El incumplimiento de estándares de la salmonicultura en parques nacionales

Columna de opinión de nuestra Directora Ejecutiva, Flavia Liberona, publicada en El Quinto Poder el 05 de septiembre de 2012.

Columna de opinión de nuestra Directora Ejecutiva, Flavia Liberona, publicada en El Quinto Poder el 05 de septiembre de 2012.


La rápida expansión de la salmonicultura en Chile entre los años 1992 a 2007, que para algunos representó en su momento todo un éxito por sus implicancias en términos económicos, conllevó profundas transformaciones sociales, culturales y ecológicas en amplias áreas del sur del país, especialmente en la Región de Los Lagos. Hasta el punto que el agudo estrés al que fueron sometidos los ecosistemas del borde costeros provocó a la larga el surgimiento de una crisis sanitaria, entre 2007 y 2008, debido a la irrupción en forma descontrolada de una epidemia de virus ISA, acompañada de otras enfermedades asociadas al cultivo de salmónidos. Sin embargo, ya mucho antes de desatada esta crisis, resultaba evidente y urgente regular algunos aspectos mínimos de la industria cultivadora de salmones, que había crecido a pasos agigantados no sólo en Chile sino que también en otros países del mundo. De hecho, se calcula que casi dos tercios del salmón que se comercializa a nivel mundial provienen de centros de cultivos de peces, un porcentaje importante de ellos en Noruega y Chile.
Con la finalidad de intentar establecer ciertos criterios mínimos para esta actividad, en el año 2004 se creó el llamado Diálogo sobre Salmonicultura, instancia transversal y multidisciplinaria compuesta por más de 500 actores vinculados al sector, quienes desde entonces han trabajado en la búsqueda de acuerdos que se traduzcan en nuevas normas y estándares a ser suscritos en forma voluntaria, en un intento por regular la producción y que se minimicen los principales impactos ambientales, sanitarios y sociales asociados a la salmonicultura.
El Salmon Aqualculture Dialogue o Diálogo de la Salmonicultura es un proceso de carácter mundial que durante los últimos siete años ha reunido a representantes de la industria (sector productivo), organizaciones ambientales y de consumidores, quienes han buscado mejorar los estándares de producción de salmónidos bajo un esquema de certificación. Para ello se han sentado a dialogar, han intercambiado puntos de vista y han encargado estudios científicos y/o técnicos que refuerzan sus posiciones, hasta llegar a consensos que permiten generar un estándar para la certificación voluntaria de la salmonicultura. El documento final fue dado a conocer a mediados de junio de este año y se espera que algunas industrias del Apis asuman el desafío de mejorar sus niveles de producción adoptando los criterios establecidos en este proceso.
Entre las siete áreas que se decidió regular, se cuentan los impactos bentónicos y selección de sitios; los insumos químicos; enfermedades y parásitos; escapes; alimento; carga de nutrientes y capacidad de carga; y asuntos sociales. Respecto a este último aspecto, resulta importante destacar que el aporte de los representantes chilenos fue fundamental en el sentido de incorporar las demandas y aspiraciones de los trabajadores de la industria como un aspecto imprescindible. Además, también en relación a la realidad chilena, se establecieron específicamente estándares orientados a eliminar la producción de smolt (peces en su etapa temprana de desarrollo) en balsas-jaulas abiertas en lagos.
Será necesario ahora hacer un seguimiento a la industria chilena, para distinguir entre aquellas empresas que tienen alguna posibilidad de certificación de aquellas que están irremediablemente lejos de alcanzar tales metas. La experiencia de otros procesos de certificación similares demuestra que contar con una certificación como esta abre la posibilidad de entrar en mercados más exigentes.
Pero más allá de qué empresas se certifiquen o cuales no puedan hacerlo, es de esperar que estos estándares se conviertan en una herramienta útil y aporten a un debate que conduzcan a mejorar las regulaciones en nuestro país. Si analizamos la polémica que ha generado el intento de algunas empresas salmoneras por instalar centros de cultivo en el borde costero dentro de los límites de algunos parques nacionales del sur del país, específicamente de la región de Magallanes (se estima que 300 de las 800 peticiones de concesiones pendientes para acuicultura se encuentran en esta situación), se debe tener claridad en el sentido que de concretarse algo así, estos centros de cultivo nunca podrán aspirar a contar con una certificación bajo estos estándares.

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