Muerte de especies en Torres del Paine

Columna de opinión de Pedro Serrano, Presidente Fundación Terram, Enero 2012.

Columna de opinión de Pedro Serrano, Presidente Fundación Terram, Enero 2012.


Uno de los principales atractivos del Parque Torres del Paine es la gran diversidad de especies animales existentes: según su propia página web son 118 de aves reconocidas, 26 especies de mamíferos, 5 de peces, 6 de reptiles, 3 de anfibios. Columna de Opinión escrita por Pedro Serrano, Presidente Fundación Terram.
Pasado el invierno se inicia la temporada de apareamiento y nidificación de la mayoría de las 118 especies de aves. La más grande de todas es el ñandú, un ave de un metro de alto y que por supuesto no vuela. Sus huevos, es el macho quien los cuida, se colocan en la praderas y son bastante grandes, su padre no los puede mover, por lo que son abandonados y cocinados por las llamas.
El Caiquén es un ganso notablemente grande, bastante abundante en la zona del incendio, nidifica en el suelo, en pastizales o matorrales lejos del agua, sus huevos son fácilmente fritos por las olas de fuego.
Viven en Torres del Paine loros notables como la cachaña, Enicognathus ferrugineus el loro más austral de mundo, con alas verdiazules de tono metálico, anida en loreras excavadas en los cerros, así que sus crías se salvaron del incendio. No así su alimento que está precisamente en las semillas y frutos de la flora quemada.
Otra ave notable del lugar es el carpintero negro, el más grande de América cuya vida, sus crías y sus huevos, se aferraban a los árboles del incendio.
El resto de las aves de seguro nidifica en la lengas, ñirres, matorrales y arbustos, que abundan en el lugar. Sus nidos, los huevitos y sus polluelos son fáciles presas de las llamas. En las 14.000 hectáreas quemadas han sido varios miles de pajaritos indemnes que han muerto insalvables.
Podríamos especular con los peces y anfibios cocinados al vapor en los pequeños cursos de agua o los huevos en madrigueras de los 6 tipos de reptiles que tampoco pudieron ser salvados.
Podíamos también agregar cientos de miles de hormigas, miles de escarabajos de docenas de especies, muchas aún desconocidas e incontables especies de insectos en sus huevos y en sus larvas, para que decir los millones de lombrices de tierra, gigallones de bacterias y hongos del suelo.
Difícil que haya muerto un guanaco, un huemul o un cóndor, sólo disminuyó la cantidad de opciones para pumas y zorros, pero los millones de pequeños seres que perdieron su vida, su progenie y su hábitat son un asunto notable por lo trágico e irrecuperable de su pérdida.
El lector podrá reconocer mi rabia cuando en la prensa nacional salen declaraciones como que en el incendio de Torres del Paine no había especies en peligro de extinción. No hace falta ser un botánico experto para entender que los bosques y praderas que se quemaron son un todo interdependiente y relacionado.
La tragedia es más profunda que lo que la prensa superficial anota. El incendio de un ecosistema natural tan grande y variado produce una perdida tan irrecuperable, que una replantación artificial de árboles que crecerán en decenas de años, resulta casi un mal chiste.
Por lo mismo en este caso, resulta imperdonable el descontrol del incendio en el Parque Nacional Torres del Paine y la irresponsabilidad criminal del Estado para con su patrimonio protegido.

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