Agua: Los desafíos de Chile

Columna de opinión de Pedro Serrano, Director de Fundación Terram, publicada en El Quinto Poder el 22 de marzo 2013, con ocasión del Día Mundial del Agua.


Chile posee, o mejor digamos, tiene acceso a una enorme cantidad de agua productiva, rica en recursos de todo tipo. Tenemos 6435 kilómetros de borde costero, y si le sumamos los perímetros de islas, ensenadas y canales tenemos más o menos 83. 850 kilómetros de costa. Es decir, el país tiene acceso a muchísima agua, agua salada, que manejamos espantosamente mal.

Afortunadamente, aun no hay propiedad de dicha agua, salvo las concesiones pesqueras y de acuicultura: el agua del mar de Chile es aun relativamente libre y abundante. Todo un tema de futuro, además, pues la tecnología busca desesperadamente desalinizar grandes volúmenes de agua de mar para surtir la demanda cada vez mayor de agua dulce por parte de una humanidad en tierra, humanidad que ha crecido exponencialmente de mil a siete mil millones en poco más de un siglo.

Otra cosa es el agua dulce

En general podemos decir que buena parte del territorio de Chile es rico en agua dulce. Incluso en el desierto chileno, en las alturas glaciares y en las napas subterráneas, muchas de ellas relictas, el norte chileno posee también bastante agua dulce. Ya hacia la zona central, el agua dulce comienza a aumentar, pero también aumenta la población y los problemas se hacen críticos. De hecho, ya hay crisis de acceso al agua limpia, potable, para millones de personas. Ocurre esto hoy en día en la cuenca del río Aconcagua y en la Región Metropolitana.

Más al sur somos un país afortunado en agua. El ciclo de evaporación y precipitación de agua líquida y nieves, genera las condiciones para un territorio verde y bien surtido de agua. El calentamiento global va a alterar estas condiciones y, sin embargo, Chile aparentemente seguirá siendo afortunado en agua.

Toda esa agua, necesariamente sometida a una gran presión de consumo humano, a nivel urbano, en la agricultura, la ganadería, la industria y, por supuesto, la minería, está hoy en día sometida a las leyes del mercado, lo que es desde ya, en mi opinión, un error histórico del Estado de Chile.

El mercado no responde necesariamente a las necesidades de las personas que habitan el país; el mercado especula y maneja el agua como fuente de ingresos monetarios para intereses privados. Entre medio hay normas, leyes y controles que han resultado absolutamente insuficientes para regular ambiciones y especulaciones privadas sobre un recurso que debiera ser notablemente público.

Todavía la Cordillera de los Andes, alta y ancha, es capaz de almacenar mucho más agua dulce de la que hoy necesitamos. Nuestro cuidado de los glaciares cercanos está aun en pañales. En la Unidad de Arquitectura extrema de la Universidad Santa María, nos ha tocado estar en primera línea, desarrollando y construyendo infraestructura científica para apoyar los esfuerzos que hace el Ministerio de Obras Públicas. Su Dirección de Aguas, con su joven Unidad de Glaciología, para explorar, vigilar y prospectar el enorme sistema de glaciares que almacena nuestras posibilidades de agua dulce.

Hemos estado en glaciares frágiles y amenazados como el Jotabeche, a 5200m sobre el nivel del mar, en las cercanías amenazantes de las mineras Casale y Pascua Lama, de la Barrick Gold Corp. En la zona cordillerana de Copiapó, así como en el aun más frágil glaciar Echaurren, que gobierna en la parte alta las aguas que surten a Santiago. Entre el calentamiento global y las mineras, muchos glaciares cercanos a la actividad humana están en condiciones críticas, los hielos disminuyen y las aguas se ensucian más de la cuenta por impactos de la actividad humana. Ojo con los glaciares: son la riqueza de Chile, y no los estamos cuidando bien.

Sin embargo, Chile tiene una gigantesca oportunidad global, que también tenemos casi abandonada, si no fuera por los esfuerzos de la Unidad de Glaciología, los militares locales que los apoyan, los escasos glaciólogos que tenemos y hacen actividad científica. En Chile están las segundas mayores reservas de agua dulce del planeta en zonas continentales habitadas: Campos de Hielo Norte y Campos de Hielo Sur, al sur de la ciudad de Coihaique, donde también hemos estado con Arquitectura Extrema de la USM y la DGA del MOP. Esa enorme cantidad de agua limpia y congelada, cuyos glaciares vierten hacia el Pacífico, es una oportunidad nacional y planetaria única, privilegiada, amenazada y prácticamente abandonada. La envidia de cualquier otro país del mundo está en las alturas de la Patagonia. Una reserva, además, geopolíticamente trascendental, que en la práctica requiere mucha más atención del Estado de Chile.

La sustentabilidad del agua dulce de Chile, un país afortunadamente con muchísima agua. Pasa por un manejo cultural y político adecuado, una adopción y búsqueda de tecnologías para su uso limpio. Atención en esto último con la minería, que va creciendo, con la industria y la agricultura y, por supuesto, las ciudades. El agua debiera ser tomada del territorio y devuelta a él ojalá más limpia.

El agua dulce, como un derecho humano y como una de las propiedades más importantes del país, será un tema serio y relevante en la política nacional de los próximos decenios.

Comments are closed.