¿Cómo Pasamos de la Información a la Acción en Cambio Climático?

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en blog de diario La Tercera el 31 de agosto 2011. Vea blog AQUÍ.


Esta semana, en ceremonia encabezada por el Presidente de la República, Sebastián Piñera y la Ministra de Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, se dio a conocer en nuestro país la Segunda Comunicación Nacional de Chile sobre Cambio Climático, dando cumplimiento así a uno de los compromisos vinculantes asumidos por Chile ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Sin lugar a dudas, la presencia del Presidente de la República junto a la Ministra de Medio Ambiente en el lanzamiento de la Segunda Comunicación Nacional de Chile ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático expresa la relevancia que este gobierno le da al tema del Cambio Climático. Relevancia graficada, además, en la creación de un Comité de Ministros para el Cambio Climático y la conformación de una Oficina especializada para dicha temática dentro del Ministerio de Medio Ambiente.

Sin embargo, llama la atención que en sus palabras el Presidente no haya marcado un liderazgo mayor, anunciando cuáles serán los compromisos, políticas públicas, inversiones, medidas y acciones, que como Gobierno impulsaran para que Chile se adapte y mitigue los impactos negativos del Cambio Climático que, como la evidencia científica indica, ya se están sintiendo en nuestro país.

Al dar una primera mirada a la Segunda Comunicación Nacional, es claro que donde más se ha avanzado es en la esfera del conocimiento y la información –en unos sectores más que en otros- sobre los impactos que tendrá el Cambio Climático en nuestro país. Y si bien, es necesario profundizar aún más en los efectos que tendrá este fenómeno en las distintas áreas del ámbito productivo, social y ambiental, también es necesario pasar de la esfera de la información y el conocimiento a la esfera de la acción.
 
Esto cobra una mayor relevancia si consideramos que a pesar de que Chile no es un país significativo en términos de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel global, sus GEI representan un 0,23% del total mundial. En los últimos años las emisiones a nivel de país ha aumentado de manera importante y en relación a las emisiones de GEI por habitante, ocupamos el lugar 61 a nivel global, lo que no deja de ser significativo. A esto hay que sumarle que, según los criterios de la Convención Marco sobre Cambio Climático, nuestro país es vulnerable frente a este fenómeno pues tiene zonas costeras bajas, ecosistemas de montaña, territorios áridos y semiáridos expuestos a la sequía y a la desertificación, porciones proclives al deterioro forestal, áreas propensas a desastres naturales, áreas urbanas altamente contaminadas y ecosistemas frágiles.

Por tanto, Chile requiere, de manera urgente iniciar un proceso de transformación de sus procesos productivos y su modelo de desarrollo económico y energético. El cambio climático debe ser incorporado como telón de fondo en el diseño de políticas públicas, reconociendo que los años venideros y por tanto, la planificación del país se enmarcaran en un contexto variable. Temas como disponibilidad y acceso al agua, seguridad energética, generación, trasmisión y distribución eléctrica,  desplazados climáticos, entre muchos otros, serán ineludibles y parte esencial de la economía de nuestro país. En este contexto, es necesario una mirada de país de mediano y largo plazo,  desarrollar e impulsar políticas públicas que tenga en cuenta el nuevo escenario mundial, por ello cada política debe tener como consideración y trasfondo los problemas de Chile como país vulnerable y los impactos que ello traerá sobre las personas, los ecosistemas y todas las formas de vida.

El país debiera proponerse generar una política nacional para hacer frente al fenómeno, considerando la diversidad de ecosistemas naturales, los sistemas productivos existentes en el territorio y la extrema concentración de la población en centros urbanos. Esta política no debe ser distinta de la política ambiental nacional, más bien debe ser un motor para articular otras políticas de Estado, planes de acción en materia ambiental y energética y coordinarse con la legislación y/o normativas vigentes o en tramitación. Es aquí donde requerimos el liderazgo claro del Presidente de la República. Esta no puede ser tarea de un Ministerio o de un sector, se requiere un esfuerzo país, donde Estado, sector público y privado, organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía en general participen y contribuyan.

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