El calentamiento global es responsable de veranos cada vez más calurosos

Durante este año, países como Japón, Grecia y EE.UU. enfrentaron temperaturas cercanas a los 40 °C. El fenómeno se explicaría por el aumento de gases invernadero. El Mercurio, 07 de agosto de 2012.
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En 2010, Europa vivió su peor ola de calor en 510 años. Sólo en Rusia se alcanzaron temperaturas de hasta 40 °C, hubo más de 55 mil muertos y cerca de un cuarto de las cosechas del país -alrededor de 10 millones de hectáreas- fueron arrasadas por culpa de incendios. El fenómeno de las altas temperaturas se mantuvo durante los siguientes dos años, abarcando otros continentes como Asia (India 2011) y Norteamérica (Estados Unidos, en julio de 2012). Hace una semana, Tokio registró temperaturas de 35 °C y un índice de humedad cercano al 70%.
El fenómeno no parece detenerse. De hecho, según pudieron comprobar investigadores del Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS) de la NASA, lo más probable es que las altas temperaturas continúen en ascenso. ¿La razón? El calentamiento global y la falta de medidas para detenerlo.
"Nuestro trabajo presenta la suficiente evidencia científica para afirmar que existe una relación causal del calentamiento global con los veranos extremos", explicó el científico James Hansen.
Junto al equipo de GISS, Hansen analizó las temperaturas promedio que registraron distintos países del hemisferio norte durante junio, julio y agosto de los últimos 61 años. Más tarde elaboraron una tabla donde clasificaron cada período bajo las categorías de "caliente", "muy caliente" y "extremadamente caliente".
Los resultados mostraron que si entre los años 1951 y 1980 sólo un 1% del hemisferio norte se vio afectado por el calor extremo, desde 2006, en promedio, esas temperaturas afectaron a un 10% del territorio.
"Estas anomalías fueron muy poco frecuentes antes de los últimos 30 años. Las estadísticas que manejamos nos dejan afirmar, con un alto grado de seguridad, que esto no habría ocurrido si el calentamiento global no existiera", indicó James Hansen.
En el estudio, publicado ayer en la página web de la NASA, se explica que si no se toman medidas urgentes, los veranos extremadamente calurosos podrían volverse la norma y no la excepción.
Esto traería consecuencias peligrosas, como la sequía extrema y la muerte por falta de protección.

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