Institucionalidad ante emergencias en Chile: un alumno repitente

Columna de opinión de Paulina Vera de Fundación Terram, publicada en elquintopoder.cl, 29 de marzo de 2012.


El fin de semana el país vivió un nuevo episodio sísmico relevante pero, contrario a lo que debería esperarse, quedó en evidencia que una parte importante del país no ha mejorado significativamente su capacidad de respuesta ante estos eventos. Lo más evidente fueron los problemas derivados de la respuesta de las autoridades de todo nivel, que dejó mucho que desear. En lugar de liderazgo y claridad en la información, fuimos testigos de la confusión y las imprecisiones del SHOA, la ONEMI y de varios ministros, difundidas a través de los medios de comunicación.
El problema más grave fue la orden de evacuación por alerta de tsunami, que la ONEMI dictaminó pasados sólo unos minutos después del sismo del domingo, para levantarla media hora más tarde. Y pese a que el SHOA, organismo técnico competente en la materia, en todo momento descartó la posibilidad de ocurrencia de un maremoto, el director regional de la ONEMI del Maule, Carlos Bernales, basado en “apreciaciones visuales”, optó por volver a decretar una evacuación preventiva para su región poco antes de las 10 de la noche, la que mantuvo vigente hasta casi la medianoche.
Las decisiones contradictorias, sumadas a otras imprecisiones y a los problemas de comunicación derivados del corte de electricidad en varias ciudades, no hicieron más que incrementar un clima de confusión, por un lado, y por otro, aumentaron el nivel de desconfianza hacia las autoridades.
Este confuso panorama deja en evidencia que las anunciadas reformas institucionales y mejoras en el equipamiento no han dado los frutos que se esperan. Este último episodio dejó en evidencia que no existe aún un claro protocolo respecto a los mecanismos de recolección de la información y de toma de decisiones, y mucho menos están establecidas las vías más adecuadas para hacer llegar esta información hacia la población afectada.
Así, el país fue testigo de que a la mañana siguiente, pasadas más de 12 horas del sismo, aún distintas autoridades discrepaban respecto a la magnitud del movimiento: mientras que para el vocero de Gobierno, Andrés Chadwick, correspondía a un sismo 6,8°, el jefe del Centro de Alerta Temprana de la Onemi, Miguel Ortiz, fijaba el movimiento en 7º Richter. Ambos datos, en todo caso, muy lejos de la cifra oficial inicial, que informó de un movimiento de sólo 5,8º.
El movimiento telúrico registrado este domingo, si bien ha sido una de las réplicas más fuertes del megasismo del 2010, fue de mediana magnitud, mucho más benigno que el registrado hace ya dos años. Pese a ello, claramente, la capacidad de reacción de las autoridades del gobierno, tanto políticas como técnicas, quedó en deuda.
Como un adolescente indisciplinado, las autoridades del país parecen negarse a aprender de sus errores en materia de gestión de riesgos ante desastres naturales y vuelve a cometer los mismos desaciertos que hace apenas dos años atrás originaron alrededor de la mitad de las muertes que tuvimos que lamentar tras el terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010.

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