Desarrollo brutal, el verdadero costo del poder

Columna de opinión de Pedro Serrano, Presidente de Fundación Terram, publicada en portal Chasquis.cl el 07 de abril de 2011.;


El dinero da el poder, lo hemos visto desde Pascua Lama hasta Karadima, desde HidroAysén hasta Ventanas. Toda una trama de entuertos poco claros en los cuales las decisiones más profundas se logran mediante el lobby monetario de empresas internacionales y empresarios nacionales, tan insertos en la sociedad de mercado, tan políticamente resguardados, tan ciegos por la avalancha de dólares y euros, que han demostrado públicamente que la vida de las personas y la estabilidad de ecosistemas vitales y esenciales poco les importa.

Esto se da desde hace muchos años y es aplicable a todos los gobiernos. Es probable que en los últimos años el asunto se haya acentuado, pero habrá que admitir que el desastre ambiental de Chañaral tiene décadas, que la contaminación de Ventanas y la Bahía de Quintero también tiene décadas, que el plomo que respiraron los niños de Arica y el polvo con metales mortales, que desalojó poblados enteros, fue depositado en años de años. Este desastre continuo y salvaje no pertenece a tal o cual periodo de gobierno, pertenece a una manera de hacer desarrollo en función de las ganancias de las familias, empresas y consorcios, que ha dominado por mucho tiempo nuestro modelo de desarrollo, mediante el cabildeo económico, religioso y político.

De acuerdo a lo publicado por El Mercurio el domingo 3 de Abril, 1.300.000 chilenos viven en zonas ya declaradas como saturadas de contaminación, incluyendo la contaminación por leña, malos olores, combustiones industriales y otras. Si se suma a esto las zonas no declaradas aún saturadas pero sí notablemente contaminadas, Santiago para decir alguna cosa, resulta que la mayoría de los chilenos vivimos bajo las amenazas del desarrollo brutal.

135 empleados en Ventanas no adquirieron el cáncer que los mató en un año, fueron quizá décadas de exposición pasiva a mezclas innombrables que emitía producir el sueldo de Chile. El polvo en los suelos de Puchuncaví y la escuelita de Ventanas se acumula allí hace más tiempo que la propia escuelita. Esos niños que han nacido discapacitados y malformados en remotos pueblitos mineros, en remotas localidades agrícolas saturadas de pesticidas, han sido la parte humana del costo que hemos tenido que pagar, todos los chilenos, por un modelo de desarrollo brutal.

Habría que pensar si alguno de los directores de las empresas contaminantes que hay en la localidad de Ventanas se atrevería a vivir todo un año con su familia en ese lugar irremediablemente contaminado bajo su dirección.

La Constitución chilena vigente asegura a todo chileno el derecho a vivir en un ambiente libre contaminación. Esta frase tan repetida en las demandas y en las defensas de decenas de casos parece hoy en día un mal chiste para todos los chilenos, da vergüenza evocarla. El panorama empeora, los nuevos proyectos y los viejos proyectos desgastados de la minería, la carbonización de la matriz energética, la probable inundación de cuencas en Aysén, con la amenaza agregada de una herida territorial larga y contaminante de miles de kilómetros, o la tóxica marea de pesticidas que reciben nuestros cultivos, los humedales industrialmente destruidos, representan para la historia de Chile un panorama triste y desolador. Crecimos en la economía, repartimos mal los ingresos, repartimos pero muy mal los beneficios de la bonanza, pero aun se reparten peor los maleficios de la misma.

Los que mueren o se contaminan y enferman por este estilo de desarrollo, brutal, son además chilenos y chilenas, niños y niñas de escasos recursos ¿Alguien sabe cómo se limpia esto, cómo se soluciona esto? ¿Le preocupa esto al Estado? ¿Son las comunidades capaces de hacer frente al desarrollo brutal que se impone en el país?.

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