Chillán y su Plan de Descontaminación

En Chillán quieren replicar el plan de descontaminación aplicado en Temuco, que pone énfasis en la reducción, regulación y control de las emisiones provenientes de la leña. La Discusión 15 mayo 2013.


La experiencia del plan de descontaminación atmosférica de Temuco resulta clave para el diseño del plan que se quiere implementar en Chillán, principalmente porque su aplicación ha permitido detectar los errores que se han cometido y por las similitudes en cuanto al diagnóstico del origen de la polución en ambas ciudades.

El plan de descontaminación en la capital de La Araucanía fue publicado en 2010 y sin embargo, hasta la fecha, no ha tenido los resultados esperados, aunque la seremi de Medio Ambiente de la Región del Biobío, Marianne Hermanns, sostiene que aún no se puede hablar de fracaso, pues en este tipo de instrumentos los resultados se ven en el largo plazo, es decir, en diez años como mínimo.

Debido a que la principal fuente de PM10 en la zona saturada de Temuco y Padre Las Casas es la combustión residencial de leña, el plan pone énfasis en la reducción, regulación y control de las emisiones provenientes de ésta.

Pese a ello, la autoridad ambiental de Temuco ya piensa en crear un plan más restrictivo que comenzaría a regir en 2014, a partir de la declaración de Zona Saturada por PM2.5 (material particulado fino), donde también el principal foco estará en el uso de leña en hogares. Ello implicará aplicar medidas extremas, como prohibir el encendido de estufas a leña cuando se registren episodios críticos de contaminación, como la preemergencia ambiental.

De hecho, ya se sabe que a partir de octubre de este año se prohibirá la venta de calefactores que no cumplan con la emisión de PM2.5 a nivel nacional.

Dado que Chillán aún no cuenta con un plan y no se conocen aún las normas restrictivas que se aplicarán, el hecho de que la declaración de Zona Saturada en la capital de Ñuble sea por PM2.5, hace prever que las restricciones apuntarán al uso de leña, lo que ciertamente será una medida impopular, puesto que el 96% de las familias de esta zona reconocen utilizar este combustible para calefaccionarse.

La experiencia de otras ciudades, sin embargo, hace prever que la restricción se limitaría a los días más críticos, lo que no resuelve el problema de fondo.

A ello se suma la preocupación de la autoridad por certificar la leña seca y las estufas, de manera de reducir las emisiones en la combustión y evitar llegar a esos extremos. Sin embargo, se trata de un mercado tan informal, con casi nulas regulaciones y de un combustible de precios tan bajos, que las medidas que está tomando la autoridad difícilmente podrán tener un efecto perceptible, a menos que estén asociadas a la restricción legal de manera permanente, y no ocasional.

Si se conoce la principal causa de la contaminación en Chillán y si esa contaminación está vulnerando un derecho constitucional, cual es vivir en un medio ambiente limpio, tomar un camino distinto a la prohibición del uso de leña equivale a postergar la solución de un problema grave e hipotecar la salud de las personas.

Ante este escenario, se requiere la voluntad política para avanzar decididamente hacia la sustitución de la leña por combustibles alternativos menos contaminantes, proceso que debe ser gradual y de la mano de incentivos estatales, como subsidios, que permitan a las familias más vulnerables enfrentar el mayor gasto comparativo que ello supone.

La ejecución de proyectos energéticos en electricidad y gas natural permiten mirar con más optimismo la viabilidad de la mencionada sustitución, toda vez que estos proyectos contribuirán a bajar los precios de estas energías en el mediano plazo.

Es de esperar que se aproveche la experiencia de Santiago y de Temuco, de manera que Chillán no deba repetir los errores ya cometidos, y se tenga la voluntad necesaria para tomar las decisiones impopulares que la salud de la población exige.

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