegaba a la casa con tarros grandes de leche Nido que les daba Enami, porque les decían que la leche mitigaba los ácidos. Ya sabían de contaminación", dice.

José Tapia recuerda que tras turnos de 12 horas en la nave electrolítica "los viejos se duchaban y el agua corría verde, era el ácido". De ahí el apodo "viejos tripas verdes". Mas su único nieto, de 22, postula hoy a una de esas empresas. "Uno crece pensando poder trabajar ahí. No hay más que hacer", dice el joven.

La ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, anunció varias medidas junto a las empresas. Jorge Rivera, gerente de Asiva, el gremio que agrupa a las 19 firmas de la zona, dice: "provocamos el problema y seremos parte de la solución" y no descarta que esa implique trasladar las localidades. Mientras, María Antonia espera en su casa qué pasara con su escuela, su casa y su pueblo.  
 
El último informe del Ministerio de Salud detectó en salas y patios de la escuela altos niveles de arsénico y cobre.

Unos 135 obreros muertos por cáncer ha registrado la Agrupación de ex Trabajadores de Enami.

 

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