Cinco años para evitar que el calentamiento global se descontrole

La Agencia Internacional de la Energía fija 2017 como fecha límite para acotar el incremento térmico a niveles "no irreversibles". BBC Mundo, 09 de noviembre 2011.


El calentamiento global ya es imparable pero los próximos cinco años decidirán si puede amortiguarse o bien descontrolarse hasta niveles "irreversibles" con consecuencias potencialmente catastróficas. Es la advertencia de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), organismo dependiente de la OCDE encargado de supervisar las políticas energéticas de los países miembro, en el informe anual presentado esta mañana en Londres.

El documento fija que no habrá vuelta atrás a partir de 2017: si no se produce "un cambio de dirección absoluto" en el panorama energético mundial, el planeta ya emitirá ese año la cantidad de dióxido de carbono que debería haberse alcanzado en 2035 para contener el cambio climático. A partir de entonces y durante 18 años, cualquier emisión añadida de este gas sobrepasará los niveles de control hasta desbocar el cambio climático más allá de los niveles considerados seguros. "Hay tiempo para actuar, pero la puerta se está cerrando", alerta la AIE. De proseguir el ritmo de consumo actual, la temperatura media global aumentará entre los 3,5 y los seis grados centígrados, según las previsiones del organismo.

El objetivo hasta ahora de los acuerdos internacionales es acotar el calentamiento global a los dos grados centígrados, umbral a partir del cual se considera que el planeta padecerá un cambio climático irreversible con pérdidas graves de biodiversidad, problemas de adaptación para las distintas especies y riesgo de inundaciones en zonas densamente pobladas por el aumento del nivel de los océanos. El panel científico de la ONU admite, sin embargo, que un incremento de 1,5 centígrados ya implica riesgos de clima extremo con un aumento peligroso del nivel de la línea oceánica.

"Los países no pueden seguir basando su consumo en fuentes energéticas contaminantes porque resulta insostenible", subraya el informe. Este traza un escenario energético en 2035 en el que destaca el escaso impacto de las energías renovables para frenar la emisión de dióxido de carbono. En dos décadas, esta fuente energética que supone el 13% del consumo mundial pasará a ser el 18%, cifra insuficiente para mitigar el cambio climático. "Los países deben adoptar políticas más agresivas para impulsar estas energías no contaminantes", lamenta la AIE.

Las ayudas y subsidios para fomentar el uso de las renovables alcanzaron los 64.000 millones de dólares en 2010 por los 409.000 millones con que los Gobiernos fomentaron el uso de energías contaminantes como el carbón y el petróleo, según datos del organismo. El consumo de crudo, por su parte, pasará de los 87 millones de barriles diarios a los 99 millones en 2035 mientras el consumo de carbón aumentará hasta el 65% durante el mismo periodo. El gas será la fuente energética que sufrirá un aumento mayor y alcanzará niveles similares a los del carbón.

China y EE UU, actualmente los países que más cantidad de gases contaminantes que propician el efecto invernadero, acumulan ya cerca del 40% de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera. En 2035, China se consolidará como el país más contaminante del mundo y consumirá cerca del 70% más de energia que EE UU. El consumo por persona del país norteamericano, sin embargo, seguirá siendo el doble que el del país asiático.

Las advertencias de la AIE se producen en un contexto récord de contaminación: las emisiones de CO2 alcanzaron las 30.600 toneladas métricas el año pasado (Tm); un máximo mundial que supone el 5% más que el anterior récord, registrado en 2008 (29.300 Tm). Ambos niveles se acercan al límite de las 32.000 Tm que las emisiones no deben sobrepasar desde 2020 para acotar el calentamiento global en unos dos grados, según la AIE. En 2009 las emisiones se redujeron por la crisis económica. Algunos expertos confiaban en que esa mejoría podría consolidarse pero la mayor emisión de gases por parte de los países en desarrollo, especialmente en el Asia meridional, frustraron esta posibilidad.

 

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