Catástrofe en Japón: Fukushima alcanza el nivel de Chernóbil

Japón eleva la gravedad del accidente nuclear de 5 a 7, el máximo en una escala internacional. La zona de evacuación se amplía a 40 kilómetros de la central. El Pais.com, 12 de abril 2011.


Japón ha tardado un mes en asumir la realidad del accidente de Fukushima. Esta madrugada, la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón ha decidido que el desastre merece un 7 en la escala de sucesos nucleares (en una gradación de 0 a 7), lo que le sitúa a la altura de Chernóbil.

Fukushima no es un "accidente sin impacto significativo", como declaró durante semanas; tampoco es un "accidente con riesgo fuera del emplazamiento", como mantuvo durante un mes. Fukushima es "un accidente grave", un nivel 7. Hasta ahora, Japón había mantenido la calificación de nivel 5, la misma que el accidente de Harrisburg (EE UU, 1979), en el que no hubo apenas liberación al exterior. Excepto el de Chernóbil (1986), no ha habido ningún otro nivel 7 en la escala de sucesos nucleares. Países como Francia ya apuntaron desde el principio que, como mínimo, Fukushima debía ser un nivel 6, pero fueron acusados desde Tokio de alarmistas. La central retrocedió ayer durante 49 minutos al punto de partida, a la crítica situación que vivió tras el tsunami justo un mes antes. Un terremoto de magnitud 6,6 en la escala de Richter a 68 kilómetros de Fukushima dejó a la planta sin suministro eléctrico y sin refrigeración entre las 17.16 y las 18.05 (hora local japonesa). Una nueva réplica, de magnitud 6.3, ha sacudido hoy por la mañana (sobre la una de la madrugada peninsular) el este de Japón, en la prefectura de Chiba.

La pérdida de energía externa tras el tsunami del 11 de marzo dejó a cuatro de los seis reactores de la central en tan mal estado que, un mes después, Japón no logra controlarlos ni aventura cuándo podrá llevarlos a una parada fría. El Gobierno japonés admitió ayer que tendrá que ampliar la zona de evacuación incluso a pueblos situados a 40 kilómetros debido a los altos niveles de radiactividad, pero lo hará a lo largo de un mes. Que en Iitate, un pueblo de 7.000 habitantes a 40 kilómetros al noroeste de la nuclear, hay altos niveles de contaminación no es ninguna sorpresa. El 25 de marzo, dos semanas después del tsunami, los partes del Gobierno japonés detectaban ya una contaminación por cesio-137 en el suelo de 163.000 bequerelios por kilo (500 veces más de lo permitido en la UE). El cesio-137 tarda unos 300 años en desaparecer.

La organización ecologista Greenpeace y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) alertaron de que Iitate superaba los niveles de contaminación a partir de los cuales era recomendable la evacuación. El aviso del OIEA se produjo el 29 de marzo, pero el Gobierno japonés ha ido a remolque. Primero fijó un área de exclusión de 20 kilómetros, después recomendó que, voluntariamente, se fueran los habitantes a menos de 30 kilómetros y ayer, su incansable portavoz, Yukio Edano, anunció que ampliaría el perímetro para evacuar tres pueblos más (Iitate, Katsurao, Namie) y zonas de las localidades de Minami Soma y de Kawamata.

"No hay razón para evacuar inmediatamente", declaró Edano y añadió que les mueve el temor a los efectos de la radiación a medio plazo. Además, el Ejecutivo anunció que se pondrá serio con los residentes que, ignorando la recomendación, siguen en la zona de exclusión.

Desde el 13 de marzo, las autoridades japonesas han medido la radiación a 131.604 personas. De ellas, 102 presentaron contaminación en la ropa, pero ninguna contaminación corporal por encima de los límites. En Iitate y Kawamata se han realizado mediciones en 946 niños para estudiar la acumulación de yodo radiactivo en su glándula tiroides, sin que se hayan detectado niveles superiores a los fijados por Japón, según el Consejo de Seguridad Nuclear.

"Nos parece bien esta decisión, pero deberían haberla tomado antes", dijo por teléfono Greg McNevin, del equipo de Greenpeace en Japón. La organización afirma que la gente que aún vive alrededor de Fukushima podría recibir una dosis de radiación de cinco milisievert al año, "que fue el umbral de evacuación en Chernóbil". Las mediciones muestran que la dispersión de las partículas radiactivas no es uniforme. Aunque los vientos dominantes van hacia el Pacífico, hay una lengua de contaminación hacia el noroeste, que engloba a Iitate.

La eléctrica dueña de Fukushima, Tokyo Electric Power (Tepco), anunció ayer que ha dejado de tirar al mar agua radiactiva, después de un vertido de 10.400 toneladas cuyo efecto sobre el medio ambiente es imprevisible. La prueba de la fragilidad de los trabajos para refrigerar la central se vio ayer con la réplica de la tarde, de magnitud 6,6 (aunque inicialmente fue calificado de 7,1), que generó una alerta de tsunami que no llegó a producirse. Dos personas murieron en las prefecturas de Fukushima e Irabaki. El seísmo obligó a evacuar a los trabajadores de la central y Fukushima quedó de nuevo sin refrigeración, la peor situación para una nuclear. La refrigeración es esencial para enfriar el combustible del reactor y de las piscinas.

Según Tepco, cuando retomó la inyección de agua dulce los cuatro reactores más afectados seguían estables. El problema es que casi nadie sabe a ciencia cierta eso qué significa, porque los datos de la central son escasos.Ingenieros de todo el mundo escudriñan los datos que Japón hace públicos para intentar aventurar cuál puede ser la situación dentro de los reactores. La NRC tiene expertos en Japón desde el primer día y la Embajada estadounidense en Tokio recomienda a sus ciudadanos que se mantengan a 80 kilómetros de la central (para enojo del Gobierno japonés) y les ha repartido pastillas de yoduro potásico que, a altas dosis, satura el tiroides e impide la absorción de yodo radiactivo.

Un mes después del seísmo, el recuento de víctimas mortales ya supera las 13.000 personas y los desaparecidos son casi 14.000. Desde el 11 de marzo, dos réplicas han rebasado el 7 en la escala de Richter. Una de esas grandes réplicas, de 7.1, dejó el jueves con problemas de alimentación eléctrica a las nucleares de Higashidori y Onagawa y en la planta de enriquecimiento de uranio de Rokkasho, aunque según el OIEA ya han recuperado la normalidad.

 

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