Cómo son las doce zonas saturadas por contaminación que existen en el país

Afectadas por actividad de las fundiciones, la minería, el humo de leña y el transporte. Sus habitantes deben soportar desde emanaciones químicas hasta el simple polvo en suspensión. Pueblos completos han sido relocalizados y otros luchan contra enfermedades. El Mercurio, 03 de abril 2011.


La contaminación que afecta a la zona de Puchuncaví y Quintero no es la única. Además del área de Ventanas, otras once localidades, ciudades y hasta valles y regiones completas también se encuentran bajo esta categoría crítica debido a sus altos índices de contaminación.

Las primeras declaratorias de zonas saturadas se registraron en 1993, con Paipote (Atacama) y las salitreras María Elena y Pedro de Valdivia (Antofagasta). Les siguieron Ventanas (1994), Caletones (1994), la Región Metropolitana (1996), Potrerillos (1997), Temuco y Padre Las Casas (2005), Tocopilla (2007), Andacollo (2009), Calama (2009), el valle central de la Región de O’Higgins (2009) y Talca (2010). Sin considerar la Región Metropolitana, en esas áreas viven casi 1.300.000 personas.

– La Región de Antofagasta suma ya tres zonas declaradas bajo saturación por contaminantes de industria y minería

Tal como ocurrió en Ventanas, la escuela N° 10 de Tocopilla dio la alarma de la contaminación en esa ciudad. Registros de monitoreo del aire en una estación emplazada en el recinto llevaron a solicitar el año 2005 que la ciudad se declarara como zona saturada por material particulado (PM10).

Esta declaratoria llegó el 2007, debido a las altas emisiones provenientes de las termoeléctricas Electroandina y Norgener, el procesamiento de minerales oxidados para producir cátodos de cobre en la empresa Lipesed, el almacenamiento y embarque de productos agroquímicos de SQM y otras fuentes como el polvo en suspensión causado por el tránsito de vehículos.

Y recién el 12 de octubre de 2010, la ciudad cuenta con un Plan de Descontaminación Atmosférico, que da un plazo de siete años (hasta 2017) para mejorar la calidad del aire y cumplir con la norma.

Pero los problemas en la zona se mantienen, dicen sus habitantes. "Esto hizo crisis hace más de cinco años. Siempre es lo mismo, el aire pesado, casi irrespirable, el polvillo que se pega en la ropa, niños con bronquitis y alergias", afirma Sonia Gómez (40).

Según un estudio para la descontaminación de Tocopilla, las emisiones anuales de PM10 alcanzan las 3.500 toneladas. De ellas, 95,2% provienen de las termoeléctricas, pero también hay otras fuentes. "Tenemos un botadero de cenizas a 2 km de las casas. Cuando hay viento o cambios de temperatura tenemos muchos problemas, sobre todo por los niños y adultos mayores", dice Juan Cabello (40).

Aunque la contaminación de Tocopilla es la más grave, no es la única en la región. Calama fue declarada zona saturada por PM10 en mayo de 2009, y tres meses más tarde se comenzó a elaborar un plan de descontaminación que aún no opera por completo.

Se estableció que los principales agentes contaminantes eran las faenas mineras, construcciones, calles sin pavimentar y el desierto. "Como Calama es minería y estamos al lado de Chuquicamata, casi todo el mundo piensa que la contaminación sólo viene de ahí. Pero la falta de pavimentación calles es tanto o más preocupante", dice Laura Torres (45), comerciante del lugar.

A Calama y Tocopilla se suman las salitreras María Elena y Pedro de Valdivia, declaradas zonas saturadas por PM10 en 1993. Allí rige un plan de descontaminación desde 1999, que ha permitido bajar las emisiones.

– Contaminación de fundiciones obligó a trasladar poblados completos y reinstalar actividad agrícola a 20 km de distancia

A principios de la década de 1990, cerca de 5.000 personas vivían en el poblado minero de Potrerillos, en Atacama. Pero la contaminación con anhídrido sulfuroso (SO2) causada por la fundición y refinería de Codelco en el lugar alcanzó índices tan altos, que en 1997 el gobierno declaró toda el área como zona saturada, exclusiva para industrias y donde no podía vivir población.

Gente que vivió por décadas en el campamento fue trasladada a El Salvador y a otras divisiones de la minera, y se inició un plan de descontaminación y modernización de chimeneas para cumplir las normas ambientales.

"Todo era gris, más que en Ventanas. En el colegio siempre había una nube de contaminación, era terrible, y el hollín se quedaba en las casas y en las calles", recuerda Carlos Rojas, ex habitante del lugar.

En Machalí (O’Higgins), las 120 mil ha que rodean la fundición Caletones de Codelco se declararon zona saturada por SO2 y material particulado en 1994. Los campamentos fueron trasladados años antes.

Hoy los asentamientos humanos y agrícolas se ubican a 20 km de distancia, en Coya. "La inversión de Codelco en plantas de tratamiento de ácido bajaron la contaminación, pero en sectores de Coya hay lugares que están desérticos, donde no se pueden plantar ni árboles", dice el alcalde de Machalí, José Miguel Urrutia.

En 1992, en la localidad de Paipote (Atacama), las emisiones de la fundición Hernán Rivera Lira causaron episodios de intoxicación en niños y familias cercanas a la industria, y movilizaciones masivas en la vecina Copiapó.

Tierra Amarilla, Paipote y la localidad de San Fernando de Copiapó fueron declaradas zonas saturadas por SO2 en 1993, y hoy se estudia ampliar la zona a toda Copiapó, sumando una población de 200 mil personas. Esto, porque en los últimos años se sumó contaminación por CO2 y material particulado de empresas mineras y relaves.

"No creemos que Paipote no contamina. Todas las mañanas sentimos ese olor, la ropa se ensucia con el humo y los niños son los que más sufren. Todos los días van al consultorio", afirma Ruth Trujillo, dirigenta de Tierra Amarilla.

– Zona centro-sur está saturada por humo de leña y transporte

"La contaminación en Temuco es más mortal y dañina que la de Santiago (…). El riesgo de morir por sus efectos es mayor en Temuco que en Santiago, e igual a Rancagua", afirma el médico Ricardo Celis, ex intendente de La Araucanía, citando un estudio del año 2007.

La contaminación del aire en la ciudades vecinas de Temuco y Padre Las Casas -suman 236 mil habitantes-, comenzó a hacer crisis en la década del 90 por el crecimiento demográfico y el uso de leña, que aporta el 92% de la contaminación en la zona.

Desde que se comenzó a medir la calidad del aire, en el 2001, ambas ciudades han registrado 178 episodios de superación de la norma, hay un plan de descontaminación vigente desde 2010 para disminuir el nivel de polución atmosférica en 21% al 2015 y 31% al 2020.

En Talca los altos índices de contaminación por humo de leña húmeda llevaron a la Seremi de Salud a solicitar el 2007 a la Corema que la ciudad fuera declarada zona saturada. La declaratoria llegó en junio de 2010, pero los recursos destinados a crear un plan de descontaminación fueron redistribuidos por el terremoto, por lo que hubo que postular a nuevos fondos.

Para los habitantes, la contaminación es un "calvario", aseguran. "Se forma una nube arriba de los postes y el olor a humo es terrible. Cada 15 días tengo que llevar a mis niños al hospital", dice Jacqueline Rojas (47).

Lo mismo ocurre en la Región de O’Higgins, donde en febrero de 2009 se declaró zona saturada al Valle del Cachapoal, que incluye a 17 comunas afectadas por quemas agrícolas y combustión de leña. Aún se trabaja en un plan de descontaminación para la zona, donde la población afectada alcanza a más de 659 mil personas.

En la Región Metropolitana la situación es similar, aunque por distintos motivos. La alta densidad de población (390 personas/km2), grandes industrias y el sistema de transporte han generado elevadas concentraciones de monóxido de carbono y material particulado que cada invierno generan alta demanda en hospitales.

– Actividad minera y existencia de relaves causan contaminación en Andacollo, principalmente por polvo

A fines de la década del 80, las grandes mineras comenzaron a instalarse en los alrededores de Andacollo. Según sus habitantes, esto terminó con la minería a pequeña escala en la zona y muchos de esos trabajadores tuvieron que reconvertirse a la agricultura y emigrar hacia Coquimbo.

"Antes todos trabajábamos en los pirquenes y en los lavaderos de oro. Después jodimos (…) Ahora se ve plata, pero se va para afuera, porque la mayoría de los trabajadores son de otras partes", se queja Juan Soto, de 83 años.

Esto trajo también otros efectos, como la contaminación por el polvo en suspensión, al punto que el año 2009 Andacollo fue declarado zona saturada por material particulado respirable producto de la actividad minera y los relaves emplazados en la zona.

"La contaminación es harta, hay polvo en las casas, pero al menos pasa un camión que va mojando y limpiando las calles. Pero igual cuando sale viento llega la tierra de las tronaduras. Antes era mejor vida", afirma Víctor González (78).

No obstante los altos niveles de polución que afectan el radio urbano de la comuna, no hay estudios que establezcan una relación entre enfermedades respiratorias o un aumento en la tasa de mortalidad a raíz de ello, aunque no se descarta que existan. "Descartar la incidencia de la contaminación sin estudios es arriesgado, pero debemos considerar que en los problemas respiratorios inciden muchos factores", explica el director del hospital local Claudio Baeza. 

 

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