Políticas ante desastres naturales

Columna de opinión de Cristián Opaso, Periodista asociado a Fundación Terram, publicada en Observatorio Género y Equidad 13 agosto 2012.


Una de las claves de la prevención de desastres es precisamente el involucramiento de la comunidad, llamada a exigir información sobre los planes de emergencia y, si no hay planes, a exigir su creación.

Una cosa es ponerse de acuerdo en las sesiones plenarias de la Asamblea de las Naciones Unidas o de las múltiples conferencias organizadas por el cuerpo internacional y otra bastante distinta es que esos acuerdos se transformen en políticas públicas y signifiquen algo para los ciudadanos y ciudadanas “de a pie”. Es el caso de los derechos humanos, por ejemplo, en que, de la reunión aquella de San Francisco del año 1945, tuvieron que pasar unos buenos 50 años, por lo menos en este país, antes de que hubiese consenso social respecto a ellos. Ojalá sea menor el tiempo que pase antes que el Marco de Acción Hyogo (MAH) sea implementado y por tod@s conocido. Es, literalmente, un asunto de vida o muerte, ya que se trata precisamente de que usted conozca a cabalidad los riegos que corre ante posibles desastres naturales o de otra índole que pueden ocurrir en sus alrededores y sepa, exactamente, que tiene que hacer para sobrevivir.

Lo más seguro es que usted nunca escuchó hablar del MAH. Más preocupante es que aún no se haya implementado a cabalidad. Es verdad que no tiene la categoría de un tratado internacional como el de los DDHH o el de Kyoto, pero compromisos son compromisos.

Desde hace ya un su tiempo, por lo menos a nivel internacional, se ha conversado el asunto. Fue en el año 2005, en la provincia japonesa de Hyogo donde los países acordaron hacer un esfuerzo internacional para “aumentar la resiliencia de las comunidades vulnerables a los desastres”. Ya antes, la década de los 90´s había sido declarada como el Decenio Internacional sobre la Reducción de Desastres Naturales (DIRDN) y el año 2000, los estados miembros acordaron la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (ISDR en inglés, EIRD en español), como seguimiento del decenio.

• El MAH funciona administrativamente a través de un Consejo Consultivo Mundial, un punto de enlace dentro del sistema de Naciones Unidas (ISDR-EIRD) y Comités Nacionales y Puntos de Enlace en cada país. Se plantean cinco grandes objetivos, que atañen a los diversos actores de un país, desde gobiernos y ONG’s hasta municipalidades y escuelas: Lograr que la reducción del riesgo de desastres sea una prioridad
• Conocer el riesgo y tomar medidas
• Desarrollar una mayor comprensión y concientización
• Reducir el riesgo
• Estar preparado(a) y listo(a) para actuar

En estos objetivos están sintetizadas múltiples acciones que a la vez, deben apoyar múltiples agencias internacionales, quienes hacen alianza con gobiernos e instituciones de toda índole. Existen programas globales, regionales y nacionales. Tantas agencias, instituciones y grupos involucrados, que no es fácil averiguar qué cosas concretas se están haciendo en Chile en torno al Marco de Acción Hyogo, y qué diferencias reales están produciendo esos esfuerzos en la población, que al final, es el sentido de todo el esfuerzo.

Existe, por ejemplo, un programa que parece ser muy interesante y que tiene el grandilocuente nombre de “Fortaleciendo Capacidades de Sistemas Subnacionales de Gestión del Riesgo y Desarrollando la Resiliencia de Comunidades Vulnerables a Desastres”, conocido más simplemente como “Desarrollando Ciudades Resilientes: Mi Ciudad se Está Preparando”. El programa incluye una participación amplia de la comunidad para diagnosticar riesgos, confeccionar mapas y hacer ejercicios. Este programa de está llevando a cabo en 22 municipalidades del país: Hualpén, Alto Biobío, Lampa, Concepción, Lautaro, La Ligua, Río Claro, Temuco, Ercilla, General Lagos, Los Lagos, San Javier, Graneros, Cobquecura, Coelemu, Ninhue, Quirihue, Portezuelo, Ránquil, San Nicolás, Trehuaco y Quillón.

Lamentablemente, esta información es de difícil acceso. No lo supimos a través de la ONEMI, que es el punto focal del MAH en Chile, ni tampoco a través de la página en español de la sede regional de las Américas de la EIRD, foco del MAH en la ONU, sino a través de su oficina en Panamá. Tal vez porque en Chile no existe un plan detallado de implementación del MAH, conocido como Plataforma Nacional de Reducción del Riesgo de Desastre, hecho que también nos dio a conocer la oficina de Panamá, que estaría trabajando con el gobierno chileno para elaborarla.

En todo caso, no se trata de buscar culpables, porque uno de las claves de la prevención de desastres es precisamente el involucramiento de la comunidad, llamada a exigir información sobre los planes de emergencia y, si no hay planes, a exigir su creación.

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