Una posible descontaminación nuclear divide a Japón

Futaba es una ciudad fantasma moderna, pero no un ex poblado en auge azotado por la crisis y ni siquiera una víctima flagrante de los devastadores sismos y tsunamis que arrasaron con otras zonas de la costa nordeste de Japón. Sus casas de madera tradicionales han empezado a tombar y derrumbarse tras ser abandonadas, en marzo, por residentes que huyeron cuando la planta nuclear a las afueras del poblado empezó a escapar a todo control. La Segunda/The New York Times, 22 de diciembre 2011.


Aquellos que huyeron de Futaba forman parte de las casi 90 mil personas evacuadas de una zona de 19 kilómetros a la redonda de la planta Fukushima Daiichi y otra área al noroeste contaminada cuando un derrame de la central diseminó yodo y cesio radiactivos.

Ahora, Japón desarrolla planes de una descontaminación tan monumental como inédita, con la esperanza de que las personas desplazadas puedan volver a casa.

El debate sobre el eventual repoblamiento del área, de resultar efectivas las descontaminaciones experimentales, es representativo de una batalla más amplia sobre el futuro de Japón. Sus partidarios consideran la rehabilitación del área como una oportunidad de demostrar la formidable determinación del país y sus dotes tecnológicas superiores, y probar que Japón aún es una gran potencia.

Sus detractores replican que el esfuerzo por limpiar la Prefectura de Fukushima podría redundar en el mayor de los proyectos de obras públicas fallidas del país y otro ejemplo de un Japón post-desastre que revierte al despilfarro que han paralizado su crecimiento económico durante dos décadas.

Hasta la fecha, el Gobierno sigue una pauta, fijada desde el accidente nuclear, que consiste en desestimar los peligros, a menudo prematuramente, y trabajar en minimizar el alcance de la catástrofe. Las descontaminaciones experimentales se han estancado: el Gobierno no anticipó la renuencia de las comunidades a almacenar toneladas de tierra que deben ser retiradas de los jardines y campos contaminados.

Y un especialista en radiación que analizó los resultados de una extensa limpieza en una ciudad cercana encontró que los niveles de exposición permanecían superiores a las normas internacionales de seguridad para la residencia a largo plazo.

Los expertos indican que los habitantes sólo podrán volver a casa sin peligro una vez que se hayan eliminado las partículas radiactivas en miles de edificios y gran parte de la capa de tierra superficial se haya sustituido.

La URSS no intentó una limpieza así tras el accidente de Chernobyl de 1986, el único desastre nuclear más grande que el de Fukushima Daiichi. El Gobierno optó por reubicar a unas 300 mil personas y abandonar amplias extensiones de tierras cultivables.

Pero la zona de evacuación nipona cubre más del 3 por ciento de la superficie terrestre de un Japón densamente poblado.

"No somos como Chernobyl", confirmó Toshitsuna Watanabe, de 64 años y Alcalde de Okuma, uno de los poblados evacuados. "Estamos resueltos a regresar".

Sin embargo, ha empezado a cobrar vigor una resistencia silenciosa, tanto entre aquellos que fueron desplazados como los que temen que el país tenga que sacrificar demasiado sin garantía de que una descontaminación multimillonaria brinde una protección suficiente.

En algunos lugares de la zona de 19 kilómetros, los niveles de radiación han alcanzado casi 510 milisieverts al año, 25 veces sobre del límite de evacuación. El objetivo final es reducir el nivel a aproximadamente 1 mili sievert al año.

La reubicación propuesta ya ha creado divisiones entre los desplazados. Los 11.500 habitantes evacuados de Oktuna, muchos de ellos ahora radicados 95 kilómetros tierra adentro, son testigos de estas desavenencias.

Watanabe ha ordenado que la ciudad genere su propio plan de regreso a su ubicación original en los próximos tres a cinco años al edificar un nuevo poblado en tierras cultivables en el límite poniente de Okuma, que está menos contaminado.

Mitsue Ikeda, una ex habitante, dijo que nunca volvería a casa, especialmente luego de que un examen médico reveló que su hijo de 8 años, Yuma, había ingerido cesio.

"Es demasiado peligroso", expresó Ikeda, de 47 años. "¿Cómo quieren que vivamos, con máscaras todo el tiempo?"

 

Comments are closed.