Atucha II: la polémica tercera central nuclear que Argentina quiere echar a andar este año

Ubicada a 115 kilómetros de Buenos Aires. Lleva más de 20 años de interrumpida construcción, tiempo en que la tecnología y las normas de seguridad cambiaron. ¿Es un riesgo para Chile? El Mercurio, 06 de abril 2011.


Ocurrió exactamente al otro lado del planeta, pero la crisis nuclear de Fukushima desató el debate mundial sobre este tipo de energía y sus riesgos. Y Chile, aunque lejos, también entró en cuestionamiento, incluso se detuvieron los planes para construir centrales en el país.

La pregunta es: si nos preocupa Japón, ¿cuánto nos debe importar lo que pase en Argentina?

En ese país, el debate por las centrales nucleares también se instaló. Allá tienen dos plantas en funciones (Atucha I y Embalse) y para este año se espera la puesta en marcha de Atucha II.

Sobre esta última está puesto el foco de las dudas, pues el proyecto data de 1981 y lleva más de 20 años en construcción. El proceso se detuvo en los 90 y en el año 2004, el gobierno de Néstor Kirchner decidió retomar las obras para que la central iniciara su funcionamiento en 2010. El plan aún no se cumple, pero en septiembre de este año podría entrar en acción.

"El reactor que va a terminar siendo, no es el mismo que se planificó originalmente. Hay un tema tecnológico ahí relativamente importante. El proyecto se ha interrumpido muchas veces, lo cual, lamentablemente, significa que mucha gente ha metido mano", plantea el ingeniero nuclear chileno José Maldifassi (ver recuadro).

"Es un reactor que puede que tenga una baja confiabilidad en el sentido de que su historia es difícil de trazar. ¿Qué ha pasado con los equipos, se han deteriorado o no? ¿Cómo lo van a hacer para mezclar cosas antiguas con cosas nuevas?, porque hay fabricantes que ya no existen. Ahora hay otros requerimientos. Hay mucha incertidumbre", continúa el profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Pero toda esa incertidumbre a los chilenos no debe preocuparnos, según Maldifassi. "En esta zona los vientos predominantes van desde el Pacífico al Atlántico. Nada de lo que ocurra en Atucha II, un accidente por ejemplo, nos afectaría".

El director de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (Cchen), Jaime Salas, es menos categórico. "Depende del tipo de accidente. Contestar esa pregunta requiriría de una modelación de la situación y de un entendimiento de cuáles son las condiciones bajo las que se produjo ese accidente. Pero no tenemos ningún antecedente que permita concluir que la presencia de cualquier planta nuclear argentina pudiera representar un peligro para nosotros".

Salas es particularmente cauteloso en opinar sobre la seguridad en las plantas argentinas. Dice que no es misión de la Cchen hacer ese tipo de investigaciones, que para eso existen organismos regulatorios locales e internacionales.

"Si sospecháramos de una situación complicada, habríamos recurrido a la OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) o a nuestros pares argentinos y les podríamos preguntar si esto implica algún riesgo para nosotros", agrega Salas. Y explica que ésta es un área muy regulada y eso lo hace "bastante confiable". "Las consecuencias de tener mala información pueden ser graves, porque esconder información en esta industria es muy grave", asegura.  
 
Atucha II se construiría fruto de una alianza entre el estado argentino y la empresa alemana Siemens, que se firmó en 1981. La obra debía terminar en 1987, pero comenzaron a retrasarse y, luego, los alemanes se retiraron pues dejaron de trabajar en energía nuclear. La empresa francesa Framatone quedó a cargo de esa área de negocios de Siemens. En 1993, Carlos Menem suspendió los trabajos.

2004 El Presidente Néstor Kirchner decide reanudar las obras y comienzan las negociaciones del gobierno con Framatone. El costo total, que se estimó originalmente en 1.600 millones de dólares, paralización incluida, ha implicado una inversión total de US$ 3 mil millones hasta 2007, año en que finalmente se reinició la construcción.

2011 En febrero pasado debía comenzar a funcionar la turbina de la central, pero sin echar a andar el reactor nuclear. Esto para verificar que no existieran problemas, debido a que la mecánica fue fabricada por Siemens hace más de 15 años.

 

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