En Chiloé intentan recuperar los frágiles bosques de ciprés de las Guaitecas

La mayoría perdió su capacidad regenerativa debido a incendios intencionales. La iniciativa se centra en la reforestación y protección de los ejemplares sanos. El Mercurio, 08 de septiembre de 2011.


Salvo algunos ejemplares que subsisten en remotos valles cordilleranos argentinos, el 99,9% de la población mundial de la conífera conocida como ciprés de las Guaitecas ( Pilgerodendron uviferum ) habita el territorio chileno entre las regiones de Los Ríos y Magallanes.

Como cubre alrededor de un millón de hectáreas y gran parte de esa superficie se concentra en parques nacionales, existe la creencia de que se trata de una especie que no presenta mayores problemas de conservación.

Pero la realidad es muy distinta, asegura Jan Bannister, ingeniero forestal chileno que sigue un doctorado en el instituto de silvicultura de la Universidad de Freiburg, Alemania.

"Gran parte de la superficie de ciprés de las Guaitecas está toda quemada, con nula capacidad de regeneración", asegura.
Cuenta que en los últimos 200 años aumentó la frecuencia de incendios originados por el hombre, especialmente en las Guaitecas y Chiloé.

La madera de ciprés es muy valiosa especialmente para la construcción de botes y postes de cercos. Pero para llegar a ella los leñadores debían atravesar densos bosques de muy difícil acceso. Como descubrieron que la madera de ciprés resistía el fuego optaron por abrirse paso quemando.

Aunque los árboles resistieron, perdieron su capacidad reproductiva y hoy en los únicos lugares donde hay renovación es en aquellos donde quedó algún ejemplar aislado que se salvó de los incendios.

Ahora Bannister investiga las distintas alternativas para recuperar la especie con la ayuda del parque Tantauco, donde ha centrado su estudio que ya lleva tres años de desarrollo.

Al principio pensaron que bastaba con desarrollar plantas en viveros y reforestar. De hecho, en el que tiene la fundación ya han conseguido desarrollar 20 mil plantas con las que esperan iniciar la repoblación en los próximos años.

El experto admite que es tan grande la superficie de bosque quemado que sería muy caro reforestar todo y tampoco existe la cantidad de plantas suficientes para hacerlo. De ahí que también han estudiado cómo recuperar al ciprés de forma pasiva.

Esto implica identificar los lugares donde crecen árboles semilleros, es decir aquellos que se salvaron del fuego, y analizar hasta donde llegan las semillas que producen y qué capacidad de regeneración natural presentan.

El análisis de los últimos bosques vírgenes de la especie les ha deparado muchas sorpresas. Entre otras, que no necesita gran luminosidad para crecer, que algunos individuos viven más de mil años y que crece muy relacionada con las turberas. Estos últimos son ecosistemas conformados por capas vegetales en distinto estado de descomposición y cuya capa superficial está formada por pequeñas plantas vivas que crecen en lugares muy húmedos y son como esponjas.

Al crecer los cipreses en ese entorno, lo hacen de manera muy lenta. "Muchas veces uno ve desde la carretera unas turberas con unos arbolitos chicos y piensa que son renovales de ciprés de no más de 10 o 20 años, pero en realidad tienen 120 años o más".

El problema mayor es que mucha gente por desconocimiento se encuentra acabando con estas frágiles plantas. "En el norte de Chiloé se está plantando mucho eucaliptus, haciéndolo en lugares donde están creciendo con esfuerzo estos renovales", explica.

Los bosques de esta especie no son sólo importantes como recurso vegetal sino que además son refugios de pudúes, zorros chilotes y la ranita de Darwin.

 Muy parecido
El ciprés de las Guaitecas se confunde con el alerce ya que crecen en lugares muy parecidos y a veces lo hacen juntos. Pero hay diferencias: la madera del alerce es más roja, mientras que la del ciprés es más blanca y tiene un olor especial.

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