Emergencia en el sistema de emergencia

Columna de opinión de Pedro Serrano, Presidente de Fundación Terram, publicada en portal el Chasquis el 30 de marzo 2012. Vea portal AQUÍ.


El chiste de El Mercurio el martes 27 lo dice todo: un grupo de ciudadanos corre cerro abajo gritando: nosotros estamos firmes en el SHOA y otro grupo corre cerro arriba gritando: nosotros creemos en la ONEMI. La verdad es que a esta altura de las catástrofes nacionales, la principal catástrofe es que la ciudadanía no le cree a nada y esto es catastróficamente peligroso.

Para más remate, el sismo fue oficialmente 5,8 Richter, 6,8 Richter, 7,2 Richter, 7,1 Richter. Mientras un funcionario de los sistemas de emergencia decía 7,1 el vocero de gobierno decía 6,8. Que venía el tsunami, que no había tsunami, que venía un tsunami, que los evacuados eran 7000, que los evacuados eran 24000, que suban todos, que devuélvanse. Una burla y una falta de respeto con todo Chile.

Al final el servicio sismológico norteamericano, a miles de kilómetros de distancia, acertó al epicentro, la magnitud, la profundidad y la ausencia de tsunami, en los primeros cinco minutos. En Chile, el supuestamente mejorado sistema de alarmas y mediciones luego del terremoto del 27 F, no funcionaba, se cayó de nuevo la telefonía y era una pesadilla de informaciones cruzadas. Todo mal, un vergüenza nacional e internacional. Este desconcierto pudo ser mortal, irresponsablemente mortal, pero menos mal que no lo fue.

Lo bueno de todo esto, es que los habitantes costeros en efecto, ya no le creen a nadie y apenas tiembla más o menos fuerte, parten corriendo cerro arriba y desde allí con un radio a pilas escuchan y celebran la pachotadas del sistema oficial. Y no bajan hasta que el instinto le avisa que ya está todo normal. Una buena cultura puede más que el carísimo circo que hemos montado.

De paso algunos numeritos del sistema de mercado también fueron bochornosos. En Viña del Mar, dos astutos moles instalaron sistemas pagados a la salida en el estacionamiento subterráneo, uno dos y hasta tres subterráneos, a nivel del mar. Imagine el lector miles de personas que obedecen al llamado de evacuación y que no pueden salir del estacionamiento si no pagan. Para la sociedad de libre mercado eso es lógico, es dinero privado, pero para la vida de la gente esta reacción de mercado es un descriterio mortal. Se imagina que en verdad hubiese habido un tsunami, todavía estaríamos sacando cadáveres y dinero mojado de los subterráneos inundados.

Acá en la Universidad Santa María trabajamos en la Unidad de Arquitectura Extrema, consideramos que una catástrofe configura con instantánea rapidez una zona extrema. Una buena reacción al evento considera como básico una cultura asociativa solidaria y entrenada, Un sistema de alarmas y comunicaciones ciudadanas libre de fallas eléctricas y un sistema de respuesta profesional equipado. El evento puede durar segundos, pero la catástrofe puede durar más de 2 años, como ha pasado en Chile con el 27F.

La arquitectura extrema viene después ¿Estamos preparados con cobijo de despliegue rápido, agua, sistemas sanitarios y energéticos adecuados? La respuesta es no, en absoluto. En Chile, mientras no pasa nada no hace falta y cuando ocurre algo es demasiado tarde.

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