Por una política pública para la protección de la biodiversidad y del agua

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram publicada en portal Infoandina.org el 24 de mayo 2013.;Vea columna AQUÍ.


El 22 de mayo se conmemoró el Día Internacional de la Biodiversidad, que cada año se centra en un tema en particular; para el 2013 se eligió Agua y Biodiversidad, con el propósito de ligarlo a la decisión de las Naciones Unidas de nombrar este como el “Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua”. La biodiversidad –entendida como diversas formas de vida y que se expresa en especies, ecosistemas y variabilidad genética—, y las aguas ya sean terrestres o marinas están estrechamente unidos, pues comparten funciones complementarias y esenciales.

El agua es un elemento único e insustituible en la composición de las diversas formas de vida y en los ecosistemas, además proporciona hábitat para las especies, sin agua no hay vida. El agua y la biodiversidad deben ser considerados partes inseparables de un todo que es la vida, pues las diversas formas de vida dependen del agua para asegurar su supervivencia y el agua o mejor dicho su ciclo hidrológico, está vinculado a las funciones de los ecosistemas y especies que de una u otra forma contribuyen a purificarla, mantener sus flujos y calidad. Por ello, en los foros internacionales cada vez se atribuye mayor importancia a la relación biodiversidad/agua, y tal como señaló el Secretario General de las Naciones Unidas “la biodiversidad y los servicios ecosistémicos son fundamentales para materializar la visión de un mundo con seguridad hídrica”. Y añadió: “hoy estamos empezando a entender que la biodiversidad y la seguridad hídrica se refuerzan mutuamente”.

Pero como siempre ocurre, una cosa es la comprensión que existe de estas temáticas a nivel académico, en las ONGs y en organismos multilaterales, y otra muy distinta es lo que se da en los hechos en nuestros países, en los cuales se sigue lidiando con la pobreza, problemas en el acceso a los alimentos o la tierra. En muchos casos vemos que los gobiernos abren paso a las grandes compañías mineras y energéticas transnacionales que extraen nuestros recursos naturales, destruyendo ecosistemas únicos, o usando el agua para la generación eléctrica y minera, sin pensar que esto genera impactos irreparables que finalmente se traducen en disminución de la calidad de vida de las personas.

En términos generales, en este lado del planeta no existe aún una comprensión cabal respecto a la relación entre territorio, naturaleza, biodiversidad, agua y bienestar para la población. Existe la creencia que al mejorar económicamente, se solucionan todos los problemas, lo que refleja una visión anticuada en la cual la biodiversidad y el agua son vistas como recursos infinitos y que sólo están al servicio de los seres humanos. Esta visión sesgada nos ha llevado como humanidad a generar enormes pérdidas en especies y ecosistemas y graves casos de contaminación de agua dulce.

La pregunta que debemos formularnos como sociedad es ¿hasta cuándo viviremos en la desintegración con los elementos básicos y vitales de nuestro planeta? Claramente, no se trata de volver a épocas anteriores de nuestras culturas, sino simplemente de valorar lo que tenemos, respetarlo y hacer que perdure para las generaciones futuras. ¿Qué debemos hacer para que nuestros mandatarios internalicen e integren en sus agendas nacionales temas como la biodiversidad y el agua?

Pareciera ser que en los países que tienen mayor integración con la población indígena en la región, esto resulta más fácil, a diferencia de países como Chile, en el que existe una enorme distancia en la población y su percepción sobre la necesidad de resguardar los ecosistemas, las especies y el patrimonio genético, sin una clara comprensión del rol del agua en nuestras vidas.

¿Cómo hacemos para que esto sea un tema discutido a nivel regional? En la actualidad sabemos que nuestro continente alberga una enorme variedad de ecosistemas y especies, es decir, posee una rica biodiversidad y que también posee importantes recursos hídricos. Dicho esto, cómo hacemos para construir una visión regional y que un país o territorio impulse a otros a comprometerse con resguardar la biodiversidad y los recursos hídricos. El desafío hoy en día esta en tener visiones y acciones integradoras y conjuntas, que nos permitan entender las problemáticas que se vienen; no podemos olvidar que agua, biodiversidad, efectos del calentamiento global y cambio climático van juntos.

Sabemos que nuestra región es vulnerable al cambio climático y las acciones que podamos generar a distintos niveles para mantener especies, ecosistemas y recursos hídricos, servirán para hacer frente a este período de impredecibles cambios que se avecinan. Es evidente que mientras no seamos capaces de entender e integrar en las políticas públicas nacionales y regionales la importancia de sostener la vida en la tierra, se seguirán destruyendo ecosistemas, contaminando suelos y cursos de agua, en definitiva, perdiendo biodiversidad y agua. El desafío es enorme y va más allá del 2013: urge replantearnos ¿cómo hacemos para que este sea un tema de política pública tan importante como la pobreza, la educación o la salud?

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