Chile será el primer afectado por estrés ambiental en la Antártica

Equipo científico analizó los principales desafíos. Alza de temperatura global, exceso de turistas e introducción de especies foráneas son algunos riesgos que hoy enfrenta el continente blanco. Los efectos impactarán en todo el país. El Mercurio, 13 de julio 2012.


La pulcra imagen de un frío manto blanco en el Polo Sur poco a poco empieza a derretirse.

El impacto ambiental y de la actividad humana que está experimentando el continente antártico llevó a 26 destacados científicos a publicar un documento en la revista Science, donde advierten algunos de los riesgos que urge abordar implementando políticas ambientales a nivel internacional.

Entre éstos, mencionan amenazas a la sobrevivencia de especies, incluyendo el krill y el bacalao de profundidad; calentamiento climático, acidificación del océano, riesgo de contaminación por parte de embarcaciones y perturbaciones de la fauna marina, por el creciente aumento de visitantes.

Estudios previos revelan que la población de pingüinos Adelaida ha caído en 80% desde 1975; la misma reducción ha experimentado el krill desde 1981.

"La península antártica es uno de los tres puntos del planeta en que más se ha incrementado la temperatura media del aire", agrega Ricardo Jaña, glaciólogo del Instituto Antártico Chileno (Inach). Desde 1947 ésta ha subido cerca de 3,5°C; es decir, cinco veces más que el alza promedio global de 0,74°C registrada entre 1905 y 2005.

Asimismo, sólo el año pasado llegaron a la península antártica 20 mil turistas. "La mayor carga de personas eleva el riesgo de introducir en su ropa o cargamento especies no nativas", con el consiguiente riesgo para el frágil equilibro del ecosistema, señala Marcelo González, doctor en ciencias biológicas del Inach.

Hasta el desierto

Ambos investigadores, junto a Marcelo Leppe, jefe del Departamento Científico del Inach, analizan los efectos que esto puede tener para nuestro país.

"No podemos seguir con la imagen de la Antártica como un continente blanco impoluto y lejano", dice Leppe.

El paleobiólogo explica que su influencia sobre Chile continental es crucial. "Somos uno de los países que tienen mayor dependencia de los sistemas antárticos, y sus variaciones pueden significar alteraciones importantes que vamos a ver en el transcurso de una vida humana. Éste es un impacto que tenemos que tomar en serio".

Por ejemplo, "no sabemos cómo el calentamiento global podría alterar las corrientes marinas alrededor de la Antártica". Una de ellas, la corriente fría de Humboldt, es la que permite que el golfo de Arauco, Antofagasta e Iquique tengan una alta productividad pesquera. "Estos recursos podrían verse afectados, al igual que los agrícolas y forestales", señala.

A esto se suma la reducción en la disponibilidad de krill, que es la base de la cadena trófica o alimentaria.

En el caso del turismo, habrá paisajes muy estables que probablemente sufrirán cambios drásticos. "No hay que olvidar que el Desierto de Atacama surge hace 23 millones de años gracias a la Corriente Circumpolar Antártica. Es decir, lo que ocurre en la Antártica ejerce un poder tan grande, que convirtió a un área de Chile en el desierto más seco del mundo".

Ricardo Jaña agrega que los cambios de temperatura en la Antártica pueden alterar nuestros patrones de precipitación y biodiversidad. "Lo que ocurra nos va a afectar a nosotros primero", sostiene.

"Esta dependencia que tiene Chile de la Antártica es una suerte de alerta temprana que el país debe considerar. Deberíamos tener una actitud más proactiva. Y estamos hablando de un tema político más que científico", concluye.
Científicos buscan mitigar su impacto

Parece paradójico que entre los riesgos para la Antártica, el documento en Science mencione el aumento de la actividad científica en ella. Pero lo cierto es que esto implica más visitantes e instalaciones para su estadía.

La situación no es ajena para el Inach. "Tenemos un comité ambiental que evalúa las propuestas científicas para minimizar su impacto. Una condición es exigir ciencia de calidad mundial, y no duplicar estudios que otro ya está haciendo", dice Marcelo Leppe. Además, muchos de los 60 proyectos anuales que se financian utilizan o comparten muestras recolectadas en años anteriores, lo que reduce el número de personas y equipos que deben desplazarse hasta la Antártica.

Ricardo Jaña agrega que en instalaciones de investigación "se ha reducido el consumo de combustibles y se ha invertido en generadores eólicos". 

 

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