Energía nuclear post Fukushima: Japón la reactiva pero persisten dudas

El país nipón acaba de poner en funcionamiento el primer reactor desde el accidente de 2011 y esta energía sigue siendo muy importante a nivel mundial. Pero también hay interrogantes sobre sus costos y su real contribución al medioambiente. La Tercera, 08 de julio 2012.


Desde los años 70 es famoso en Alemania un logo que muestra un sol sonriente que dice Atomkraft? Nein Danke (¿Energía nuclear? No, gracias). El accidente de Fukushima en marzo de 2011 lo puso de moda en varios continentes, incluido el propio Japón, donde el entonces primer ministro, Naoto Kan, anunció la eliminación de la energía atómica en éste, el tercer mayor productor del mundo.

Pero el domingo pasado, la empresa Kansai Electric Power puso en funcionamiento en ese país el primer reactor nuclear desde la crisis de Fukushima. Las 50 plantas nucleares de Japón fueron suspendidas a raíz de los efectos del maremoto en 2011.

El actual primer ministro, Yoshihiko Noda, justificó la autorización del gobierno debido a que está “convencido de los esfuerzos de seguridad” asociados a la reactivación.

En ese contexto, también destaca la decisión de Tokyo Electric Power (Tepco), propietaria de los reactores de Fukushima averiados, de reiniciar en 2013 la central eléctrica Kashiwazaki Kariwa, la más grande del mundo, y que fue dañada por otro terremoto, en 2007. El jueves último, además, se informó en Japón que el accidente en Fukushima fue producto de un error humano.

Así, aunque el debate en torno a la energía nuclear persiste (el 46% de la opinión pública nipona se opone a las reactivaciones, por ejemplo), las anteriores son señales de que esta fuente energética podría estar viviendo su retorno.

Hasta antes de la catástrofe, la energía atómica era normalmente considerada una fuente energética atractiva en términos ambientales. Las plantas nucleares no están libres de emisiones de CO2, pero “emiten hasta un tercio de los gases con efecto invernadero (GEI) que generan las plantas modernas de generación a gas”, admite un científico contrario a esta tecnología, Lutz Mez, director del Centro de Estudios sobre Política Ambiental de la Freie Universität Berlin, en un paper reciente.

Reacción inmediata

Después del accidente en Fukushima, Alemania y Suiza anunciaron el cierre de sus instalaciones atómicas (en 2022 y 2020, respectivamente). Asimismo, Bélgica pretende cerrar tres de sus siete reactores para 2015.

De igual modo, si en 2010 Italia, Lituania y Kazajistán preparaban la infraestructura para instalar plantas generadoras de varios miles de megawatts, hoy las tres naciones suspendieron íntegramente esos planes.

Francia, en tanto, que es el país que produce la mayor cantidad de electricidad a partir de energía nuclear, también podría reducir su dependencia de la generación atómica, si el Presidente François Hollande cumple sus promesas de campaña.

Con todo, la reacción a Fukushima ha sido disímil. EEUU, por ejemplo, adoptó tras el desastre una política de ajuste a la institucionalidad sólo de ser necesario. Después de todo, es el principal productor mundial de energía nuclear y tiene experiencia en accidentes de este tipo. En 1979 se produjo la mayor falla en el país de un reactor de propiedad privada (General Electric), en el estado de Pensilvania. La crisis motivó la paralización de 100 proyectos de energía atómica en el mundo, de los 233 en marcha a esa fecha.

La respuesta chilena ha sido similar. En 2010, la Agencia Internacional de Energía Atómica (Iaea) lo contaba entre los siete países que se preparaban activamente para generar esta energía en el futuro. Luego del accidente, el gobierno dejó de hablar oficialmente del tema. En todo caso, fuentes del Ejecutivo sostienen que el plan recomendado por la Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico, de no descartar esta fuente, sigue en marcha, y que se está estudiando la institucionalidad que posibilitaría la instalación de plantas atómicas en Chile, además de que una treintena de científicos chilenos se forme en el exterior en el tema.

El regreso

A poco más de un año del accidente nuclear de Japón, las reacciones al desastre comienzan a amainar.

Además de que ese mismo país, temeroso de una falta de suministro eléctrico, vuelve a apostar por esta fuente, China se está consolidando como su principal desarrollador: tiene 26 reactores en construcción, los que generarán 26.000 megawatts. Esto equivale a unos 10 HidroAysén juntos y es más de lo que produce actualmente Rusia.

Esto, aun después de que el accidente de Fukushima motivara al Consejo de Estado chino a suspender la aprobación de nuevas estaciones de generación nuclear y a detener el trabajo en cuatro unidades aprobadas, según el recuento de Mez en su paper “Energía nuclear: ¿Solución para la sustentabilidad y la protección del clima?”.

En general, los principales mercados emergentes están invirtiendo masivamente en este tipo de tecnología, según las últimas estadísticas de la Iaea. Los 21 reactores que en conjunto construyen Rusia, Corea e India producirán casi 18.000 MW de potencia en total.

Pero también persisten aprensiones. Por ejemplo, el comisionado europeo de energía, Günther Oettinger, repite frases como “cómo haremos para que Europa asegure sus necesidades energéticas en el futuro cercano sin generación atómica”. A su vez, Mark Hibbs, experto de la Carnegie Endowment, de Washington, prevé en un paper que “el accidente en Fukushima cambiará los paradigmas en el futuro global de la energía nuclear, aunque el alcance del cambio y su dirección están por verse”.

“El hecho de que Japón y Alemania -que son la tercera y cuarta mayores economías del mundo- hayan buscado suspender la energía nuclear (Japón, al menos, en un principio) y basar su crecimiento futuro en energías renovables y eficientes, inevitablemente motivan una duda para el resto del mundo: si Japón y Alemania no necesitan energía nuclear, ¿por qué alguien más puede necesitarla?”, se pregunta Mez.

En términos ambientales, aunque la energía nuclear es menos contaminante que el carbón y el gas natural, la dispersión en términos de emisiones de CO2 y GEI es notoria: los dos reactores que poseen Sudáfrica y Brasil emiten unas 15 veces tanto CO2 como los reactores belgas, según la Asociación Nuclear Mundial.

Es por todo esto que las apuestas a lo nuclear no son absolutas, sino que como parte de una parrilla. En China misma, la inversión en energía atómica, incluso previa a Fukushima, era apenas una fracción respecto del resto de sus inversiones en energía alternativa, agrega Mez. “En años recientes, China invirtió unos US$ 10.000 millones anualmente en energía nuclear, pero sólo en 2010 gastó el doble en energía eólica, y US$ 54.500 millones en todos los renovables combinados”.

Costos al alza

Uno de los factores que generan dudas sobre la conveniencia de la energía atómica es el costo de levantar una planta y mantenerla funcionando. La Administración de Información sobre Energía de EEUU (EIA) estima que la generación nuclear sería la fuente más cara después de los combustibles no fósiles, tras calcular los dólares requeridos para erigir una planta de determinada capacidad y de producir cada kilowatt de energía eléctrica.

“Antes del accidente de Fukushima, el costo de construir plantas de energía nuclear empezó a escalar, debido a la competencia por recursos y a la capacidad manufacturera”, comenta Hibbs. “En 2002, el Departamento de Estado de EEUU predijo un costo overnight de US$ 1.200/kW. Para 2008, las estimaciones de consultores externos e inversionistas potenciales estaban apenas debajo de los US$ 5.000/kW”, agrega. El costo overnight no considera el pago de intereses; es el costo de construir instantáneamente una obra.

La EIA actualmente considera que ese valor overnight es de US$ 5.335/kW, el doble de la planta a carbón más barata. Otros datos muestran que ese costo puede elevarse a US$ 10.000 por kW, como en un proyecto en Ontario, Canadá.

En su último Panorama Anual de Energía, publicado la semana pasada, esta agencia estimó que en 2011 el costo de capital había subido un 37% respecto de 2009, debido a un mayor costo de materias primas y a una cadena de suministro inadecuada para proyectos ingenieriles complejos. Las nuevas regulaciones adoptadas después de Fukushima, asimismo, contribuyeron a los mayores costos, en un rango de entre 5% y 10%. Sin embargo, prácticamente todas las demás tecnologías han sufrido también un alza de costos. Las plantas de carbón con sistemas de captura y secuestro de CO2 subieron un 39% en el mismo período; las de gas natural convencionales, otro 39%; las eólicas en el mar, un 49%, y las de energía renovable geotérmica, un 132%, entre otras.

En el caso de la energía nuclear, la EIA estima que el costo overnight para países en desarrollo, como Chile, se encuentra en un rango de US$ 3.500/kW a US$ 5.500/kW, el que, en todo caso, es superado por el de otras tecnologías.  
 
PLANES NUCLEARES EN 2010

Plantas en construcción: un país (Irán).
Orden para construir: 2 (Turquía y Emiratos Arabes Unidos).
Llamado a licitación: 0
Intención declarada de introducir energía nuclear y prepara infraestrudura:10 (Bielorrusia, Egipto, Indonesia, Italia, Kazajistán, Jordania, Lituania, Polonia, Tailandia y Vietnam).
Preparación activa, pero sin decisión final:7 (Bangladesh, Chile, Israel, Malasia, Marruecos, Nigeria y Arabia Saudita).
Considerando un programa de energía nuclear: 14
Interesados en asuntos: 31

 

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