Expertos no creen que calentamiento global pueda detenerse antes de 100 años

Un estudio de destacados científicos estadounidenses plantea que las energías “limpias” son “sucias” en sus primeras décadas. “El incentivo para que se sigan construyendo plantas a carbón sigue siendo muy alto”, opina Ken Caldeira, uno de sus autores. La Tercera, 24 de junio 2012.


e acuerdo con el monitoreo de la Oficina Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ya superó el nivel que comúnmente se considera sostenible para la Tierra. Las 400 partes por millón (ppm; lo mismo que 400 mg por litro de agua) de CO2 que la NOAA registró en marzo superan el límite sustentable de 350 ppm y, por cierto, las 275 ppm de la era pre industrial.

Este desafortunado hito deja a la Tierra en una encrucijada. Las economías modernas requieren cada vez más energía para operar, y los incentivos para generarla desde fuentes fósiles, que emiten gran cantidad de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI), “siguen siendo muy altos”, dice uno de los expertos más respetados del mundo en materia atmosférica, Ken Caldeira, investigador del Departamento de Ecología Global de la Carnegie Institution para las Ciencias, en California.

La encrucijada no para ahí. Mientras las partículas adicionales de CO2 (que suben de a 2 ppm anualmente) tardan cientos de años en diluirse en la atmósfera, las tecnologías “limpias” que podrían reemplazar las fuentes fósiles demoran también hasta un siglo en hacer evidentes sus beneficios.

Con esta última aseveración concluye el paper más reciente de Caldeira y su coautor Nathan Myhrvold.

“Hacia mitad de siglo deben generarse entre 10 y 30 terawatts de energía neutra en emisiones de CO2 para satisfacer la demanda global, en una trayectoria que estabilice el clima con un crecimiento económico continuo”, dice el trabajo. Un TW equivale a 60 veces la capacidad instalada de generación eléctrica de Chile.

El problema es que “pueden pasar muchas décadas hasta que una transición desde electricidad generada con fuentes de carbón a tecnologías alternativas rindan beneficios sustanciales en la temperatura del planeta”, añaden en el estudio “Gases de efecto invernadero, cambio climático y la transición desde el carbón a una electricidad poco intensiva en carbón”.

Dado eso, Caldeira y Myhrvold tienen una empresa en California, junto con Bill Gates, donde desarrollan proyectos de geoingeniería para combatir el cambio climático. Así, han propuesto un sistema capaz de prevenir huracanes y otro que enfriaría la Tierra, a través del lanzamiento en las estratosfera de partículas que bloquean la radiación solar (ver recuadro).

“No importa a qué tecnología verde o baja en carbón uno se cambie, es muy difícil ejercer un gran cambio en el alza de la temperatura global durante este siglo”, sentencia Myhrvold desde California.

“Este tránsito hacia fuentes bajas en carbón es beneficioso, pero no tanto ni tan rápido como se piensa, ya que el CO2 persiste en la atmósfera por un largo tiempo”, añade. Además, “aun si se suprimieran las plantas a carbón y no se reemplazara la energía que producen, el planeta quedaría con alzas de temperatura sorprendentemente altas”.

Una de las sorpresas del paper es que “reemplazar carbón con gas natural no tiene casi ningún beneficio, ya que el gas emite alrededor de un factor de dos menos en CO2 y otros GEI que el carbón, lo cual es demasiado poco para tener un impacto”, según Myhrvold (ver infografía).

Una reducción a un factor de dos es la mitad menos, lo cual “mostraría sólo un pequeño retroceso del calentamiento global respecto del uso de carbón, aun si esperáramos 200 años o más”, insiste el científico.

Una historia similar es la de las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono, de las que no hay plantas operativas. El paper dice que, aunque tiene mejores resultados que el gas natural, su impacto en la temperatura global no sería notorio durante este siglo.

Según el paper, las tecnologías más rápidas en lograr reducciones de la temperatura global son la solar fotovoltaica y eólica (tardarían poco más de 30 años después de instaladas) y luego, la solar y la termosolar (cerca de 40 años después de su puesta en funcionamiento).

Construir una planta hidroeléctrica, en tanto, elevaría la emisión y concentración de CO2 y otros GEI en la atmósfera durante unos 60 años, respecto de una situación en que no hubiese transición desde la energía con base fósil a alternativas más “limpias”. Del conjunto de fuentes alternativas de generación, la hidroeléctrica es la única que aumentaría la temperatura del planeta (ver infografía).  
 
La cruzada con Bill Gates para enfriar el planeta

El año pasado, el presidente de Microsoft y conocido cruzado contra el cambio climático, Bill Gates, patentó un equipo con el que pretende realizar lo que muchos han soñado: eliminar los huracanes o convertirlos en lloviznas antes de que lleguen a destinos poblados, gracias a una tecnología que en el futuro también podría ayudar a frenar el calentamiento global.

El proyecto está siendo liderado por un grupo de meteorólogos que conduce Caldeira, y por Nathan Myhrvold, ex director de tecnología de Microsoft, discípulo de Stephen Hawkins y fundador de la empresa que los tres integran, Intellectual Ventures, también ubicada en California. La firma se dedica a la publicación de ideas y a la compra y desarrollo de patentes.

El proyecto pretende debilitar un huracán a medida que se acerque a la orilla del mar, a través de un sistema de tubos que van desde la superficie del mar, donde el agua es más tibia, hasta sus profundidades, donde es más fría, de tal manera que a través de un bombeo se produzca un flujo de agua fría hacia la superficie. Esto evitaría la evaporación del agua en la superficie (el aire tibio sube con mayor facilidad) y la formación de aire húmedo y nubes, lo cual permite la formación de huracanes.

El otro gran proyecto de Caldeira, Myhrvold y Gates es el Strato Shield, un sistema de globos gigantes suspendidos en la estratosfera, capaces de disparar dióxido de azufre (el material que emiten los volcanes al hacer erupción) para bloquear la radiación solar, como un escudo (de ahí su nombre).

La estratosfera es la segunda capa de la atmósfera desde la Tierra, donde vuelan los aviones comerciales, y tiene un ancho que parte en los 8.000 metros de altura (la cumbre del Everest) y termina en los 30.000.

El costo de desarrollar el sistema es una fracción (US$ 10 millones al año) de la inversión anual que propone el Informe Stern del gobierno inglés (2% del PIB mundial o US$ 1,2 billón). 

 

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