Araucarias y cipreses cordilleranos han crecido muy poco desde 1950

Menor disponibilidad de agua. Variación en el radio de los árboles es la más pequeña en los últimos 300 años. El Mercurio, 30 de octubre 2012.;


Drásticos cambios climáticos en los últimos sesenta años han incidido en el crecimiento de especies emblemáticas del bosque de Chile y Argentina. Así lo revela un estudio publicado esta semana en la revista Nature Geosciences, del cual es coautor el Dr. Antonio Lara, investigador del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la U. Austral.

Para obtener sus conclusiones, los científicos analizaron los anillos de crecimiento de más de tres mil árboles de Chile, Argentina, Nueva Zelandia y Tasmania.

El estudio por primera vez establece una relación entre el debilitamiento de la capa de ozono y una disminución en el crecimiento de los árboles, explica Lara. Éste, en los árboles más antiguos, se determina por el grosor más que por la altura.

Árboles moribundos

La disminución de ozono en la tropósfera ha provocado un comportamiento inusual en la circulación atmosférica de las latitudes medias y australes del hemisferio sur, también conocida como Oscilación Antártica (AAO). De acuerdo con el estudio, los cambios experimentados por la AAO no tienen precedentes en 600 años.

Esto ha generado un movimiento hacia el sur de los cinturones secos de alta presión, propios de las regiones subtropicales, y también de los vientos del oeste, los que habitualmente traen la humedad necesaria para causar precipitaciones en la zona.

Como consecuencia, las lluvias han disminuido entre el centro y sur de Chile, lo que ha implicado una menor disponibilidad de agua para especies como la araucaria, el ciprés de la cordillera y el coihue de Magallanes y, por ende, un menor crecimiento de ellas.

Según Lara, esto tiene implicancias muy serias porque algunos árboles de los bosques del sur de Chile y Argentina están casi moribundos. "Vimos cipreses que crecen en roqueríos y casi no tienen ramas verdes. Los árboles mueren más y tienen mayores dificultades para regenerarse, especialmente si a esto se suma la presencia de pastoreo o cualquier otro daño al ecosistema, como un incendio".

Estos bosques requieren de mayores aportes de precipitación para asegurar su supervivencia. "Si se mantienen o se intensifican las tendencias actuales, aumentará la complejidad en las estrategias para su conservación".

El estudio involucró a investigadores de Argentina, Chile, Nueva Zelandia y Australia, encabezados por Ricardo Villalba, director del Laboratorio de Dendrocronología del Instituto Argentino de Nivología, en Mendoza.

 

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